La Real Sociedad logró una importante victoria en Anoeta, este domingo contra el Barcelona. El cuadro txuri-urdin tiró de energía y de amor propio para contrarrestar la superioridad mostrada por el cuadro culé, y que se dio tanto en materia técnica como a nivel táctico. El plan diseñado por Hansi Flick hizo mucho daño a los blanquiazules, sobre todo durante el tramo inicial del encuentro, y resultaron luego interesantes los movimientos de pizarra de un Pellegrino Matarazzo que, sin lograr darle la vuelta a la tortilla, sí consiguió al menos que su equipo pasara a sufrir un poco menos.
La idea con la que el técnico estadounidense encaró el encuentro apuntó a dos tipos de contexto, residiendo ambos en situaciones defensivas. Conservar el balón y protagonizar largas secuencias de pase iba a resultar complicado contra todo un Barcelona, equipo que además suele castigar de forma implacable las pérdidas de su rival (no convenía perder balones absurdos). Así que el propio Matarazzo preparó distintas alturas de presión, todas ellas con el objetivo indirecto de robar el esférico y correr en transición. En líneas generales, la Real se movió entre dos registros diferentes: el bloque alto para apretar arriba, y el repliegue en campo propio. Analicemos ambos panoramas, uno por uno.
Presión agresiva
Vimos pocos cambios en la estructura de la Real para presionar. Por no decir ninguno. Cuando se lanzaron a apretar con agresividad, los txuri-urdin apostaron por un 4-4-2 en el que Brais Méndez se situaba en primera línea (en paralelo junto a Oyarzabal) y en el que correspondía a Zubeldia corregir la teórica inferioridad numérica interior en el centro del campo ante el 4-2-3-1 del Barça (el azkoitiarra debía salir arriba para emparejarse con el mediapunta Fermín López).
A la Real le costó ajustar de inicio este tipo de presión, en virtud también de los acertados movimientos del Barça. Flick apostó por configurar con balón un centro del campo en el que De Jong bajaba a recibir el esférico muy cerca de los centrales, haciendo dudar a Carlos Soler entre perseguir o no al neerlandés. Y, por delante, Pedri y Gavi se ubicaron a modo de interiores, condicionado las posiciones del propio Carlos Soler y de Turrientes. El valenciano tuvo un continuo dilema: saltar a por De Jong o quedarse en la medular con Fermín, con quien Zubeldia no terminaba de emparejarse.
La Real apenas dejó de verse sometida por el Barcelona durante todo el partido. Lo logró, si acaso, durante breves minutos después de hacer el 2-1. Pero también es cierto que al menos consiguió ajustar su bloque alto, mediada la primera parte. No se produjo entonces una compleja maniobra táctica de Matarazzo. El cambio a mejor residió más bien en trasladar a todos los futbolistas implicados en la presión la idea de perseguir a las marcas sin miedo, eliminando así cualquier opción de superioridad posicional. Carlos Soler pasó a saltar sin temor a por De Jong. Zubeldia hizo lo propio con Fermín. Y, dentro siempre de un contexto de inferioridad, los txuri-urdin vieron al menos cómo el Barcelona dejaba de girarles por dentro y de ponerles a correr hacia atrás.
Bloque bajo
Una vez que solucionó en parte los problemas iniciales a la hora de presionar arriba, la Real pudo centrarse en dar continuidad al nuevo funcionamiento de ese bloque alto y en desarrollar también lo preparado para las fases de obligado repliegue. Con vistas a este segundo panorama, Matarazzo demostró haber estudiado el comportamiento de un Barça habituado a completar salidas de tres centrales, con Balde proyectado a extremo izquierdo y con ese teórico extremo zurdo desplazado a parcelas interiores.
Se mostró valiente Matarazzo eligiendo a Take Kubo como futbolista bisagra para igualar en defensa esa línea de cinco barcelonistas. El japonés, extremo dentro del 4-2-3-1 txuri-urdin cuando la Real tenía el balón, se convertía a menudo en quinto zaguero (carrilero derecho) al perseguir a Balde en contextos de repliegue sin el esférico. El entrenador podía haber designado este rol a Ander Barrenetxea. O incluso a Álvaro Odriozola dentro de un doble lateral. Pero prefirió no verse demasiado condicionado por el adversario.
El paso de los minutos, el marcador favorable, la insistencia barcelonista en ataque, los perfiles de algunos futbolistas de la Real y la fatiga física obligaron a Pellegrino Matarazzo a ir ajustando sobre la marcha los mecanismos del repliegue txuri-urdin. El estadounidense protagonizó dos movimientos con tal objetivo durante la segunda mitad, residiendo el primero de ellos en dar entrada a Álvaro Odriozola para que el donostiarra ejerciera el papel en defensa que venía desempeñando Kubo. Además, el japonés ganó unos metros sobre el campo para ejercer de extremo en un nuevo 5-4-1, dentro del cual su papel defensivo residía en tapar más dentro que fuera las intervenciones de Eric García (central zurdo en la ya vista salida de tres blaugrana).
De cara ya al último tramo del encuentro, Hansi Flick movió ficha al dar entrada a Rashford por Dani Olmo para el rol de extremo izquierdo, papel que inglés y catalán desarrollan de forma muy diferente. El propio Olmo venía centrando su ubicación constantemente, encargándose de él un Jon Mikel Aramburu que en la zaga de cinco txuri-urdin ejercía como central diestro. Rashford, mientras, se pegó a la cal y llevó a Matarazzo a matizar su 5-4-1, dotando el estadounidense a ciertos futbolistas de misiones diferentes.
Ya con Caleta-Car en el eje de la zaga, sentó a Aramburu, desplazó a la derecha a Jon Martín y cerró con tres centrales puros, más Odriozola y Aihen como carrileros en las bandas. El donostiarra pasó de encargarse de las subidas al ataque del lateral (Balde o Cancelo) a marcar al propio Rashford pegado a la cal. Delante, el extremo derecho del mencionado 5-4-1 fue en los últimos minutos Gonçalo Guedes, olvidándose de los centrales culés (no como antes Kubo) y dedicado a ayudar en banda con el segundo hombre que Flick empleó en el ala izquierda para buscar el gol.
No fue el mejor partido de la Real de Matarazzo. El cuadro txuri-urdin se vio superado durante largas fases del partido por el Barcelona, no ya en materia técnica sino también a nivel táctico. La valentía del estadounidense supuso un hándicap por momentos, para un conjunto txuri-urdin superado por dentro. Pero el plan trazado por el entrenador blanquiazul, arriesgado, significó también un ambicioso mensaje hacia los futbolistas, que respondieron mediante un emocionante derroche de energía. Además, el propio Matarazzo fue corrigiendo sobre la marcha a los suyos, ajustándolos a la pizarra y logrando conservar así una renta preciosa. Todo se ve de forma diferente desde los actuales 24 puntos.