Una remontada de campeonato. La Real se metió en semifinales después de sufrir como nunca y de demostrar un carácter y una fe inquebrantables que le permitieron venirse arriba cuando en el minuto 66 Toni Martínez lanzó un penalti con el 2-1 en contra. Remiro detuvo su lanzamiento, los blanquiazules se aferraron a sus opciones, que siempre fueron muchas, y dos goles de Guedes y de Óskarsson, que por fin anotó una diana que le permite colarse en el corazón de los blanquiazules, le permitieron voltear el resultado y sellar un pase increíble a las semifinales. Demasiado para nuestros corazones.
Matarazzo no afloja, siempre viviendo al filo de la navaja, pero solo hay que ver cómo lo vive en la banda para darse cuenta de la energía y la potencia que ha inyectado en las venas de una plantilla que necesitaba un revolcón de este tipo. De ser el equipo que jamás remontaba, con una mandíbula de cristal dramática, a sentirse capaz de todo y demostrar una mandíbula de puro hormigón. Porque vamos a ser sinceros... El partido de ayer de la Real fue el habitual en Mendizorrotza, donde, no se sabe muy bien por qué, se apaga y se descompone. En realidad la explicación es bien sencilla, que el Alavés sabe desnudar la miseria de casi todos sus visitantes. Del conjunto guipuzcoano desde luego. Los blanquiazules estuvieron a merced de sus contrincantes durante mucho tiempo, pero con este técnico siempre avista a lo lejos una luz de esperanza que nunca se apaga.
Algunos le llamarán flor. No parece justo que se insista con ese tema, porque Remiro también juega, aunque sea portero, y detuvo el segundo lanzamiento de Toni Martínez al demostrar buena intuición e inteligencia. Suerte es contar con un portero bueno y frío y con jugadores de la talla de Guedes, Oyarzabal, Óskarsson o Turrientes, que le permitieron una voltereta final que provocó el delirio y la algarabía de los más de 2.000 realistas que estaban en la grada. Todos, los del campo y los de la grada, soldados de Matarazzo. Creyentes de su mensaje y de un optimismo que le permite no haber perdido un partido desde que se ha sentado en el banquillo de la Real. Es que sobrevive hasta en la prueba de Vitoria y después de tenerlo todo en contra. Magia.
El americano confirmó con su once varias cosas. Que se tomaba en serio la Copa, que iba a hacer cambios, como anunció la víspera, y que tenía muchas bajas, porque dobló la bandera derecha de laterales. Si es que a Sergio Gómez se le puede considerar defensa, claro, como viene jugando esta temporada. Caleta-Car entró por Zubeldia, algo que sorprendió sobre todo por jerarquía en un duelo a vida a muerte, Aihen le acompañó en la izquierda y Brais, que fue padre por segunda vez y que viajó por su cuenta a Vitoria, fue titular para abastecer de balones a Guedes y Oyarzabal, las dos armas letales con las que se presentó la Real al duelo.
Enfrente un Alavés en el que Coudet introdujo muchas novedades coperas y sentó a Lucas Boyé, su mejor futbolista de la temporada.
Por cierto, en un escenario que no tardó en reflejar que había muchos más aficionados realistas de los esperados repartidos por toda la grada, ya que se habían hecho con las localidades que no habían querido pagar los socios locales, que también pasan por caja por los partidos de Copa.
Su apoyo y aliento no permitió a la Real evitar todo lo que estaba terminantemente prohibido hacer en la primera parte. Encajar un gol pronto, perder demasiados balones en transiciones, descolocarse con mucha facilidad y poca concentración y caer en todas las trampas que le fue tendiendo el anfitrión. No es de recibo lo que le sucede a la Real cada vez que pisan Mendizorrotza. Son el visitante y la víctima perfectas para el estilo y la apuesta que siempre ofrece el Alavés. Un poco pardillos. O demasiado.
¿Quién ha sido el mejor realista?
Tras un comienzo titubeante, en el que el único acercamiento de los realistas fue en una apertura de Turrientes que Guedes envió fuera, los alaveses se estrenaron en la primera que tuvieron, en una acción en la que Denis Suárez hizo sangre en el hueco dejado por Aihen y su centro acabó en los pies de Rebbach, que disparó colocado, y Remiro, que tocó la pelota, se tragó un chut muy parable. Error del meta.
