El empate ante el Oviedo ha dejado a la Real Sociedad en una zona de turbulencias. Lo que podía haber sido un paso firme se convirtió en un tropiezo que obliga ahora a mirar el calendario con una mezcla de urgencia y vértigo. La próxima parada es Son Moix, frente al Mallorca, en un contexto que no admite demasiados cálculos: la necesidad de ganar se ha vuelto imperiosa.
El escenario, además, tiene carga simbólica. En el banquillo bermellón ya no está Jagoba Arrasate, el técnico que dejó huella en Anoeta y que siempre será un nombre querido en Donostia, entre otras cosas, por su inquebrantable sentimiento txuri-urdin. En el fútbol cada palo aguanta su vela y la Real necesita puntos y los necesita ya.
Una final en juego
Todo ello, con el reloj avanzando hacia la que muchos en Euskadi consideran la madre de todas las batallas: la vuelta de semifinales de la Copa del Rey ante el Athletic Club. El 0-1 logrado en San Mamés ha dado ventaja a los donostiarras, pero también ha elevado la tensión competitiva. Un derbi nunca es un trámite, y menos cuando hay una final en juego.
El dilema
En ese cruce de caminos se encuentra Pellegrino Matarazzo. El técnico afronta un dilema clásico pero no por ello menos angustioso: ¿arriesgar en Mallorca con el once de gala para asegurar tres puntos vitales o dosificar y proteger a los titulares pensando en el miércoles? Jugar con los reservas puede restar filo competitivo; hacerlo con los indiscutibles implica asumir riesgos físicos en una semana comprimida.
El cuerpo técnico sabe que el verdadero patrimonio del equipo es su salud. Evitar lesiones es prioritario. Que todos lleguen en plenitud a la cita copera es casi una obligación moral. Especialmente dos futbolistas diferenciales como Mikel Oyarzabal y Gonçalo Guedes, cuyo peso ofensivo resulta determinante en escenarios de máxima exigencia. Forzarlos ahora podría hipotecar lo que está por venir.
Dos partidos en uno
La Real, en definitiva, debe jugar dos partidos en uno. Diseñar dos alineaciones en cuatro días. Competir en Mallorca sin perder de vista el miércoles. No es una ecuación sencilla. En este tramo de la temporada, cada decisión tiene consecuencias y los daños colaterales pueden pagarse muy caros. Entre la ambición inmediata y la prudencia estratégica, Matarazzo se juega algo más que tres puntos: se juega el equilibrio de todo un proyecto en su semana más decisiva.
La última palabra la tiene el técnico americano, que será quien tome las decisiones pertinentes, pero ya ha dejado claro en más de una ocasión que hay puestos en los que puede rotar y otros, en cambio, en los que no...