En 2023 comenzó la fusión de los colegios Santa Teresa, Jesuitinas y Larramendi de Donostia. Se unieron primero los alumnos de 0 a 3 años, y a día de hoy, la sede central de ElaiEnea, antiguo Santa Teresa, acoge alumnos hasta tercero de la ESO. El cuarto curso y el Bachillerato se imparte en Larramendi, aunque el objetivo es que, para 2028, las instalaciones de Ibaeta acojan a todo el alumnado.
¿Cuál es exactamente su cargo?
–Cuando todo esto arranca hay tres equipos directivos de tres colegios. Entre las tres fundaciones que hay detrás del proyecto, es importante que haya una persona que dirija la fusión. Yo soy el enlace entre las titularidades y la única dirección de ElaiEnea. Mi cometido es coordinar la fusión para generar un proyecto coherente.
¿Cuándo comienza a gestarse la idea de que se quieren fusionar estos tres colegios?
–Creo que hacía por lo menos una década que había habido algún tipo de contacto que nunca se llegaba a materializar. Había conversaciones, porque al final la bajada en los colegios viene años arrastrándose. Cuesta mucho porque ten en cuenta que son tres fundaciones distintas, tres instituciones distintas. En el fondo son tres culturas distintas, aunque sean parecidas. Se precipita todo en el mayo de 2023. Cuando llegan los procesos de admisión de dos años, nos damos cuenta de que la necesidad aprieta, y entonces se decide. Se precipita la decisión.
Imagino que se toma la decisión porque las cosas no van todo lo bien que se esperaba...
–Así es. Nos encontramos con que en febrero hay pocas solicitudes de matrícula., Normalmente los resultados definitivos se suelen comunicar en torno a mayo, finales de abril, y ahí dices; ostras, que no sale. Y entonces es cuando se precipita el diálogo: entre las titularidades, con el Gobierno Vasco, cómo queremos efectuar la fusión, etc.
¿Cuánta gente se vio implicada en la toma de decisión de la fusión de los tres colegios?
–La decisión correspondía a las titularidades, es decir, a las direcciones de las fundaciones. Luego el proceso involucra a los tres equipos directivos, unas doce o trece personas, como núcleo.
Tomar una decisión así debe ser muy compleja, ¿verdad?
–Sí, lo es porque afecta a muchos campos. Afecta a los trabajadores, a la identidad del centro, a varios aspectos del ámbito laboral, y por supuesto tiene un impacto en el usuario, es decir, en el alumnado y en las familias. Es un proceso duro y largo porque remueve a las personas: inseguridad laboral, pérdida de identidad, el duelo del proyecto perdido, las familias, las congregaciones religiosas que hay detrás de los colegios… Son muchas cosas que hay que tener en cuenta.
¿Supone un gran esfuerzo económico hacer una fusión de tal magnitud?
–Sí, estamos hablando de cientos de miles de euros. Por un lado, se produce una disminución del empleo, porque cuando juntas tres colegios, va a haber un número de trabajadores que se van a quedar fuera. Acordado con los sindicatos, comenzó un proceso en el cual la mayor parte de los docentes que han salido del proyecto, salen de manera voluntaria, incentivada. Se favoreció a las personas que tenían mayor trayectoria profesional. Además, hemos tenido que hacer un desembolso en la liberación de algunas personas para generar proyecto, y añadir otros puestos de trabajo. También hemos tenido que hacer obras relevantes para acondicionar los espacios… Es una inversión potente.
¿Cuáles son las primeras decisiones o los primeros pasos que dan?
–La fusión se desarrolla en tres fases. Lo primero es decidir qué tipo de fusión queremos hacer, ya que hay diferentes maneras de hacerlo. Una manera de hacerlo es que un centro, el más grande, se queda con la actividad de los demás. Si los otros dos desaparecen, canalizas al alumnado a un solo centro, y a medida que haga falta ampliación de profesorado, pues viene una parte o viene otra. Nosotros decidimos generar un proyecto nuevo, que recogiera a los tres pero que no fuera ninguno de los tres. Y de ahí sale ElaiEnea. En segundo lugar, hay que sentar las bases de un proyecto pedagógico; poner encima de la mesa lo que había en los tres centros e intentar coger lo mejor. Son instituciones con mucha historia en Donostia, y con mucho arraigo educativo en la ciudadanía. En Larramendi, por ejemplo, tenían un proyecto de trabajo por proyectos transdisciplinares pionero en Gipuzkoa, y con algunas modificaciones, es el que se ha quedado. En Primaria hemos cogido otros aspectos de los otros dos centros. El siguiente paso es el respaldo jurídico, decidir qué institución va a estar detrás del proyecto. Decidimos que el colegio se quedara dentro de la Fundación Teresiana, la fundadora de Santa Teresa. Finalmente, en tercer lugar, se pone en marcha el trabajo de fusión. Se juntan los equipos directivos y se empieza a pensar cuáles van a ser las líneas maestras del proyecto. Como es un proyecto nuevo, hay que decidir cuáles van a ser las líneas pedagógicas.
