La Real Sociedad otuvo este domingo una muy importante victoria, frente al Celta en Anoeta. El conjunto txuri-urdin salió indemne, al menos en cuanto a marcador, de una primera mitad en la que el rival logró superar la presión blanquiazul. Y los de Pellegrino Matarazzo se replegaron luego tras el descanso, después de la expulsión de Caleta-Car, para avanzar hacia la victoria desde un sistema 5-3-1, muy hundidos en campo propio. El conjunto guipuzcoano mostró una cara más fiable cuando se ordenó en bloque bajo, habiendo sufrido antes al lanzarse a apretar arriba a los gallegos. Este es el análisis táctico del encuentro.

La Real saltó al campo pensando en presionar de forma agresiva a su rival, para quitarle tiempo y conseguir robos altos que le permitieran contragolpear. A tales efectos, Matarazzo pensó en apretar a los tres centrales del Celta con sus tres teóricos delanteros, Oyarzabal, Guedes y Barrene. Los gallegos tenían así que orientar su salida de balón hacia cualquiera de los dos carrileros, a por quienes saltaban en ese instante Aramburu o Aihen.

Punto de partida de la presión realista. Los círculos rosas marcan las posiciones libres de marca de los carrileros Hugo Álvarez y Carreira.

Recepción de Hugo Álvarez en izquierda. Aramburu ha avanzado para presionarle, y corrige tras él Jon Martín, quien se empareja con Bryan en banda. La zaga entera compensa estos movimientos y, en el lado opuesto al balón, queda 'flotado' el extremo El-Abdellaoui.

Misma situación, pero en la banda opuesta. Salta Aihen a por Carreira, y corrige detrás Caleta-Car para marcar a El-Abdellaoui. Este movimiento del croata significó para la Real un primer gran quebradero de cabeza...

Dubitativos

Los primeros desajustes txuri-urdin en la presión comenzaron a darse en situaciones como la que ilustra la última imagen vista. Caleta-Car tuvo ciertas dudas a la hora de escorarse tanto a banda, donde podía quedar muy expuesto. Y esto generó a su vez dudas en Beñat Turrientes, quien no sabía si asumir las vigilancias junto a la cal o permanecer dentro.

Carreira ha recibido el balón, ha sido presionado por Aihen y ha pasado a Ilaix, mientras Turrientes duda abajo al ver solo a El-Abdellaoui. El marroquí no ha sido perseguido por Caleta-Car y su ubicación, sin marca, alerta al beasaindarra. La acción acaba con falta de Sucic al propio Ilaix, a quien atienden los servicios médicos mientras Matarazzo ajusta el problema.

El técnico estadounidense ordena a Aihen que no salte ya a por Carreira dejando solo a El-Abdellaoui. Debe permanecer con este, mientras es Turrientes quien se encarga del propio Carreira. Termina de compensar todos estos movimientos el emparejamiento de Caleta-Car con Ilaix en la medular.

Apenas un minuto después del anterior desajuste, la Real ya se empleaba según lo ordenado por Matarazzo desde el banquillo durante la pausa por atención a Ilaix. Pero apenas hubo tiempo para asimilar los cambios, y la primera intentona no pudo ejecutarse bien. Aún así, tuvo final feliz...

Jugada inmediatamente posterior al ajuste. Turrientes debe salir fuera a por Carreira, pero duda al ver solo por dentro a Ilaix, no lo suficientemente acosado por el también dubitativo Caleta-Car. El pase de Manu al propio Ilaix raja en canal todo el entramado txuri-urdin, pero el centrocampista del Celta se resbala y el robo local se traduce ipso facto en el 1-0 de Mikel Oyarzabal.

Pese a que el movimiento de Matarazzo no se ejecutó bien en primera instancia, Giráldez detectó que la Real se había ajustado en la zona y enseguida cambió de bandas a sus dos carrileros, Carreira y Hugo Álvarez. Los txuri-urdin reaccionaron a su vez apretando en la derecha como lo estaban haciendo ya en la izquierda. Es decir, ordenando a su pivote (Gorrotxategi) salir a banda para que detrás el lateral (Aramburu) pudiera quedarse con el extremo (Bryan).

Aquí vemos a Gorrotxategi encargándose en banda de la presión a Carreira.

