Créanme, en el mundo del fútbol, ya nadie está para dar lecciones a nadie. El que esté libre de culpa y no arrastre muertos en sus armarios, podrá tirar la primera piedra, pero ya no cuela. No se salva ninguno. Ni la Real, por supuesto.

Llegados a este punto, todos somos plenamente conscientes de lo que está bien y lo que está mal. De lo que hacemos bien y de lo que hacemos mal. Y 24 años después y en la vuelta a una plaza que en el fondo, quién más y quien menos creo a todos los realistas nos ha hecho ilusión que el Oviedo haya vuelto a Primera, no hace falta que nadie nos enseñe o nos recuerde que cometimos un error histórico al hacer el tonto con Osasuna y su afición para que ganara en Anoeta y se salvaran. Que estén tranquilos los asturianos, que el tiempo y el destino ya nos pusieron en nuestro sitio unos años después, cuando el equipo se encontraba con el agua al cuello y, como le sucedió a William Wallace y a su cara teñida de txuri-urdin en la inmortal Braveheart, el supuesto amigo inseparable se quedó sin memoria y decidió mirar para otro lado en pleno fragor de la batalla. Castigo de Dios. Y bien merecido para que no olvidemos nunca la lección: en el fútbol no hay amigos, el campeonato lo disputan tu equipo y 19 enemigos. No es una cuestión de llevar las cosas hasta el extremo del famoso “písalo”, de Bilardo, pero con tener las cosas claras y ser conscientes del “ellos jamás lo harían por ti”, es suficiente.

Esto no quita para que en este país tengamos esa ventajista tendencia a echar la culpa a los demás en lugar de mirarnos al ombligo. La Liga consta de muchos partidos y al final coloca a cada uno en su sitio. Antes de señalar siempre resulta recomendable realizar un saludable ejercicio de autocrítica. A pesar de la jugarreta final, el Oviedo bajó por deméritos propios; exactamente igual que la Real unos años después. Es más, no fue capaz ni de ganar sus dos últimos encuentros. Eso sin entrar en que, embriagados por su eterna guerra con su vecino mal mezclada con la descarnada rivalidad sevillana, participó en otro paripé en un Sevilla-Oviedo que venció 2-3 y que acabó provocando el descenso del Betis. Incluso con un escándalo noruego por apuestas investigadas de por medio. Lo dicho, mejor que nadie tire esa primera piedra porque parecería parte de la lapidación de La vida de Brian…

Soler y Yangel Herrera

Me gusta eso de saber lo que está bien y lo que está mal. Porque en mi opinión, suceda lo que suceda y aunque es innegable que los fichajes de Soler y el posible de Yangel Herrera elevan con nitidez el nivel de la plantilla, esto no me va a cambiar la idea de que el mercado txuri-urdin está siendo un despropósito. Sinceramente digo que confío en que no se vuelva a repetir. Entiendo que Erik Bretos ha heredado de Olabe un marrón enorme y le ha pillado un poco en fuera de juego la planificación de dos plantillas, con sus consiguientes entradas y sus salidas. Con las renovaciones y los malencarados que quieren salir y no traen ninguna oferta. Es evidente que no es lo mismo ser el poli bueno siendo secretario técnico, que pasar a ser el poli malo como director deportivo. Y ahí está el ejemplo de Olabe, que se cuentan con los dedos de la mano los futbolistas que salían hablando bien de él. La cruda realidad. Aunque me consta que se han caído varias operaciones probablemente por el hecho de no estar en Europa, han sido demasiadas las veces que nos hemos acordado de la frase de Benítez: “Esperaba un sofá y me han traído una lámpara”. Bueno, seguro que Bretos lo hará mejor y a su manera en la siguiente ventana (la lista de nombres y sus precios desprenden cierto tufillo a influencia presidencial).

