¿Quién podía imaginar hace solo unas semanas que el sustituto de Sergio Francisco y el hombre que tiene en sus manos el dubitativo proyecto txuri-urdin iba a proceder de New Jersey? Un honorable paisano de Bruce Springsteen, al que sin duda le sorprenderá la noticia cuando regrese a su querida Donostia de nuevo. En más de uno de sus maravillosos conciertos que te marcan de por vida y que, por qué no decirlo, nos llena de orgullo y de satisfacción que nos elija como sede en Euskadi ante las, imagino, presiones envidiosas de los que pretenden dirigir todo hacia la otra acera, no ha solido faltar la inmortal canción Jersey Girl.
Todo un himno de la ciudad que vive mirando a la Gran Manzana, con una letra en la que se reivindica un profundo sentimiento de pertenencia, que habla de elegir un lugar y una persona, incluso cuando no son el centro del mundo. Solo son gente normal y sus respectivas sencillas y habitualmente aburridas rutinas. Como ha reconocido en más una ocasión el propio Boss: “New Jersey no es glamur, pero está lleno de historias reales que merecen ser contadas”. Eso sí, también suele proclamar a los cuatro vientos que “cualquiera que haya crecido o vivido en la Costa de Jersey sabe que el lugar es único”. Para ser sinceros, más que idealizar su lugar de nacimiento, lo dignifica. Algo que incluso me parece ponerlo más en valor.
Lo que mucha gente no conoce es que el tema no lo compuso Bruce, sino que lo hizo Tom Waits. Este cantante que ha tocado muchos palos pero cuyo estilo puede definirse como blues urbano y teatral, cantado con una voz rota, lleno de historias de la noche, la concibió como una melodía íntima y personal, casi como una escena nocturna, melancólica, escrita para su pareja. Fiel a su personalidad. Springsteen introdujo varios cambios que convirtió a la canción en un referente mundial al dotarle de mucha más fuerza y energía gracias a un lenguaje más luminoso y universal. El ritmo y la interpretación son más abiertos, cálidos y emocionales. Para resumir, es como si su versión invitase más a cantarla junto a él como hemos hecho millones de personas y, en cambio, la de Waits te animara más a escucharla en silencio.
Paralelismos
Salvando las distancias y si me permiten la metáfora, al Jersey Boy que ha tomado las riendas de la Real le aguarda un reto parecido al que asumió el boss cuando decidió versionar el himno de su ciudad natal. Modificar o cambiar a un equipo con una propuesta que no se puede definir como caduca, porque muchísimos conjuntos profesionales o aficionados siguen al pie de la letra ese juego propositivo y combinativo, basado en la posesión y en los pases al pie, con un planteamiento mucho más moderno, vertical, directo y en la búsqueda sin atajos de la meta rival.
Cuando entrenaba al Rayo, Andoni Iraola, el hombre de moda en la Premier, dejó las claves de lo que parece buscar la Real con la contratación de Matarazzo: “Me gusta mucho el fútbol alemán porque, como espectador, me encanta cuando pasan cosas. No es como ‘tú atacas durante dos minutos y luego me toca a mí’. El jugador tiene que asumir cada vez más roles porque todos atacan y defienden, por eso me gusta ese tipo de fútbol en el que el jugador lo hace todo. Los atacantes presionan como defensores, los centrales conducen hacia delante y sostienen la última línea. Es un fútbol muy completo y táctico; por eso me gustaba el Mönchengladbach de Marco Rose: se notaba que estaba muy bien trabajado”.
El problema más importante y lo esencial en estas primeras semanas será descubrir si el nuevo técnico txuri-urdin dispone de las herramientas suficientes en una plantilla en la que no cuenta con piezas que destaquen por su rapidez ni por romper al espacio como para llevar a la práctica el fútbol que propuso en sus anteriores clubes. Y eso, al menos por ahora y como punto de partida de una apuesta arriesgada y marcada por la incertidumbre dada su inexperiencia en la Liga, parece el principal foco de inquietud para este inicio de una nueva era marcado, como he repetido en más ocasiones, por el mundo al revés.
