Historia, naturaleza, pueblos medievales y, por supuesto, buena gastronomía es lo que encontrará quien viaje a la Bretaña francesa. Esta región ubicada al noroeste de Francia es una pequeña península montañosa que se asoma hacia el océano Atlántico y que puede presumir de una cocina llena de sabores de la tierra y el mar.

Arrancamos esta pequeña ruta en el mercado de Betton, uno de los más bellos de Bretaña, para conocer los productos más típicos y de temporada. Es el lugar perfecto pasear, descubrir y degustar los alimentos locales, hacer compras o simplemente tomar un aperitivo.

Philippe y Emilien, de la quesería Le Gros Chêne.

Philippe y Emilien, de la quesería Le Gros Chêne. Fromagerie Le Lros Dhêne.

A tan solo tres kilómetros de allí se encuentra la quesería Le Gros Chên, un proyecto tras el que se encuentran Philippe y Emilien, dos productores que en 2019 decidieron emprender. Para diferenciarse de otras iniciativas, optaron por especializarse en la vaca bretona pie noire, una raza histórica que estuvo a punto de desaparecer hace unos pocos años. Gracias a este esfuerzo, no solo contribuyen a preservar la especie, sino que obtienen una leche de alta calidad, rica en proteínas y grasas, ideal para elaborar productos lácteos.

En su tienda (ubicada en la propia granja), los visitantes pueden encontrar una variedad de productos frescos y locales como la tomme de leche cruda, el queso blanco y el yogur natural. Además, colaboran con un productor local de frutas y verduras, ofreciendo mermeladas caseras y zumo de manzana.

Un plato de ostras. Yann Audic / Tourisme Bretagne

Pasión por las ostras

Seguimos hasta Locoal-Mendon para descubrir Les Viviers de la Ria, un rincón donde probar las ostras que tanta fama han dado a estos pueblos de la costa atlántica. Aquí, Soazig y Romain de Vargas retomaron una antigua explotación ostrícola para convertir su pasión por el mar y la gastronomía en oficio. Las ostras y mariscos se tratan con cuidados métodos ancestrales y, con su incansable dedicación, no solo cultivan productos de gran calidad, sino que también revitalizan una forma de trabajo que respira al ritmo del mar, asegurando la armonía entre lo que se toma del hábitat marino y lo que se le devuelve.

La repostería con mantequilla es un clásico en Bretaña. Nicolas Dequin / Tourisme Bretagne

Dulces con mantequilla

Y de un producto tan auténtico como las otras pasamos a otro que también levanta pasiones por estas tierras: la mantequilla. En Chavagne, cerca de Rennes, se encuentra la pastelería artesanal La Fabrique, a cargo de Stéphane Nicolazo, un pastelero que en 2015 regresó a su tierra natal con un proyecto y un lema tentador: “La mantequilla salada es la vida”.

En su obrador se preparan kouign amann, uno de los dulces más emblemáticos de Bretaña, elaborado con mantequilla y azúcar, caramelizado y crujiente por fuera, suave y fundente por dentro. Se pueden comprar en formato familiar, individuales o mini.

Degustación de un ‘Kouign amann’. Noémie Lefèvre/ Tourisme Bretagne

Pero además, es posible degustar madeleines esponjosas, financiers, galettes de mantequilla, palets bretones, brownies, panes de especias y fondants de chocolate, entre otras delicias. 

Stéphane, inspirado por los recuerdos de su niñez y los entrañables momentos compartidos con sus abuelos, buscó recrear esa dedicación y disfrute por los productos de calidad que marcaron su pasado. Tras más de 20 años compartiendo su pasión por la repostería en ciudades como Rouen, Grenoble y la isla de la Reunión, Stéphane decidió regresar a Bretaña y abrir su propia biscuiterie en 2015. Una parada obligatoria para los amantes de la repostería artesanal.

Sidra con tradición

Por último, ponemos rumbo a Finistère, cerca de Pouldreuzic, donde se encuentra la sidrería más antigua de la región: Kerné.

Recogida de manzanas en Kerné. Cidrerie Kerné

Fundada en 1947 por François Sehedic, esta empresa familiar ha mantenido intacta la tradición y el saber hacer artesanal, convirtiéndose en un verdadero emblema de la región. Cada botella de Kerné es una oda a la autenticidad bretona, elaborada con una selección de manzanas locales, cultivadas en huertos tradicionales y cuidadosamente recolectadas.

En Kerné, la pasión por la sidra se siente en cada etapa del proceso. Las manzanas, procedentes de una treintena de variedades, son prensadas para extraer su jugo, que luego fermenta naturalmente sin añadidos químicos, preservando así los sabores únicos de la sidra bretona.

En su tienda y sala de degustación invitan a locales y visitantes a conocer más sobre esta bebida icónica y a disfrutar de los matices de cada variedad, ya sea seca, semiseca o dulce, que hacen de Kerné una marca de referencia.