Asier Altuna: "Las comedias que más me gustan son las serias"

El cineasta siempre tiene entre manos algún proyecto audiovisual, bien sea una película documental, como 'Hondalea', o una de ficción -que ahora está en proceso de financiación- como es 'Karmele' - Hablar con el director de 'Amama' y codirector con Telmo Esnal de 'Aupa Etxebeste!' y 'Agur Etxebeste!' siempre resulta un ejercicio interesante.

06.12.2021 | 09:46
Altuna ya tiene un nuevo proyecto entre manos, la película 'Karmele'.

A Asier Altuna le gustaba dibujar y pensó en estudiar Bellas Artes, pero se quedó enganchado en las redes del llamado séptimo arte cuando pasó por la Escuela de Cine de Andoain. Ha estado en la última edición de Zinemaldia con la película documental Hondalea, centrada en el proceso de la escultura que Cristina Iglesias ha hecho para el faro de la isla de Santa Clara (Donostia), tiene un largo de ficción entre manos y se ríe a carcajadas cuando se le dice que en la Wikipedia pone que tiene nacionalidad uruguaya, país que asegura no conocer.

Después del documental sobre Arzak llega otro sobre un trabajo muy especial de Cristina Iglesias.

Y los dos se han estrenado en Zinemaldia con un año de diferencia. La verdad es que no paro de hacer cosas. Esta película, Hondalea, es una invitación que me llegó para rodar todo el proceso de la obra de Cristina en el faro de la isla de Santa Clara. Ha sido muy interesante, y también un lujo haber podido estar como testigo de esta obra, sobre todo por la dimensión y las dificultades que tuvo: primero, la construcción de la escultura en Éibar, y luego la adaptación de la casa del faro para acogerla. También está la parte del estudio de la artista y haberla conocido.

¿Una grabación ardua?

Más bien larga, veinte meses de estar presentes como de lejos para no molestar mucho; veinte meses en los que hemos visto cómo Cristina Iglesias se relaciona con su arte y con toda la gente que ha colaborado en el proyecto de Hondalea. Después de las grabaciones pasamos al montaje de la película. Teníamos muchas horas de material y no ha sido fácil elegir lo que pensábamos que tenía que estar dentro y lo que hemos tenido que dejar fuera. Ha sido interesante porque siempre ha estado presente en este trabajo la naturaleza, y el mar ha jugado un papel esencial. ¿Arduo? Imagínate, veinte meses. Están todas las estaciones, que han sido muy diferentes unas de otras a lo largo de este tiempo.

Una grabación con limitaciones, ¿no?

Claro. Las limitaciones las pone la propia obra. No nos salimos de Hondalea. Ha sido un ejercicio muy interesante intentar contar lo que ha pasado durante esos meses en esa isla, ese faro y alrededor de todo ello.

Le conocemos por películas como las dos de Etxebeste o Amama, pero sin embargo su currículo tiene muchos más títulos de documentales y cortos que de largometrajes.

Cada trabajo es un reto y a mí me gusta enfrentarme a los retos. Me gusta la ficción porque me deja jugar con el guion y las historias. Hay una parte que me encanta, el proceso de escritura y poner a los personajes al límite, mantenerlos en suspense. Los cortos y los documentales me parecen espacios mucho más libres, te dan más posibilidades de poder experimentar. Puedes jugar con el sonido y con elementos muy diversos. Tengo que reconocer que me gusta crear historias, sean de ficción o no. Cada película, sea del formato que sea, es diferente. Cuando se me presentó Hondalea me puse a rodar; simplemente a rodar, pero teniendo en cuenta la personalidad de Cristina y sus ideas acerca del tiempo y de lo que quiere comunicar con sus obras. Son procesos maravillosos, porque están vivos. Tu estás detrás de la cámara como espectador de lo que está pasando, y lo que ves lo transmites desde tu punto de vista.

¿Ha tenido más dificultades en este documental que en el que hizo sobre Arzak?

Son totalmente diferentes. Cada familia, persona o personaje con los que estás trabajando te da unas dificultades y también unas facilidades. En cada una de ellas hay procesos diferentes de acercamiento. Con Arzak me costó un poco por lo discretos que son él y su hija Elena. Me costó adentrarme en su personalidad por lo poco que les gusta hablar de ellos mismos. Tuve que recurrir a sus amigos, sobre todo a Adrià, Subijana o Arguiñano, gente de alrededor, para saber un poco más sobre Arzak. Él no se soltaba y Elena tampoco, pero a través de sus amigos conseguí conocerles bastante.

¿Cristina Iglesias también se cerraba?

