Algo más de 800 kilómetros que transcurren en gran parte por Portugal separan el campo de fútbol Jesús García Calvo de Negreira del Estadio de la Cartuja. De aquella primera eliminatoria de finales de octubre hasta la final de la Copa del Rey del mes de abril van siete partidos hasta Sevilla. Siete escalones hasta la antesala de la gloria que el conjunto guipuzcoano, el único en encadenar cinco clasificaciones a los cuartos de final, ha recorrido no exento de tempestades.
La aventura comenzó ante la SD Negreira. Clásica eliminatoria en la que el equipo local afronta toda una fiesta y en el que el conjunto de Primera División ve riesgo de emboscada hasta en un coche mal aparcado en la puerta del estadio. La Real de Sergio Francisco dominó la posesión y el ritmo, y pronto encontró premio con un tanto de Mikel Goti tras una recuperación alta, mientras que en la reanudación Arsen Zakharyan y Beñat Turrientes cerraron la fiesta.
De punta a punta, la Real viajó a Catalunya para la segunda ronda. El sorteo le emparejó con el Reus FC Reddis a comienzos de diciembre. De nuevo Mikel Goti, el hombre-Copa de las primeras rondas, abrió la lata en el minuto 49 y pese al riesgo del marcador abierto hasta el final, Umar Sadiq cerró la cuenta en el descuento con un penalti que hacía justicia a la superioridad de la Real, que ya sufría en la Liga.
Tanto que en la tercera ronda Sergio Francisco ya no era el entrenador. Sin saber quién tomaría las riendas del primer equipo, Jon Ansotegi dirigió los dos partidos de aquella semana de diciembre. Ganar en Liga a un rival directo como el Levante a domicilio era muy importante, pero aún más lo era no caer en la Copa. Más que por soñar con nada en el torneo del KO, la crisis del equipo no se hiciera mayor por claudicar ante un equipo de Primera RFEF.
El equipo alicantino, con pasado reciente en Segunda División, apretó y si muchos pensaban que el gol de Luka Sučić en el minuto 79 desactivaría la gran resistencia local (que acababa de eliminar al Almería), los mediterráneos empataron dos minutos más tarde, hasta que Pablo Marín rescató a los suyos en el minuto 96. Una hipotética eliminación en Elda podía haber sido una mancha demasiado grande...
En un territorio conocido en los últimos años como son los octavos de final, la Real se encontraba más cómoda. Incluso con un viejo conocido como Osasuna. Una vez más. En esta ocasión, en Anoeta. El partido sin embargo, poco tuvo que ver con ese control y un inicio errático del equipo de Rino Matarazzo permitió a los de Alessio Lisci adelantarse 0-2.
Una reacción encorajinada, con fútbol también, permitió a la Real igualar y forzar la prórroga con tantos de Turrientes en el 75’ y de Zubeldia en el descuento. Pese a las ocasiones, el marcador no varió y la Real conoció la gloria en la tanda de penaltis gracias a la manopla decisiva de Unai Marrero. Aquel pase a cuartos llegó con una canción en honor al guardameta azpeitiarra a los sones de ‘Tatiago’.
De derbi a derbi
De pamploneses a vitorianos. Los cuartos de final trajeron otro derbi a la Real, que tuvo que abandonar el calor del hogar para jugarse el pase a las semifinales en Mendizorrotza ante el Alavés. Otra experiencia de montaña rusa habitual desde que Matarazzo asumió las riendas, ya que otro inicio desajustado permitió al Alavés tomar la delantera por partida doble pese a la neutralización de Mikel Oyarzabal.
En la segunda mitad, sin embargo, los ajustes permitieron a los donostiarras volar y voltear el marcador en cuatro minutos gracias a dos de sus estiletes: Gonçalo Guedes y Orri Óskarsson. La parroquia realista, muy a la moda de las tendencias musicales, ya tenía nuevo hit gracias a Bad Bunny: “Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Óskarsson”.
Para eso antes debía enfrentarse a FC Barcelona, Atlético de Madrid o Athletic Club. Para no perder la costumbre, el azar trajo el tercer derbi consecutivo. En la ida, disputada en San Mamés el 11 de febrero, el partido fue de pocas concesiones, con el telón de fondo del derbi disputado días atrás en Liga.
Así, la Real aprovechó su gran segunda parte para que Turrientes rompiera el equilibrio con un disparo ajustado desde la frontal en el minuto 62, ventaja mínima pero valiosa para el choque de vuelta. El tanto tuvo un efecto doble: silencio en Bilbao y fe renovada en Donostia.
La vuelta se ha disputado este miércoles en un Anoeta que se ha vestido para la ocasión con una de las mejores entradas. La Real ha dominado el partido desde la primera parte, aunque no ha logrado rematar el partido hasta el penalti que ha marcado el capitán, Mikel Oyarzabal, ya avanzada la segunda parte, logrando así una histórica clasificación para la final de la Copa ante el Atlético.