Alex Txikon: "Todos vamos a morir, pero lo obvias cuando sales de casa"

Alex Txikon (Lemoa, bizkaia, 1981) cumple veinte redondos años de expediciones con riesgo. Su actual aventura es coronar el Manaslu en invierno, o sea, estos días, junto al alpinista que más ochomiles ha hollado en periodo invernal: el italiano Simone Moro. En la actualidad, el vizcaíno es el escalador vasco más mediático y continúa siendo el deportista de Euskadi que ascendió un ochomil con menor edad. Holló el Broad Peak con tan solo 21 primaveras en su mochila.

09.02.2021 | 23:29
Txikon está ahora mismo metido en una nueva aventura deportiva invernal.

El histórico Reihold Messner, primera persona que pisó las catorce cumbres de más de 8.000 metros sin oxígeno, aboga por el lemoarra y enfatiza de él que está revolucionando el himalayismo. Txikon sonríe al respecto y también agradece que su última película, La montaña desnuda, sobre otro hito invernal logrado por él en el Nanga Parbat, haya sido vista ya por 7.500 personas en 63 pases desde que se estrenó en Polonia. A su regreso seguirá presentándola y preparando un nuevo largometraje sobre su ascensión invernal al Manaslu, desde donde responde a esta revista en una entrevista en la que, como el título de su película, se desnuda.

¿Quién es Alex Txikon?
Me hubiera gustado más que me preguntaras quién es Alex, quién soy yo, porque Alex Txikon quizás sea una persona más conocida para el resto de la gente.

Ahí voy: ¿quién es Alex?
Un chaval de 39 años recién cumplidos, con veinte de expediciones, a quien le gustan la naturaleza y la montaña, y que cada día tiene nuevas inquietudes.

Acaba de solapar 63 pases de su película La montaña desnuda/Mendi biluzia/The naked mountain, sobre su expedición al Nanga Parbat que estrenó en Polonia. ¿Qué acogida está teniendo?
Muy buena. En algunas ocasiones, y ya lo siento, se ha quedado gente fuera. Todo un éxito.

Y se ha arriesgado en plena pandemia cuando aún hay quien teme ir al cine por ser un espacio cerrado.
Me puse terco. Lo más fácil hubiera sido esperar un año, pero hemos antepuesto los objetivos colectivos de la sociedad y hemos querido hacerlo así, a pesar de la reticencia de algunos a ir a las salas cerrada. En vez de ir a lucirnos, hemos salido en plena pandemia. Algunos pueblos han repetido la película porque está gustando mucho: la frescura, las músicas, los valores que de ella emanan€

¿Alguien le ha dicho que no le ha gustado?
Sí, también ha habido a quien no ha gustado. Debo decir que es una película totalmente amateur que me tiene a mí como director y guionista. No me considero ni director ni guionista, pero el cariño y la pasión con los que la he hecho se transmite y hace que sea más cercana y humana, y quienes me han dicho que no les ha gustado igual ha sido porque ha faltado la épica. Yo prefiero lo natural a la épica.

Contaba que le ha sorprendido la reacción del público escolar que la ha visto. ¿Es buen material didáctico?
Por supuesto. Me mandaron un vídeo de escuelas en las que comentan la peli encantados. Hace que los chavales ganen en empatía, vean otras realidades y salgan de la burbuja en la que han crecido. Yo tengo claro que viajar es la mejor universidad para la persona. Tiene valores que quedan en un segundo plano en esta sociedad.

¿Prevé un largometraje de su expedición al Manaslu que vive en estos días?
Sí, y prevemos hacerlo con la productora 601. El guion es muy, muy bonito y gira en torno a la energía, la sostenibilidad, la empatía, hacia Nepal, Pakistán, Sierra Leona€ No quiero adelantar más, vamos a guardar el secreto ahí.

¿Quiere estrenarla antes de acabar el año?
Ojalá podamos estrenar este año la película, sí. El cien por cien de la taquilla irá a la fundación Eki, que centra su actividad en el suministro de fuentes de energía eléctrica autónoma (principalmente solar fotovoltaica) a centros educativos, de salud, y de interés social en países en vías de desarrollo.

Pocas personas sabrán que usted sigue siendo el vasco que con edad más temprana pisó un ochomil.
Con 21 añitos, el 15 de julio 2003 escalamos el Broad Peak, pero es un dato al que no le doy importancia. Eso sí, a puertas de los 40 años echo la mirada atrás y pienso que era un pipiolo. ¡Y qué rápido va esto!

¿Qué sintió aquel día?
Por desconocimiento e inexperiencia no disfruté ni la mitad de lo que lo hago hoy en día. Conocí a Simone Moro y ahora, mientras estoy respondiendo esta entrevista por teléfono, resulta que me encuentro aquí con él€ ¡Felicidad!

¿Qué valor le da hoy a aquella gesta?
Los himalayas a día de hoy no son lo mismo que hace 20, 30, 50 años. ¿El valor? El mismo, pero se han humanizado las montañas. Se puede escalar de forma más segura y sin tener experiencia.

