Durante años, la comunidad científica ha tratado de encontrar soluciones a cómo deshacerse de la forma más segura posible de las baterías cuando estas ya han sido utilizadas. Y ahora, gracias a la EHU, podríamos estar cerca de darle una respuesta a la pregunta del millón: ¿Es posible hacer una batería para nuestro teléfono móvil que, una vez usada, se pueda desechar sin más, por ejemplo, enterrándola en el jardín?
La resolución al misterio la ofrece el investigador y profesor de la Escuela de Ingeniería de Bilbao de la EHU Erlantz Lizundia, que lidera el grupo Life Cycle Thinking Group. En el quinto episodio de EHUpodcast, una iniciativa de la Universidad del País Vasco, ha detallado cómo podemos proteger el medioambiente utilizando materiales naturales.
"Electrónica sostenible"
Según explica el investigador de la EHU, el grupo Life Cycle Thinking Group ha desarrollado "una innovadora batería compostable para móviles fabricada con zinc y materiales naturales como algas y celulosa, en colaboración con la Escuela Politécnica de Zúrich y la universidad de Nueva Gales del Sur. El principal reto ha sido lograr que estos componentes orgánicos soporten los ciclos de carga y descarga sin perder eficiencia técnica", detallan. Y es que, aunque su capacidad energética aún no alcanza la de las baterías de litio convencionales, "este avance representa un hito crucial hacia una electrónica sostenible y libre de residuos tóxicos".
Otras iniciativas
Este no es el único proyecto en el que se encuentran inmersos desde Life Cycle Thinking Group. Partiendo de la base de que solo el 12% de la economía actual es circular, Lizundia defiende el supra-reciclaje como la estrategia del futuro, definido este como un modelo que transforma los residuos en materiales con propiedades y valor superiores a los del producto original mediante procesos térmicos o mecánicos.
Asimismo, el equipo ha desarrollado un sistema que utiliza serrín modificado para limpiar microplásticos del agua, aprovechando la capacidad de este material para atraer y atrapar las partículas contaminantes. "Lo más novedoso del proceso es que el residuo resultante —la mezcla de serrín y microplásticos— se transforma en láminas para fabricar mobiliario, como mesas o asientos, eliminando la necesidad de usar adhesivos tóxicos como el formaldehído", recuerdan desde la EHU.