No, no fue esa la dificultad. La dificultad estaba en contar en poco tiempo y de manera muy directa lo que ha sido el proceso de elaboración de una obra con dos matices: intentando ser elegante y hacerlo desde mi punto de vista. Hasta que una película, sea del tipo que sea, está terminada, hay muchas dudas y te haces muchas preguntas por el camino. Que cada proyecto tenga unas dificultades propias hace que cada película sea diferente. Lo bueno de nuestro oficio es que siempre estamos ante un reto diferente. Es lo que más me gusta de mi curro, que antes de empezar la peli no sabes cuáles son esos retos, no sabes dónde te vas a sentir más inseguro, cuál va a ser el punto más difícil.

¿Qué hace para salvar las dificultades?

Enfrentarme a ellas. Eso es válido en esta profesión y en cualquier otra. Te enfrentas a los retos y vas haciendo tu camino.

Amama era un drama de ficción; Aupa Etxebeste! y Agur Etxebeste!, comedias; las películas sobre Arzak y Cristina Iglesias documentos sobre proyectos vitales reales€ ¿Es difícil saltar de género y de modelo de producción?

Cuando partes de una premisa de hacer algo puede hasta salir mal. Tengo que decir que Aupa Etxebeste! no nació del espíritu de hacer una comedia. Era una historia que nos interesaba muchísimo y se fue convirtiendo en comedia. Agur Etxebeste! fue un encargo de comedia con todos los ingredientes. Al final, lo importante es contar la historia de personas y que el espectador se las crea. Las comedias que más me gustan son las serias, esas en las que te encuentras con personajes que están en situaciones supercomplicadas, te las crees y te hacen reír. Eso es lo bonito. Pasar de una historia a otra es una cuestión de oficio. Ahora mismo estoy escribiendo una película, así que sí, tengo capacidad para saltar de un tema a otro de forma fácil.

Además de hacer cine tiene usted otros talentos ocultos. Por ejemplo, dibujar.

Siempre lo he hecho, aunque también tengo que decir que lo hago a mi manera, o sea, bastante mal. Es cierto que de pequeño quería hacer Bellas Artes, pero el cine me pudo. Cuando había clase de mates yo me pasaba el tiempo dibujando en los cuadernos de ejercicios. No he depurado mucho la técnica, pero es verdad que cuando tengo secuencias de ficción intento dibujarlas para que me ayuden a visualizar la escena.


Amama ha sido la película más personal suya. ¿De dónde surgió una historia tan introvertida?
Es la más personal porque el mundo del caserío es mi infancia. Hasta los 18 años viví en un caserío y creo que tengo sobre ese tema un imaginario bastante potente. Siempre dicen que la que contribuye a desarrollar el imaginario que tienes de adulto es la infancia. Hay un montón de detalles en esa peli que me remiten a la mía. A la abuela de Amama la veo como a mi propia abuela, esa mujer que estaba sentada en el txoko al lado del fuego en el caserío. Para mí era una persona superelegante, bonita y dotore.

¿Y la historia que cuenta tiene que ver con usted?
Nada. No es mi historia personal, pero sí que tiene un montón de recuerdos: la recogida de hierba, la familia, la relación con la abuela, el trabajo continuo del caserío...

Telmo Esnal y usted han escrito y dirigido juntos. ¿Resulta cómodo que dos cabezas trabajen para un mismo proyecto?
Con Telmo todo ha sido muy fácil. Además de trabajar juntos, nos hemos reído muchísimo en los proyectos que hemos hecho los dos. Hemos formado un tándem durante años que creo que ha sido muy bueno y que ha funcionado estupendamente. Fue muy necesario juntarnos los dos en la película Aupa Etxebeste! Le miraba y me daba una tranquilidad impresionante. Sentíamos que éramos muy complementarios. Yo creo que esa complicidad que teníamos entre los dos hizo que la peli creciera muchísimo.

¿Y eso aligera el trabajo?

Pues no; al ser dos creo que se trabaja el doble. Cada plano te lo piensas mucho, te lo replanteas, lo discutes... Trabajas más, pero es mejor. Recuerdo una serie que hicimos los para ETB, Brinkola, que fue una fiesta, y no solo para nosotros dos, también para el equipo de guionistas. Fue uno de los procesos donde más disfrutamos de escribir y nos reíamos mucho. Ahora cada uno de nosotros hemos ido haciendo nuestro camino. Con Telmo he disfrutado haciendo cine, y lo más importante, he aprendido mucho de él. También es cierto que hemos hecho películas cada uno por su cuenta que igual en pareja no las hubiéramos podido hacer.