Ha coronado once de los catorce ochomiles –el Sisha Pangma en dos ocasiones–, pero usted asegura que están sobrevalorados. ¿Aún lo piensa?
Sí, y pongo un ejemplo: es más difícil correr un maratón por debajo de las tres horas que subir una montaña de 8.000 metros. En las temporadas estivales se llenan de gente, empresas haciendo realidad el sueño de algunas personas€

¿Cuál es el primer recuerdo montañero, el más infantil que conserva?
Tengo imágenes de con solo 3 años subir Gorbea. Y Peña Lemona, Belatxikieta, ir a la cantera a subirnos a los camiones€ Siempre me ha gustado la altura y me ha llenado de ilusión la montaña. No obstante, hubo una época joven en la que me cansaba y siendo crío prefería jugar que sufrir.

Es el benjamín de 13 hermanos. ¿Cómo se gestiona ser tantos y el más pequeño a la vez?
Muy fácil. Tengo claro que la familia son las personas que te rodean en los momentos buenos y malos, y con ellos me quedo. Y la sangre a veces tira mucho, pero yo, siendo ciudadano del mundo, considero que hay personas que son mucho más hermanos para mí que algunos propios. Me lo demuestran con su compromiso, su sonrisa, su ilusión, y porque también están en los momentos malos.

¿Qué es para usted la vida?
No es más que un aprendizaje, y gestionarlo me ha ayudado a ser la persona que soy, y sobre todo a hacer el bien sin mirar a quién.

Esa vida le llevó a crecer con los Iñurrategi, Ochoa de Olza, Usobiaga, Anda... De admirarles a ser uno más. Eso, ¿cómo se lleva?
Yo era un crío cuando el 29 de julio del 2000 murió Félix Iñurrategi, y me impactó tanto que me quedé sorprendido. Ricardo Valencia, Iñaki Ochoa de Olza€ y en 2001, siendo un adolescente, la muerte de cinco escaladores en el Pumori. Luego, veinte años después, fui partícipe de una película sobre ello. Me gusta estar ahí.

Igual que le preguntaba por la vida, ¿cómo se lleva la muerte?
Se lleva€ como se lleva. Te lleva a replantearte si merece la pena todo esto. La verdad es que no me gusta hablar de la muerte. Todos nos vamos a morir, pero lo obvias cuando sales de casa. No nos gusta. Y lo que sí nos gusta es asumir el riesgo, pero asumir que nos vamos a morir... No me gusta personalmente hablar de ello.

¿Qué debe a sus padres?
Debo a mi padre que haya estado ahí, que haya sacado todo adelante. El 6 de enero se cumplieron diez años desde que falleció y su falta está ahí, porque me ayudaba a todo. Es una pena y un proceso natural. En occidente la gente piensa que no nos vamos a morir, que vive segura. Sin embargo, cuando das una vuelta en coche de nueve horas por carreteras de Nepal para llegar a tu destino, como hemos hecho hoy, eso te humaniza un poco, te hace ser más humilde, más honesto y ver que la vida vale más bien poco.

¿Continúa durante el año trabajando de albañil junto a uno de sus hermanos?
No, ahora me dedico a la montaña, a dar conferencias, hemos escrito un libro€ Creo que si siguiera de albañil no podría desempeñar el trabajo que hacemos. La gente piensa que me tiro todo el día en el monte, escalando, y realmente paso más tiempo en oficinas, en conferencias, con el coche por la carretera o en aviones, que en el monte.

¿De su hermano albañil fue de quién más aprendió en el medio natural?
Él fue quien me enseñó y con quien más aprendí en los inicios, pero debo decir que también ha sido quien, por determinadas circunstancias, más nos ha decepcionado posteriormente, hasta que hemos pasado de ser una familia fuerte, estructurada y muy unida, a que todo esto se haya hecho añicos.

¿Qué le exige el himalayismo?
El compromiso más alto, mayor exigencia para sacar la financiación y para estar donde hoy estamos tras un año. Y por eso mucha gente no da el paso. Otros no lo entienden ni aceptan, y de hecho somos criticados por ir con más parches en la ropa que los pilotos de Fórmula 1, pero son nuestros patrocinadores. Nadie ha dado duros por pesetas; un euro tuyo es el mismo que el mío y que el de cada uno de los sponsors, que quieren su rentabilidad. Todos quieren su presencia. A veces acertamos y otras no, pero metemos muchas horas y luego se nos critica.

¿Son diferentes formas de ver el alpinismo?
No todo el mundo entiende tu forma o le gusta, pero si supieran a qué horas salgo de casa y a qué horas llego... Quienes me conocen sí saben lo exigente que es.

Salió al mundo del pueblo cementero de Lemoa. ¿Qué siente por él?
Casi todos los días paso por Lemoa. Un mes sin entrar por Arratia y ya lo echo en falta. Me vienen los recuerdos de crío. Como pueblo soy consciente de que no es el más bonito de Bizkaia, pero me he criado en él, lo que hace que lo admire y me guste.

