Había declarado Matarazzo el viernes que, cuando la Real Sociedad juega a las nueve de la noche, él aprovecha para dormir una buena siesta. Y sólo 24 horas después, su equipo completó contra el Oviedo una muy pobre primera parte bajo el sol de las dos de la tarde, dando así pie a la analogía facilona. Porque en realidad la escuadra txuri-urdin no saltó al césped de Anoeta dispuesta a echar una cabezadita. Simplemente fue víctima de la tremenda igualdad táctica que impera en el fútbol moderno, un equilibrio capaz de imponerse casi siempre a las diferencias de calidad individual existentes entre un conjunto y otro. Ya lo explicó Mikel Arteta, entrenador del Arsenal, durante una exquisita conversación en Movistar con Jorge Valdano: “Hoy en día hay tanto análisis y están todos los cuerpos técnicos tan preparados que las partidas de ajedrez siempre van a apuntar a las tablas”. Pues eso.
El último, sí, pero...
Debemos ser capaces de comprender que el examen que afrontó la Real este sábado calibró la aptitud de los txuri-urdin en la asignatura más difícil de aprobar. Para ellos y para todo el mundo. Nunca resulta sencillo meter mano a un rival que plantea el encuentro desde la premisa inicial de maniatarte, y menos todavía a un Oviedo que en Donostia combinó medidas estrictamente defensivas con una valiente actitud a la hora de apretar hacia adelante. Era y es el colista, sí. Pero, como todos los equipos profesionales, tiene gente que trabaja una semana entera para poder contrarrestar luego sobre el campo lo que hace el adversario, generándose así el empate táctico de base desde el que se desarrollan la mayoría de los partidos. Espoleada también por los dos goles visitantes, la escuadra de Matarazzo acabó con el equilibrio de la pizarra sumiendo el tramo final del duelo en un caótico ida y vuelta. Antes, dentro de la comentada complejidad del choque, se había equivocado mucho...
Por dentro, por fuera
Se les afea a menudo a los futbolistas que, después de un cambio de entrenador, tienden a destacar en demasía lo bueno del técnico entrante, censurando así de forma indirecta lo que proponía el anterior. Sin embargo, esto es algo que, en el caso de Sergio Francisco y Rino, se ha hecho aquí de forma generalizada, desde un mantra no del todo incorrecto pero tampoco atinado al 100%: “Con Matarazzo el equipo es más vertical”. Pues bueno... A las órdenes del irundarra, la Real ya demostró su capacidad para mostrarse muy directa en ataque. Y además nos confundimos si asociamos esa verticalidad a algo positivo per se, cuando a lo que te obliga el fútbol es a seleccionar los momentos y a ejecutar en cada uno de ellos lo que el partido de turno te está demandando. Para muestra, el botón del sábado. Porque contra el Oviedo, durante 60 largos minutos, el equipo cometió el casi permanente error de intentar filtrar por dentro pases muy agresivos de central a mediapunta. Los asturianos, por todo lo relatado, los taparon a la perfección. Y lograron esto a costa de conceder, eso sí, una salida exterior que el conjunto guipuzcoano tardó en querer explotar. Ser horizontal también puede suponer el mejor camino hacia el gol. Tengámoslo en cuenta.
El gato y el ratón
Destacó Gonçalo Guedes la semana pasada, en una entrevista en Radio Marca, el modo en que Matarazzo sabe estudiar a los rivales. Es algo que salta a la vista durante los partidos y que, por aquello de que destruir resulta más fácil que construir, nos conduce hasta la fecha hacia una Real más efectiva en el papel de ratón que en el de gato. Defiende bien ante los adversarios que llevan el peso de los partidos y se ajusta rápido cuando ese tipo de equipos encuentran una grieta en su entramado, para robarles donde toque y atacar luego en transición. Mientras, ante contextos de corte similar al del sábado, ya venía sufriendo para producir ocasiones, apostando casi siempre por ese 3-4-2-1 ofensivo tan insistente en la búsqueda de la espalda de los pivotes contrarios. Toda la Primera División conoce la idea. Al míster le toca ahora analizar el tablero y mover ficha de nuevo.