¿Volverán a juntarse?

Nunca se sabe. Quizá. Si hay un proyecto para compartir, yo estaría encantado.

Una curiosidad. Nace en Bergara, pero tiene nacionalidad uruguaya.

Perdona. ¿Nacionalidad uruguaya? Explícalo, por favor.

Es lo que, si nadie lo ha corregido, pone en la Wikipedia en el momento de hacer esta entrevista.

Ja, ja, ja€ ¿De verdad? No tenía ni idea. Nunca he mirado si mi nombre sale en la Wikipedia.

Además pone que estudió Bellas Artes en la Universidad de Uruguay.

¡Qué cosas! No tengo ni idea, pero te aseguro que lo voy a mirar. Nada que ver con esa parte que dices. Cuando acabé en la Escuela de Cine de Andoain me fui con otros tres amigos a Venezuela. En realidad, los cuatro nos queríamos ir a la Escuela de San Antonio de Baños en Cuba, pero no nos cogieron. Había otras opciones en Sudamérica, una en Brasil y otra en Venezuela. Nos cogieron en este último país y como teníamos una beca de la Diputación, allí que nos fuimos. Fue muy interesante y aprendimos el oficio de hacer cine. Acabamos los cuatro trabajando en películas para televisión. A mí me tocó trabajar de maquinista y estuve casi un año allí. Cuando volví a Euskal Herria, con el oficio ya aprendido, enseguida encontré trabajo, de maquinista o de luminotécnico, pero en Uruguay no he estado nunca, así que tener esa nacionalidad me resulta difícil.

El cine vasco parece estar en boca de todo el mundo. ¿Cómo lo ve usted?

Es un momento muy especial. Hay un montón de gente proponiendo películas muy diferentes, desde una superproducción como puede ser Irati, de Paul Urkijo, que se está rodando ahora mismo, películas tan especiales como las que puede hacer Maider Oleaga, pasando por mucha otra gente con ganas de contar historias. Hay muchos directores con ideas brillantes y también tenemos unos equipos técnicos muy buenos. De todo lo que se hace, siempre hay dos o tres películas que destacan cada año. Y el cine en euskera ha subido mucho, cuando hace quince años no lo había. Es una forma de contar las historias en la lengua en la que vives, y contar las historias en tu lengua me parece un lujo.

¿Han cambiado las plataformas la situación del cine?

Es cierto que se están haciendo muchas series y que el trabajo se ha dispersado. Lo que puedo decir es que no falta el trabajo, y eso es muy importante para todos nosotros. Hemos conseguido que las plataformas vengan al País Vasco a rodar, y eso nos beneficia a todos. Ahora mismo, al oficio de hacer cine se le ve con perspectivas de futuro. Podemos seguir inventando historias con la ilusión de acabar rodándolas.

Para acabar, ¿cuál es el proyecto que ha comentado que tiene entre manos?

Una película que se llama Karmele, con la que estoy en el proceso de financiación. Es una coproducción con Francia y está basada en un libro de Kirmen Uribe, La hora de despertarnos juntos. Cuenta la historia de una familia de Ondarroa que cuando llegaron las tropas de Franco se tuvo que ir, porque la expulsaron del pueblo. Resumiendo, es una historia de amor entre dos jóvenes vascos exiliados y siempre con la guerra de fondo, una historia especial, épica y basada en un hecho real. Es complicada de financiación, pero estamos en ello. Hemos pedido ayuda al Gobierno vasco y ya la hemos conseguido de la región de Aquitania. 


PERSONAL
 
Edad: 52 años (4 de mayo de 1969).
Lugar de nacimiento: Bergara (Gipuzkoa).
Formación: Le gustan las artes plásticas –en un principio pensó en estudiar Bellas Artes–,  pero descubrió en la Escuela de Cine de Andoain que contar historias a través de una cámara era algo que le atraía notablemente. 
Trayectoria: La primera vez que Asier Altuna pasó por el Festival de Donostia fue en 2005 y lo hizo con Aupa Etxebeste!, película que rodó con Telmo Esnal. En 2011 se presentó con el largometraje documental Bertsolari; en 2020 fue al Festival donostiarra con un documental sobre Arzak y en 2021 ha vuelto con uno sobre la artista Cristina Iglesias, Hondalea. Desde 1997 ha hecho cortos y largometrajes entre los que se cuentan Txotx, 40 ezetz, II terminal, Topeka, Aupa Etxebeste!, Sarean, Artalde, Urte berri on, amona!, Bertsolari, Soroa, Amama y Agur Etxebeste! Ahora trabaja en una nueva película, Karmele.
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