Como cada día, el azpeitiarra Ekain Arrizabalaga Etxebarria se dirigía el 25 de junio de 2024 a su casa desde el polígono industrial de Itziar-Deba tras completar su jornada laboral cuando, en torno a las 16.45 horas, a pocos metros de un túnel en la GI-631, a la altura de Zestoa, comprobó cómo un vehículo invadía el sentido contrario de la vía y se estrellaba contra una autocaravana.
Este joven de 28 años consiguió frenar a tiempo y evitar colisionar con otro vehículo que, para su sorpresa, prosiguió su camino y no se detuvo a atender a los heridos. “Me bajé y fui a la autocaravana, que estaba más cerca, pero apenas le había pasado nada gracias a la altura del vehículo, así que me dirigí al otro coche y según me acercaba vi que era algo gordo porque tenía toda la parte de delante destrozada”, relata.
En el interior de este vehículo se encontró a tres mujeres, una de ellas de edad avanzada y otra una niña, “doblada” a consecuencia del golpe. Ekain no dudó y mientras llamaba al 112 para alertar de lo ocurrido trató de socorrer a las víctimas. “Todas estaban heridas y mientras hablaba con los servicios de emergencia la señora mayor se desvaneció. La piloto estaba muy nerviosa y traté de calmarla, pero eran cuatro personas y no podía atender a todas a la vez”, indica, lamentándose de que varios coches circularon por la carretera durante ese tiempo sin que ningún hiciera amago de detenerse para ayudar.
"Pasé un par de días muy tocado"
Cada uno de estas mujeres presentaba diferentes heridas, aunque la mayor, de 94 años, era la que peor se encontraba. Gracias a la llegada de una patrulla policial y a la de otro conductor que sí se acercó a ayudar, entre todos pudieron sacar a esta última del vehículo, pero, desgraciadamente, esta carecía de pulso. Aunque le aplicaron un masaje cardíaco, la mujer falleció antes de la llegada de los servicios de emergencia.
Estos, que llegaron unos minutos más tarde, atendieron a las otras tres víctimas y las trasladaron al Hospital Donostia. Sin embargo, la piloto acabaría también falleciendo en el centro hospitalario a causa de las heridas.
“Fue muy duro y pasé un par de días muy tocado, pero, al final, poco a poco vas dándole la vuelta”, explica este joven, que entiende que no todo el mundo hubiera tenido la misma reacción que él tras ver el accidente. “Hay mucha gente que se habría bloqueado, pero a mí, simplemente, me salió hacer lo correcto. No podía hacer ni más ni menos”, explica, al tiempo que señala que si alguien cercano a él, como su madre, por ejemplo, tuviera un accidente similar, le gustaría que alguien la socorriera como él hizo aquel día.