Una guardia pretoriana de Zubieta

No me considero un miembro de la Santa Inquisición con el papel de la cantera, como los que casi prefieren correr el riesgo de descenso a estar en Europa con más refuerzos, pero sí que entiendo que la fisonomía de mi club se basa en la gente de casa a la que considero casi como su Santo Grial. Y además me gusta y me siento orgulloso de ello. Una guardia pretoriana de gente formada en Zubieta y fichajes que marquen diferencias, ésa es nuestra respetada y apreciada filosofía. Por eso me chirrió tanto la metedura de pata de Imanol en su despedida y por eso también me impacta que, además de incorporar a tres-cuatro fichajes, que no me parece mal tal como está el fútbol, sean ya cinco los canteranos, jóvenes además, que han salido, a los que se pueden sumar Karrikaburu y Goti, por mucho que éste no quiera.

Lo siento, pero no me gusta. Me parece fatal que el presidente comparezca ante los medios y falte a la verdad de manera sistemática y recurrente. Como si no pasara nada y no fuese importante que al día siguiente todos publiquemos sus mentiras. Y no me entra en la cabeza que nos venda milongas aburriendo con el cansino tema de ser los mejores del mundo de lunes a viernes, de juntar generaciones y de que estos chavales son tan buenos que merecen que se les dé una oportunidad. Insisto, si fuera por ellos, saldrían siete. En Bilbao tienen que estar salivando pensando en su próxima pesca…

Prohibido perder la identidad

Todos queremos ganar y codearnos con los mejores, pero lo que está prohibido es perder la identidad porque a la larga te pasa factura de una u otra forma. Tenemos un buen ejemplo en nuestro rival de esta tarde, que tras perder la categoría superó la humillación de ir pasando por diferentes etapas de regional gracias al incondicional apoyo de una afición que nunca le dejó sola. Su historia no tiene desperdicio y dejó anécdotas memorables como la que sucedió cuando estaba en Tercera y tenían que visitar al Oviedo ACF, el club lanzado por el ayuntamiento para sustituirle (el viejo Astur al que incluso cambió el rojo por el azul para que diera el pego). Pero el sentimiento prevaleció por encima de cualquier otra circunstancia. Cuando el Oviedo de toda la vida tuvo que visitar a su incómodo vecino, éste decidió, para evitar incidentes, no poner entradas a la venta en su campo. Lo curioso del caso es que uno de los fondos del Nuevo Tartiere se encuentra a apenas cien metros, lo que permitió a unos 2.000 oviedistas presenciar el encuentro desde la distancia. En la modesta grada del estadio solo había 700. Por si fuera poco, además de llevarse el derbi menor por 1-3 con la algarabía en el barrio de enfrente, el Oviedo recaudó 1.800 euros en las urnas instaladas en el Tartiere para que los asistentes dejasen la voluntad.

El partido pasó a la historia como un maravilloso símbolo de unidad del oviedismo. Gracias al apoyo popular ya había conseguido el éxito del proceso de suspensión de pagos, que eliminó unos 30 millones de euros de deuda sobre un total de 42 a partir de la cual el sueño azul resurgió de sus propias cenizas.

En resumen, el “No se desunan” de Lasarte elevado a su máxima expresión. Yo lo entiendo todo, hasta el evidente proyecto de globalidad que persigue el presidente. Es cierto que el Sanse es el único filial en Segunda, lo cual dota de un valor extraordinario a Zubieta, que también ha habido momentos en los que era demasiado barato ascender al primer equipo y que yo quiero ver ganar a los míos todos los fines de semana, pero sobre todo suspiro por un club con personalidad, identidad, consecuente con su mensaje, fiel a su filosofía, firme, serio y con las ideas muy claras. Y pese a quien le pese, a esta Real no le reconoce ni Dios este verano. Aunque algunos no lo crean, hoy se disputa la tercera jornada y aquí nadie espera a nadie. Y con todo este guirigay, el bueno de Sergio a buscarse la vida para volver a Europa, que es a lo que nos hemos acostumbrado. Que alguien cierre el maldito mercado ya. ¡A por ellos!