Un total de 31 compañías representarán 31 espectáculos en 42 funciones en la 32ª edición de dFeria, que se celebrará entre el 14 y el 18 de marzo en los principales escenarios de la capital guipuzcoana. El director de la Unidad de Artes Escénicas de Donostia Kultura y máximo responsable de este encuentro, que aúna tanto a profesionales como al público, Norka Chiapuso, repasa lo que darán de sí los teatros donostiarras, que acogerán a Dinamarca como país invitado.
¿Cómo se presenta dFeria este año?
Se presenta bien, como todos los años. A estas alturas, la feria es un niño que está a punto de nacer. Como pasamos tantos meses preparándola, te vas enamorando de la programación. Lo vemos con mucha ilusión y con una expectativa alta. Pero nos pasa todos los años: no creo que esta edición sea ni la peor ni tampoco la mejor.
Desde hace tres años invitan a un país europeo. Este año es Dinamarca. ¿Qué tienen de interesante las artes escénicas danesas?
Las artes escénicas nórdicas son más desconocidas para nosotros que otras, como las francesas o italianas, por ejemplo. Ha sido muy fácil trabajar con ellos porque son claros, muy serios. Todo lo que hemos ido hablando se ha ido haciendo y ha sido un verdadero placer. Estuvimos en un festival importante en Copenhague, vimos varios espectáculos y hablamos con la parte institucional. Hicimos tres propuestas que luego se convirtieron en cuatro. Es una propuesta bastante contemporánea y equilibrada entre teatro y danza.
Se encargarán del espectáculo inaugural en el Victoria Eugenia: Bloody Moon, de Danish Dance Theatre.
Pensamos que el espectáculo inaugural tendría que ser danés para darles la importancia que merecía el acuerdo, y por la importancia que tiene la compañía Danish Dance Theatre, que es una compañía, además, coreografiada por una valenciana, Marina Mascarell. Va a tener dos funciones en el Victoria Eugenia. Al día siguiente, además, hemos programado La carta, que es una serie de improvisaciones distintas sobre la misma escena, basada en Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau.
También han programado espectáculos en Tabakalera.
Samba, de la compañía Uppercut Danseteater. Es una danza muy física, tiene algo de circo también y nos dejó maravillados. Creo que a la gente le va a llegar muchísimo. La cuestión teatral con ellos nos costó cerrarla algo más. Estábamos detrás, y los daneses también tenían interés, en una compañía que allí está pegando fuerte: Fix+Foxy.
¿No fue posible?
No era factible porque tenían un cerdo muerto colgado en el escenario. La legislación aquí es distinta que allí, así que nos fuimos encontrando con trabas. Al final, Fix+Foxy participa, pero va a presentar un espectáculo unipersonal sobre la identidad, también una propuesta muy contemporánea titulada Tierra sin sueños.
¿Vendrán representantes de Dinamarca?
A nivel institucional, vendrá el embajador de Dinamarca, gente del Ministerio de Cultura, también un miembro del comité con el que firmamos el acuerdo... Asimismo, nos visitarán directores de seis teatros que cuentan con residencias artísticas y vendrán también los artistas residentes en esos espacios. Y luego, periodistas daneses. Va a haber una delegación importante.
dFeria está bien posicionada de cara a Latinoamérica y llevan tres años invitando países europeos, ¿han notado que ha crecido su referencialidad en la UE?
Antes de comenzar en esta línea de acuerdos con países europeos, ya habíamos comenzado a trabajar en ello con agentes internacionales que tenemos por Europa; hacerlo nosotros solos es imposible. El primer año invitamos a Italia y el año pasado invitamos a Alemania, con presencia también de Austria y Suiza.
¿Cuál sería el número de delegados?
Estamos en unos números increíbles. Desde Latinoamérica pueden venir 30 este año, pero a nivel europeo pasamos de 100. Vienen de todos lados y gente potente. En posicionamiento y repercusión internacional, estamos a la altura de los festivales más importantes de todo el Estado. Trabajar con acuerdos de países concretos nos ayuda y nos retroalimenta. La feria ha cambiado muchísimo en estos últimos cinco años.
Si dFeria ha crecido, también tendrá más necesidades...
Tenemos que crecer hasta nuestra capacidad de sostenibilidad, porque si crecemos demasiado se perderá esa parte buena de artesanía y de humanidad que tiene dFeria.
¿Les preocupa?
Nos preocupa. El reto de la feria lo plantearía en dos partes. Uno es cómo gestionar todo este éxito para que no nos pase por encima. Y el otro es que estamos poniendo mucha energía para recoger datos. Queremos saber con mucho más rigor todo lo que sucede después de la feria.
¿Calcular el impacto de la feria es algo muy dificultoso?
Tiene sus dificultades porque, cuando se acaba la feria, luego es difícil que los programadores te contesten a la información que solicitas; hay que estar persiguiéndoles. La gente que hace ese trabajo tiene que tener muy claro lo que nosotros necesitamos saber. A veces, aunque lo explicas, te dan un montón de datos que luego no sirven mucho. Una dificultad más es que las consecuencias de una feria no son inmediatas; a veces son a muy largo plazo. Este año le estamos dando otra vuelta de tuerca.
Además de las funciones, también programan mesas. De ahí también saldrán acuerdos.
