La gripe suele considerarse una infección respiratoria leve o moderada, pero en determinados casos puede evolucionar hacia complicaciones graves.
Una de las más frecuentes y peligrosas es la neumonía, que continúa siendo una de las principales causas de hospitalización en adultos.
Detectarla de forma precoz puede marcar la diferencia entre un tratamiento domiciliario exitoso y la necesidad de atención hospitalaria.
La neumonía puede aparecer como consecuencia directa de la gripe u otras infecciones respiratorias. En estos casos, el empeoramiento no siempre es brusco, lo que dificulta su identificación.
Por ello, es fundamental prestar atención a determinados síntomas que indican que el cuadro ha dejado de ser una gripe fuerte o un resfriado y ha escalado a una patología más grave.
Síntomas
Los síntomas clásicos de la neumonía incluyen la falta de aire, el dolor torácico, la fiebre alta y la expectoración purulenta.
Estas manifestaciones son las más habituales, aunque existen formas atípicas de neumonía que pueden presentar una sintomatología menos evidente. Aun así, hay señales claras que deben poner en alerta tanto al paciente como a su entorno.
Uno de los primeros signos de complicación es el aumento de la fiebre o su reaparición tras varios días de mejoría.
En una gripe no complicada, la fiebre suele remitir de forma progresiva. Si vuelve a aparecer o se eleva de manera significativa, puede indicar una infección pulmonar.
El dolor torácico es otro síntoma relevante, especialmente si se intensifica al respirar o toser.
También es frecuente la disminución del apetito y un deterioro general del estado físico.
La respiración sibilante, con ruidos anómalos al respirar, y el cambio en las características del las flemas son señales claras de alarma.
En la neumonía, la expectoración suele volverse purulenta o de color herrumbroso, a diferencia de la tos seca que caracteriza a la gripe.
Conviene recordar que la gripe suele presentarse con dolor muscular, dolor de cabeza y tos seca. Cuando estos síntomas se acompañan de dificultad respiratoria o empeoran de forma notable, es necesario descartar una complicación pulmonar.
Las principales señales de alarma aparecen cuando se alteran de forma drástica las constantes vitales.
Indicadores de gravedad
Una fiebre muy alta, la elevación o disminución anormal de la frecuencia cardíaca, la caída de la tensión arterial y, especialmente, la disminución de la saturación de oxígeno son indicadores de gravedad.
En personas sanas, una saturación por debajo del 95% ya es motivo de preocupación si existe dificultad respiratoria.
En personas con problemas respiratorios previos, la valoración debe hacerse en función de su saturación habitual.
Ante cualquiera de estos síntomas, es importante no minimizar el cuadro y consultar con un médico, ya que la detección temprana de la neumonía permite iniciar el tratamiento adecuado y reducir de forma significativa el riesgo de complicaciones mayores.