Cuando el entrenador guipuzcoano es la nouvelle vague en la élite futbolística, la Real contrata a un estadounidense, un turco y un australiano (no es un chiste, lo juro) y en lugar de dar un proyecto desde el inicio a un foráneo para tener a un interino como solución de emergencia en caso de que no funcione, el hecho de hacerlo a la inversa conlleva que el riesgo se multiplique horrores por el simple hecho de que no sabe de qué pie cojean unos jugadores a los que dice haberlos visto mucho en las últimas semanas. Y ojo, que yo le creo, al menos seguro que conocerá sus nombres desde el primer día no como otro que meses después de su llegada seguía provocando muchas risas en Zubieta al confundirse continuamente o decirlo mal.
Pero una cosa es descubrirles en vídeos y otra, muy diferente, saber cómo respiran, cómo entrenan, cómo se relacionan entre ellos, cómo se asocian en el campo y la personalidad que tiene cada uno cuando vienen mal dadas…
La experiencia de Kodro
Antes de fin de año, en la gala de la asociación de la prensa deportiva guipuzcoana, se rindió un merecido homenaje al gran e inigualable Meho Kodro. Al término de la entrega de galardones y antes de que comenzase el cocktail, José Luis Korta, que bueno es él, con su habitual tono socarrón y su indiscutible gracia casi se abalanzó sobre el bosnio para preguntarle si estaba disponible para jugar contra el Atlético, porque el equipo “necesitaba a un futbolista como él”.
Después estuve de charla un buen rato con el ‘delantero que llegó un momento en la Real que convertía todo lo que tocaba en gol’ y le vi muy preocupado por la situación del equipo. Repasamos su trayectoria y me recordó que su Tenerife pasó en dos años de disputar la semifinal de la Copa de la UEFA a bajar a Segunda: “Y eso que seguíamos teniendo un equipazo con Unzúe, Llorente, Pablo Paz, Emerson, Jokanovic, Chano, Juanele o Makaay. Lo malo es que eran jugadores acostumbrados a luchar por retos ilusionantes y cuando se metieron abajo no fueron capaces de competir ni cerca de su mejor versión. Y me da la sensación de que a esta Real le puede pasar lo mismo, con una plantilla con mucho nombre, pero que nunca ha luchado por no descender”. Evidentemente se me indigestaron los pinchos y no pegué ojo en toda la noche…
El tiempo dirá si Matarazzo se encuentra ante la oportunidad o el marrón de toda su vida. Si tiene mucho que ganar o poco que perder, o viceversa o incluso las dos cosas, porque la frontera del descenso se encuentra a dos puntos y los equipos implicados en la lucha por salvarse puede cambiar su cara en este mercado de invierno. Si es un win-win para entrenador y club o si por el contrario ninguna de las dos partes saldrá beneficiada, pero… dicho todo esto y mostradas mis reticencias, quiero dejar muy claro que aún estamos en enero y hay que creer. Y también existen motivos para hacerlo. Yo sigo viendo las alineaciones de la Real y sus rivales antes de los encuentros y la impresión que me invade es que, como mínimo, tiene que estar cerca de la victoria o va a tener opciones de lograrla.
La plantilla necesitaba un electroshock en forma de revulsivo y éste ya tiene nombre y forma. Bien grande además, un hombretón de 198 centímetros con pinta y fama de ser un gran tipo. Y un buen entrenador. Más allá de los fuegos de artificio exagerados generados alrededor de su figura por los de siempre, la frase que más me convenció y me ilusionó de su presentación fue cuando dijo: “Estoy convencido de que todo lo que he hecho en mi vida ha sido para traerme aquí”. Esta demostración de respeto y hambre me llena mucho más que la llegada de otro técnico con más caché que puede que nos hubiese mirado por encima del hombro como ya hicieron otros.
La verdad es que no sé muy bien cómo es Jersey, porque siempre la he visto desde la acera de Nueva York, pero espero que Matarazzo sea consciente de que Donostia es otro lugar único en el mundo. Y la Real también. Bienvenido y suerte. Estamos en tus manos. Y ojalá tu aventura en Anoeta se convierta pronto en la historia de otro hombre normal de Jersey que merece ser contada. ¡A por ellos!