¿Cómo se fusionan los tres colegios? ¿Se unen los alumnos de la misma edad de los tres centros y se juntan en una clase, o es más complicado?
–Se empieza por los permisos administrativos. Hay que fijar cuántas aulas podemos albergar, dependiendo de los alumnos que tengamos. Luego hay que poner en marcha el proyecto pedagógico: euskera, los servicios de extraescolares, optativas, comedor, si vamos a tener libros o vamos a usar ChromeBook, el transporte escolar… Ha habido mucho trabajo a todos los niveles, burocráticos de gestión y también de orientación hacia el nuevo proyecto. Los centros seguían operativos, pero había que levantar la mirada para ir fijando el futuro.
Habrá sido un proceso laborioso que también habrá implicado arriesgar en algunos aspectos.
–Los comienzos de las etapas fusionadas son mortales para el trabajador. Parecía que éramos nuevos en todo. No son fáciles porque precisamente el ajuste de personal hace que personas con muchos años de experiencia hayan salido de los proyectos, y eso hace que se debilite la parte profesional en algunos aspectos. Aunque los que se quedan son buenos profesionales, por supuesto, siempre hay una pérdida y eso obliga también a reconfigurar. Empezar de cero, sin embargo, ayuda a renovar los problemas y creo que ha salido un proyecto fortalecido y renovado. Hemos fortalecido la presencia del euskera, aunque tenemos la opción de modelo B en momentos específicos de la línea educativa; hemos reforzado el proyecto educativo; nos hemos reforzado tecnológicamente... Hemos sentado las bases de un proyecto que todavía se está forjando. Nos hace falta estabilidad, tener un tamaño fijo de alumnado, para trabajar en esos parámetros. Aunque son años intensos y llenos de inseguridades, tenemos la mirada puesta en lo que vendrá.
¿Qué ofrece ElaiEnea que no ofrecían los colegios fusionados?
–Por un lado, se ofrece un proyecto más fuerte. Una Secundaria más nutrida te permite trabajar de otras maneras y te permite tener más recursos que pones al servicio del alumnado. Por otro lado, el proceso de fusión ha obligado a repensar las cosas y eso nos ha venido bien. Muchas veces, cuando las maneras de trabajar funcionan bien, tendemos a trabajar por inercia. En los últimos años ha habido muchos cambios sociales y a nivel pedagógico hemos tenido que repensar y renovar muchos aspectos para fijar el camino que queríamos tomar. La sociedad es cada vez más aconfesional y tenemos que adaptarnos. Hemos querido mantener nuestra identidad abriéndonos a formar a gente en las realidades actuales, en un mundo plural.
La baja natalidad es un problema serio. ¿Cómo se hace frente a ello?
–Aprendes a vivir en la incertidumbre. Cambiar esa tendencia a la baja tiene poca solución, pero está claro que algo tiene que cambiar. Hace unos días, La Anunciata anunció su cierre, la consejera de Educación anunció hace unas semanas las futuras fusiones de centros públicos de aquí a dos años… Va a haber unos años de transición hasta que el sistema escolar se adecúe a la realidad de las tasas de natalidad. Habrá bajada de ratios, eliminación de servicios, cierre de colegios… Cuando ha pasado en otros sectores, se ha llamado reconversión. Y nunca se ha llevado a cabo si no ha sido gracias a una inyección de dinero público relevante. Creo que hay que llevar a cabo un plan de reconversión que implique paliar la calidad del empleo hasta ir adecuándolo. Porque el tamaño del sistema escolar vasco es posible que sea parecido al de los años 90, pero la realidad demográfica ni se acerca. En los próximos años, las palabras fusión y cierre van a ser habituales.
Hoy tienen casi 800 alumnos. ¿Qué valoración hacen de la situación del colegio?
–Tenemos en total 795 alumnos. Un aula por curso en Infantil, dos aulas por curso en Primaria, tres aulas de 1º a 3º y cuatro en 4º de la ESO, y tres aulas en Bachiller. Somos más de 100 trabajadores en el centro, contando el personal de administración y servicios. Ahora mismo, ElaiEnea es un centro nutrido y asentado a partir de Infantil. Este año hemos notado un aumento de la demanda respecto al año pasado, y esperemos que vaya creciendo.
¿Cuáles son los siguientes pasos?
–La fusión a nivel administrativo y laboral está cerrada. A nivel de proyecto, el horizonte es 2030. Tenemos que seguir ajustando ciertos aspectos para hacer un proyecto compacto y asentado. Todavía queda trabajo para determinar qué necesitamos, qué cosas debemos mejorar para adaptarnos y poder dar el mejor servicio a nuestros alumnos. Elaienea será un colegio con una oferta educativa reconocible. Dependerá de si consolidamos la línea en Infantilpara determinar bien cuál es nuestro tamaño y adaptarnos a él.