No se lo merecían. Ni la Real ni sus jugadores ni su gente. Una fiesta que no tuvo nada de divertido. Fue un drama continuo. El equipo realista que mereció ganar con creces en el partido de ida se quedó sin final después de fallar un penalti en la primera parte, empatar gracias a su capitán, quedarse a milímetros de anotar el segundo en la primera parte de la prórroga y caer después de que su 10 no acertara en el primer lanzamiento de una tanda maldita en la que no hubo más fallos. Es cierto que el equipo txuri-urdin estuvo muy lejos de completar un buen encuentro, pero sufrió un castigo demasiado duro, sobre todo si tenemos en cuenta los dos partidos. Una tragedia agónica e insufrible, de las que solo suceden muy de vez en cuando y pasan a la leyenda negra del club

Una vez más, los penaltis dejaron sin la posibilidad de vivir una jornada inolvidable en Sevilla, con la opción de volver a celebrar un título. Y no, el que piense que es una cuestión de mala suerte, está equivocado. Todo se entrena y todo se trabaja. Y por los motivos que sea, este equipo siempre la pifia cuando se tiene que jugar algo desde el punto fatídico, salvo en la Copa de 1987 cuando tenía a un mito como Arconada bajo palos.

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Semifinales de Copa Real Sociedad - Mallorca: Las notas de Mikel Recalde Mikel Recalde

Es curioso que nunca en su historia la Real se ha clasificado para el partido decisivo de la Copa jugando el encuentro de vuelta en casa. Desgraciadamente, y por mucho que Imanol asegurara y nos quisiera vender que de las derrotas como la del Villarreal se aprende, este equipo lleva tres meses sin vencer en casa, por lo que el descalabro se veía venir. Las señales estaban ahí, y muchos no han querido verlas. Un plantel sin gol, un desastre que apunta directamente a la dirección deportiva, que ha dado en la diana en muchos refuerzos pero que en una operación que se antojaba vital para triunfar esta campaña se ha equivocado por completo. Tres nueves sin gol. En los bares donostiarras se bromeaba en las horas previas con que la única opción que había para pasar era que los insulares se metieran un tanto en propia meta. Fue todo tan triste… 120 minutos de continuo agobio, sin ninguna esperanza tangible, solo un púgil blanquiazul recibiendo golpes de todo tipo, no solo de manos de su adversario, hasta el KO final. Terrible

La afición respondió Imanol había apelado a enarbolar el hacha de guerra para empezar ganando el partido desde el recibimiento. Quizá no recordaba que tras la increíble y apoteósica bienvenida el día del Mirandés él mismo fue quien no tuvo problemas en señalar que les había acabado perjudicando. A pesar de las medidas policiales, la afición txuri-urdin estuvo a la altura, pero pronto se evidenció que tampoco le dio alas al equipo, que comenzó el duelo muy nervioso y timorato, demasiado consciente de que iba a ser una batalla larga y que, desgraciadamente, no contaba con demasiados elementos diferenciales o desequilibrantes.

El técnico volvió a apostar por lo esperado, con Zakharyan de extremo en lugar de Barrenetxea. El resto, los mismos, al igual que el Mallorca, que no varió su defensivo esquema. La novedad en esta ocasión fue que Samu Costa se encargó de intentar secar a Zubimendi, en lugar de Merino, lo que convirtió el campo en un tablero de ajedrez

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Las mejores fotos del Real Sociedad - Mallorca de semifinales de Copa Ruben Plaza

Se esperaba una salida en tromba de la Real, pero de nuevo su actitud resultó demasiado contemplativa, como si no tuviera ninguna prisa. El resultado fue que el Mallorca vivió muy cómodo en la primera parte, en la que incluso, hasta el penalti fallado por Brais, dispuso de mejores ocasiones. Con Zubimendi anulado, los ataques de la Real que se iniciaban en Remiro acababan siendo balones largos que les costó controlar a los delanteros, aunque cuando lo hacían la sensación de peligro era evidente

A los doce minutos, un centro muy fuerte de Dani Rodríguez no encontró rematador. Hubo que esperar hasta el minuto 28 para que llegara el primer disparo de Zakharyan, que le salió demasiado centrado. Abdón silenció la grada con un chut raso fuera antes de que, a los 44 minutos, un buen pase de Kubo propiciara el centro de Zubimendi que cortó con la mano Raíllo. El penalti lo ejecutó Brais y lo falló. Era el tercero consecutivo que desperdiciaba. Lo lanzó fatal, al centro. Peor imposible. El gallego trató de reaccionar a los pocos segundos con una rosca buscando la escuadra, pero se le escapó fuera. Silencio y bajón de camino a los vestuarios. No era el día para regalos ni para fallar ocasiones tan claras. Ni de penalti.

En la reanudación la cosa se complicó por completo en una jugada en la que el Mallorca tuvo fortuna en la apertura a la banda, pero que acabó en un centro magnífico de Jaume Costa que Gio González aprovechó para batir a Remiro. A partir de ahí la Real comenzó su esperado asedio. Javi Galán lo intentó en dos ocasiones antes de que Becker agitara un poco el encuentro. Larin estuvo a punto de anotar el segundo en una jugada en la que partió en posición dudosa. Oyarzabal salió al rescate y, como suele ser habitual, no decepcionó al culminar con la derecha una eléctrica acción entre Zubimendi, Kubo y Brais, que estuvo brillante y preciso.

La Real fue mejor hasta el final, pero ni Merino, de cabeza, ni Becker, en dos ocasiones, lograron batir a Greif. Jaume Costa también dispuso de otra opción en otra jugada desafortunada en la que Traoré se patinó. En la primera parte de la prórroga, Kubo por fin puso un centro con música y Merino, al que le tenían agarrado, cabeceó, Samu salvó bajo palos y Tierney, a tres metros de la línea, remató a romper y volvió a toparse con el portugués en una acción que no entró o no golpeó en el brazo del visitante por milímetros. En la segunda parte de la prórroga el juego se igualó. Turrientes sirvió un buen balón que Becker remató muy suave y Sadiq hizo un intento en una de sus aventuras en solitario, pero se topó con Greif

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Noche amarga en Anoeta

En los lanzamientos de penaltis, que no tienen nada que ver con una ruleta de la fortuna, Oyarzabal falló el primero y más importante y luego acertaron Turrientes, Olasagasti, Zubimendi y Becker, pero el Mallorca no falló ninguno. Y se acabó el sueño de una lluviosa noche de febrero. Atrás quedan demasiados gestos sobrados como la fotografía de Arconada riéndose, los comentarios arrogantes y despectivos más propios de los vecinos que de la parroquia txuri-urdin y los reportajes sobre con quién se quiere en la final y de trenes que llevan a Sevilla. 

La Real de Imanol, que solo había fallado una vez en cinco años en aquellos cuartos de final ante el Betis, nos vuelve a hacer llorar a todos. Que nadie se baje de este barco, nos ha hecho disfrutar mucho este equipo, pero del mazazo de ayer va a costar mucho tiempo reponerse. Solo un clavo saca otro clavo y el destino le sirve una bala ante el PSG, aunque a día de hoy sea complicado seguir adelante. Que no decaiga, “en las buenas voy a estar, en las malas mucho más”. No me importa que cayeses ante un rival que no era mejor a las puertas de una final, cada día te quiero más. Así ha funcionado siempre este club que tanto se hace querer por su gente con gestas increíbles ante todo tipo de gigantes y, lamentablemente, con demasiadas derrotas. Mañana volverá a salir el sol…