Organizamos un foro de negocios con diez mesas, donde puede haber unas 60 o 70 personas en la parte contratante o escuchante, y luego 30 artistas. No todos van con todos, pero ahí también salen cosas. A veces no salen directamente, puede tardar tiempo. Luego, en una feria, pasa que hay gente que viene sin espectáculo. Igual viene hasta sin acreditarse, pero con una carpetita donde tiene el catálogo de sus seis espectáculos. Ahí también pasan cosas. Nuestro reto no es conseguir saber todo, pero sí tener una imagen general de hasta dónde llega dFeria. El Ayuntamiento de Donostia y Donostia Kultura están contentos con la feria, pero a nivel de inversión pública es muy importante decir: nos hemos gastado tanto en el presupuesto y ha tenido este retorno, no solo en la ciudad, sino también el artístico.
Más allá de la presencia danesa, para su 32ª edición dFeria ha programado 31 compañías, que representarán 31 espectáculos en 42 funciones.
Siempre andamos en esos ratios, porque más o menos usamos los mismos espacios.
¿Donostia tiene espacios suficientes para las artes escénicas?
Desde 1987, cuando empezó, hasta aquí la infraestructura cultural ha mejorado hasta límites insospechados. Recuerdo cuando empezamos en las casas de cultura originales, que eran Loiola, Intxaurrondo, Okendo y Alza. Fíjate lo que vino después: Egia, Lugaritz e Intxaurrondo, algunas con espacio escénico. En aquella época solo estaban el Teatro Victoria Eugenia y el Teatro Principal. El Victoria Eugenia, además, estaba sin rehabilitar. Luego apareció el Kursaal. Para una ciudad de estas características se ha visto que se ha hecho una apuesta por la cultura y la infraestructura. Si acertamos con la programación y la difundimos con calidad, se convierte en una feria con nivel, y el entorno nos ayuda.
¿Pero son suficientes?
Nos arreglamos, sí. Tabakalera, por ejemplo, es un espacio que hemos sumado. ¡Fíjate qué patio tan maravilloso tiene! Ahí vamos a montar un escenario increíble. Ese espacio, que igual no es habitual, tiene unas posibilidades increíbles.
¿Qué destacaría de la programación de este año?
El Victoria Eugenia es nuestro buque insignia y empezamos, como ya hemos dicho, con Bloody Moon, que va a ser un espectaculazo. Al día siguiente, el 15 de marzo, seguiremos con Tanttaka, con Desobedientes 18/98, que estuvo en el Principal en la programación de Donostia. Le hemos querido dar importancia por el tema que trata. Además, habla del legado y engancha perfectamente. El lunes 16, la Agrupación Señor Serrano llevará a escena Historia del Amor. Es una belleza de espectáculo, que te sorprende por su multilenguaje y el uso de la parte videográfica. Otra apuesta muy fuerte ha sido la compañía navarra Led Silhouette, que ha creado Noces, con la Coral de Pamplona y cuatro pianos. Acabamos con una compañía valenciana de circo, UpArte, que, con catorce acróbatas, presentará Sísifo.
¿Qué dejan para el Principal?
–Tiene una programación muy atractiva. Arrancaremos con Cantando bajo las balas, con Ane Gabarain haciendo de Millán-Astray. Este espectáculo lo hizo hace veinte años Adolfo Fernández con K Producciones. Ahora, en lugar de un actor, lo hace una actriz. Tirará un poco a la comedia, pero no se ha visto todavía. Compañía Criolla, por su parte, presentará otro espectaculazo, El brote, que ha obtenido varios premios. Habla sobre las obsesiones y neurosis contemporáneas. El actor te mete en su lenguaje de una forma bestial. Va a ser de los espectáculos de la feria. Además, Alberto Velasco ofrecerá el cabaret de La Jácara de los cuerpos imposibles, con un lenguaje rompedor, siempre buscando los límites. Lo están puliendo y yo creo que a Donostia va a llegar muy fino. Luego tenemos la obra de teatro Sáhara. La barca del desierto. Su compañía, Unahoramenos, tiene una línea de reivindicar situaciones de vulnerabilidad. Tiene cinco nominaciones a los Premios Max. Terminaremos con Arizona, con Aitziber Garmendia y Jon Plazaola, buscando una comedia para el último día, con el texto de Juan Carlos Rubio.
'Arizona' y '52 hercios' se presentarán en euskera en la preferia y en castellano en la clausura. De 'Itzulera', de Dejabu, han programado su versión multilenguaje.
Creo que es una línea que vamos a mantener para futuras ediciones. Si estamos haciendo teatro de Fix+Foxy sobretitulado en inglés y castellano, ¿por qué no podemos hacer teatro en euskera, sobretitulado en castellano e inglés? Le estamos dando vueltas a eso. Queremos traer también a compañías que solo hacen teatro en euskera, como Artedrama, para darles la oportunidad de presentar sus trabajos sobretitulados.
Se percibe una programación que interpela mucho al presente. Hablar de Millán-Astray mientras se da el auge de la extrema derecha; Arizona satiriza sobre los 'MAGA' y 'rednecks' trumpistas; hablan del Sáhara ocupado y del 18/98...
La feria no es comercial, es contemporánea. Tiene que tener propuestas que hablen de cosas que interesen y que puedan poner un punto de reflexión en la gente.
Llevan en la programación 52 hercios, de Ados Teatroa, una investigación sobre la soledad no deseada, que tuvo también su presencia en forma de audiovisual en el Festival de Cine y Derechos Humanos en 2025.
Trata sobre la vulnerabilidad y la soledad, con la metáfora de la ballena azul que no oye bien y por eso está aislada. Tiene un buen elenco: Joseba Apaolaza, Ainhoa Aierbe, Dorleta Urretabizkaia, Martxelo Rubio, Amaia Irazabal y Kimetz Etxabe.