¿Se siente profeta en él?
Sincerándome, no soy profeta en mi tierra. Venimos de un pasado difícil, de Guerra Civil, Transición, joven democracia€ y creo que como pueblo hay que curar muchas asperezas. Me siento querido por parte del pueblo y por otra no tanto. Es lo que decía, como Alex, y no como Alex Txikon, quiero más que crecer como persona, evolucionar. Darme cuenta de que la vida va cambiando. Hay personas, e incluso amigos, que creen que les he dejado atrás, pero no es así, sino todo lo contrario. Ellos son los que me dejan a mí atrás porque no comprenden mi forma de vida en base a lo que me gusta, a mi profesión, que al ser muy mediática es diferente, y lo diferente, como sabemos, causa dimes y diretes, envidias, críticas infundadas y falsos egos que no comprendo.

Recuerdo estar en unas fiestas de Lemoa y tocaba Barricada, uno de sus grupos favoritos. Le dedicaron una canción...
Sí. El Drogas me dijo por el micrófono algo así como No subas tan alto, a ver si te vas a caer.

Una persona cercana a usted me ha contado que si ha hecho esta última película ha sido por una gestión de Reinhold Messner, primer alpinista que holló los catorce ochomiles. ¿Es cierto?
Le conozco personalmente desde el 2000. Me une una visión que mucha gente desconoce. A escaladores de casa y algunos de quienes coincidieron en su época les cae mal. Tiene un carácter serio, puede llegar a ser tosco, pero de verdad, como Alex, no como Txikon, me parece cercano y dispuesto a ayudar. Igual su expresión se confunde con la arrogancia, y pido disculpas a quienes piensen de forma diferente a mí, pero creo que con el tiempo las personas nos vamos haciendo más humanas, más cercanas. Hay que entender lo que sufrió con la pérdida de su hermano en 1970 en el Nanga Parbat. Quedó marcado por la tragedia.

Messner dice de usted que ha renovado el alpinismo.
Hemos pasado de grandes expediciones internacionales, con cartografías, que también las hubo en Euskadi. Luego proliferaron las expediciones comerciales y hoy en día estamos en una fase difícil, compleja, diferente, pero la montaña está ahí y todos la pueden descubrir a su manera. Yo no critico a nadie. Si no te gusta lo de al lado, trata de dar visibilidad a lo que a ti más te gusta. Hay que tener más empatía con la gente joven. Lo único que no pasará de moda es mi amor por la montaña, la cercanía del verdadero Alex enérgico, contento con la llamada de la naturaleza, de apoyar, de sufrir€ Soy un apasionado de la montaña.

Lo cierto es que es el alpinista vasco en activo más mediático hoy.
No lo sé, pero sí que trabajamos mucho. Y no sabes decir que no. Llevo [en el momento de la charla, a principios de enero] varios días en Katmandú durmiendo solo dos horas y media para coordinar todo, pero me siento contento. Trabajo como el que más, pero disfruto lo que hago. Y lo que más me reconforta es ayudar a los demás.

¿Quiénes fueron sus ídolos de montaña siendo niño?
Esas personas del club montaña Ganzabal y quienes nos llevaban a escalar de críos. Los que siguen trabajando en el Ganguren, Padura, Erreka€ en muchísimos clubes, esas personas que hacen accesible la montaña. Esas, como las del Lagun Onak, son los auténticos referentes. Disfrutan y divulgan sin aprovecharse de nada. Les respeto enormemente y de por vida.

¿Hay a quien no respeta?
No respeto, aunque sin faltarles al respeto, valga la redundancia, a esas personas que hacen uso de la montaña en determinados momentos. Yo mismo tengo una sociedad siendo autónomo y me dedico a esto, por lo que me estoy beneficiando del alpinismo, sobrevivo con esto, pero aportamos a la sociedad más de lo que percibimos. Hay que entender los conceptos.

Puede convertirse en el primero del mundo que tenga cuatro ascensiones invernales a ochomiles€
Más que a los números hay que miras las líneas. No es mejor escalador quien más ochomiles tiene, sino quien es persona y entiende qué nos motiva e ilusiona. La cumbre es el camino.

Si fuera padre y, de forma surrealista, le pusiera un nombre de ochomil a su hijo. ¿Cuál elegiría?
No me gusta. Lo siento. Soy en eso muy tradicional, de antaño. Tengo tantos amigos que tienen puestos nombres como Pirena a sus hijos, que yo no lo haría. Uno que sin embargo sí me resulta bonito es del monte Aratz. 

PERSONAL
Nombre: Alex Txikon.
Nacimiento: 12 de diciembre de 1981 en Lemoa (Bizkaia).
Familia: Es el menor de un total de 13 hermanos.
Pueblo de residencia actual: Azpeitia (Gipuzkoa).
Su primer monte: El Gorbea, con solo tres años.
Su pasión: El valle de Arratia.
Su primer ochomil: El Broad Peak, con solo 21 años. 
Director y guionista: Su última película tiene tres versiones, Mendi biluzia en euskera, La montaña desnuda en castellano y The naked mountain en inglés, sobre su hito histórico de coronar el Nanga Parbat en invierno.
Próxima película: Sobre su expedición en estos días al Manaslu.