Puede parecer poco lógico que Matarazzo ordenara a sus pivotes encargarse de los carrileros rivales. A priori nunca resultaría coherente emparejar a hombres interiores con futbolistas exteriores del adversario. Pero los últimos partidos del Celta convertían esta decisión del técnico txuri-urdin en absolutamente entendible.

Celta-Rayo de la 20ª jornada: los dos carrileros vigueses (Mingueza y Carreira) esperan el balón en el centro del campo, a modo de interiores, y vigilados por los pivotes vallecanos.

Sí, el nuevo funcionamiento txuri-urdin tenía todo el sentido. Pero la movilidad de los futbolists del Celta y la intención realista de mostrar agresividad en la presión se tradujeron en constantes hallazgos de hombres libres por parte gallega. Aquí Gorrotxa ha salido a por Hugo Sotelo dejando solo a su espalda a Carreira, quien recibe el esférico.

Matarazzo demostró, tanto en la rueda de prensa previa como durante el partido, tenerle mucho respeto a esas recepciones interiores de los carrileros del Celta. Para tapar líneas de pase hacia Carreira, por ejemplo, situó a Guedes delante como pantalla (sin saltar a Marcos Alonso), por mucho que Gorrotxa se encargara del propio Carreira. Sin embargo, el conjunto vigués encontró casi siempre soluciones, por dentro o por fuera, ya que acostumbró a mantener escorado a uno de sus dos carrileros (Hugo Álvarez en la imagen, en la banda derecha).

El Celta jugó bastante cómodo según lo analizado, y además ganó así capacidad de sorpresa en las contadas ocasiones en que situó por dentro a sus dos carrileros. La de la imagen fue una de ellas y le implicó a Caleta-Car salir de zona para acosar a Hugo Álvarez, un movimiento que derivó en su entrada a Manu y en la consiguiente expulsión.

Con uno menos

El partido de la Real contra el Barcelona, una semana antes, ya había mostrado una versión txuri-urdin más eficiente en el repliegue que en la presión agresiva, sensaciones que se repitieron frente al Celta. Cabe incluir en la ecuación que el culé y los gallegos son dos de los equipos de la Liga con mayor capacidad para desarticular los bloques altos de los rivales. Y a partir de ahí toca subrayar que, al menos en los dos últimos encuentros, los de Matarazzo han visto vulnerados sus ímpetus de apretar arriba. Este domingo, tras la roja a Caleta-Car, agardecieron, dentro del fastidio que supuso jugar con uno menos, el hecho de actuar más protegidos durante la segunda parte.

No pudo terminar de ajustar a su equipo durante toda la primera mitad, pero acertó Matarazzo con sus decisiones en el intermedio: cambió el sistema a un 5-3-1 más protegido, pero se ocupó también de no perder amenaza ofensiva. Para esto último, mantuvo en el campo a Sucic en el rol de lanzador de posibles contras, apostó también por dejar en el campo al profundo Guedes e introdujo también a Álvaro Odriozola para ejecutar un doble rol. El donostiarra reforzó en defensa la banda de Aramburu y aportó velocidad para estirar al equipo en ataque. Además, el punta del 5-3-1, Mikel Oyarzabal, esperó al rival algo escorado a la izquierda para tapar los envíos de Óscar Mingueza, futbolista de muy buen pie.

La última vuelta de tuerca de Matarazzo, al menos entre las trascendentes, residió en sustituir a un fatigado Guedes para dar entrada a Pablo Marín. Gracias a este movimiento, el riojano dotó al equipo de agresividad en la marca a Mingueza, inicio de los ataques más peligrosos del Celta. Además, Oyarzabal pudo actuar así algo más descolgado, para ejercer de punta de lanza en caso de robo. Precisamente la imagen adjunta corresponde a los instantes previos a la recuperación que dio origen al 2-1.

La Real basó su victoria en un trabajo defensivo constante y que vivió distintas etapas a lo largo del encuentro. Sufrieron los txuri-urdin durante la primera parte, once contra once, al ver superada su presión alta. Y, pese a actuar con un futbolista menos, parecieron sentirse más cómodos en la segunda mitad, más protegidos en cuanto a estructura (5-3-1) y replegados en torno a la frontal del área propia.