Los locales parecían tener siempre más energía, algo en lo que estaba destacando la Real desde la llegada de Matarazzo. Los visitantes trataron de reaccionar y Brais, que no estuvo fino, puso un centro al que no llegó Oyarzabal. Fue el preludio del empate, ya que segundos después, al rechace de un saque de esquina, Carlos Soler no se precipitó y abrió a Guedes, que amagó el tiro para asistir al de siempre, que no falló con un disparo cruzado. Por momentos pareció que los donostiarras se hacían con el control, pero fue un espejismo. Soler rozó la escuadra tras una buena jugada de Oyarzabal, pero, poco después, Remiro salvó con apuros un centro-chut de Denis.
En el 27’, Aihen volvió a perder el sitio, Jonny se internó en el área y Turrientes llegó tardísimo y le derribó. Penalti claro que transformó Toni Martínez. El tanto hizo mucho daño a la Real, que se salió del partido por completo, en parte enfadada con un colegiado que todos sabíamos de antemano que era malo de solemnidad. En los últimos minutos Denis y Calebe, que obligó a intervenir a Remiro, estuvieron cerca de hacer el tercero ante una Real desaparecida en la que incluso Guedes, desquiciado, rozó la segunda tarjeta amarilla. Resultado justo al descanso. Pudo ser peor.
Matarazzo, que lo único que cambió en plena deriva de los suyos fue cambiar de banda a Guedes y Sergio, decidió que no tenía que cambiar nada. Y eso que tenía a tres amonestados y a un justiciero de gatillo fácil. A los dos minutos, Guedes se topó con Raúl tras una buena jugada de Aramburu y Brais.
Pero la Real seguía sin estar y el Alavés no dejaba de buscar oportunidades para dar la puntilla a su oponente. Una vez más, su mejor ocasión llegó en un desmarque que se comió Caleta-Car, que además, cuando el incendio estaba casi apagado por el tropezón de Toni Martínez, le agarró hasta el punto de que casi le quita la camiseta. Penalti de VAR y el momento en el que aparecen las leyendas de las porterías.
Remiro adivinó que repetía su intención y le hizo el boca a boca a los suyos. Poco después, en una acción de mala suerte, el palo escupió un mal despeje de un defensa en un córner lanzado por Brais y Turrientes, con todo a su favor, no logró remachar a lo Gorrotxa en el derbi. Fue la antesala del empate, en una conducción de Turrientes con una fenomenal asistencia a Guedes, quien, cómo no, no perdonó.
La Real ya estaba lanzada y Oyarzabal, tras un gran taconazo de un endiablado Dani Díaz, no encontró portería desde la frontal del área. Caleta-Car casi se redime en un cabezazo que atajó Raúl y, en el minuto 80, Sucic dio un pase excelente para el desmarque de gran 9 de Óskarsson, quien no desaprovechó la ocasión para alcanzar la gloria. Los locales reclamaron una pantalla que le pudo hacer el árbitro a Guevara, pero este pareció exagerar. El islandés ya tiene un gol para que se le recuerde siempre con la txuri-urdin. Pero en realidad este solo debe ser el primero.
La Real aguantó bien, sin apuros y sin errores, y el final se celebró como si fuese un título ante la alegría de una afición que merece como ninguna volver a tocar el cielo y celebrarlo a lo grande. Tercera semifinal seguida, un club que lleva casi una década en el vagón de los buenos, y un camino en el que ha dejado en la cuneta a dos Primeras, Osasuna y Alavés. En casa y fuera. De penaltis tras un milagro en el descuento y de una remontada en un feudo maldito. Ante Osasuna fue muy merecido, ayer quizá menos, pero si un equipo aguanta de pie mientras no le salen las cosas y el rival le supera, y cuando llega el momento clave sus estrellas, que son muy buenas, firman acciones determinantes como ayer, parece injusto hablar precisamente de injusticia, aunque suene redundante.
La Copa es así. Sangre, sudor y lágrimas. Pasar de estar hundido a soñar con la gloria. Que toque el que sea porque con Matarazzo la Real se siente capaz de todo. Como pare no. Si todavía no conoce la derrota. Si solo le falta ponerse una capa de superhéroe. Y lo mejor de todo es que todavía le quedan vidas por consumir. Cuando menos te lo esperas… en la Copa vuelves a creer que todo es posible. A solo dos partidos de Sevilla. Una voltereta eterna. De tristes y melancólicos a perder los papeles en la grada con el corazón en la boca. Emociones muy fuertes. Y un orgullo enorme de estos jugadores que quieren abrir de nuevo el Olimpo txuri-urdin. Que pase, que pase el siguiente…