Colaboración

Teorías conspiranoicas

07.05.2021 | 01:08

Todo síntoma es una interpelación a nuestra subjetividad que demanda ser interpretado. Por eso afirmamos que Trump, como síntoma, no es casual

Para entender este neologismo, utilizado profusamente en los medios de comunicación y redes sociales en estos últimos cuatro años (y acentuado desde la aparición de la pandemia), analicemos los términos que lo componen: conspiración y paranoia.

Conspiración: Entendemos por conspiración la unión de un grupo de personas y/u organizaciones que aspiran, ávidamente, a algo acorde con sus intereses y, por ello, planean una acción dentro del sistema establecido.

Paranoia: La paranoia es una enfermedad mental. La única en la que el paciente se nos muestra como una persona aparentemente normal. Es conocida ya desde la época clásica, y ha sido estudiada en profundidad por los sicoanalistas, especialmente Freud y Lacan.

La paranoia, generalmente, es consecuencia de una homosexualidad no aceptada y que se autorreprime. La persona paranoica, como no asume lo que él considera un pecado social, busca protegerse del rechazo que sufriría si la sociedad lo descubriese.

En la búsqueda de una salida para tratar de superar esta angustiosa situación personal, el subconsciente de la persona paranoica le impulsa a valerse de cualquier tipo de crisis interna al sistema social imperante, dada su sensibilidad especial para detectar este tipo de situaciones.

Puesto que él también está en crisis, necesita de esta para presentarse como salvador de una sociedad también angustiada. Este imperioso deseo de salvar a los demás no es más que la urgente necesidad de salvarse a sí mismo. Y, a la vez, nos sirve como síntoma para desvelar su enfermedad.

No se trata de planteamientos pretendidamente altruistas, sino profundamente egoístas. La persona paranoica utiliza a los demás, que la necesitan como salvador, para quitarse la carga de culpabilidad que lleva encima. Cree que así, con esa proeza, la sociedad le perdonaría.

¿Qué efectos producen en la sociedad estas teorías conspiranoicas? Dado que la mayoría de las personas conspiranoicas no pueden llegar a ser grandes salvadores, tienen que conformarse con crear en la sociedad, que no es paranoica, un estado subjetivo de profunda angustia que, en el fondo, busca que se acepte como imprescindible, y se reclame como única salida, una alternativa fascista de salvación, mediante la figura de un salvador (Hitler, Musolini, Franco, Trump, Bolsonaro, etc.).

En vez de buscar una sociedad más justa (transformando la angustia en coraje para cambiar una realidad social injusta a través de un movimiento político), el salvador que necesitan es el super-ego, el hombre de la ley brutal impuesta por las armas. Es el que luego va a masacrar al pueblo para ponerlo a los pies de los explotadores, con las políticas represivas, económicas y sociales más reaccionarias.

En resumen, toda teoría conspiranoica se crea y desarrolla cuando las personas paranoicas atribuyen, sin base ni fundamento real alguno –pero con convicción obsesiva- una crisis nacional o internacional (social, política, epidemiológica, de identidad, etc.) a grupos de poder ocultos.

El síntoma Trump Todo síntoma es una interpelación a nuestra subjetividad que demanda ser interpretado. Por eso afirmamos que Trump, como síntoma, no es casual. ¿Cuál es la verdad que se esconde tras este fenómeno?

La situación especial en EEUU por la que Trump se siente reclamado a presentarse como salvador, consiste en el inicio del declive de la hasta ahora primera potencia económica mundial, ante la emergencia de la nueva superpotencia capitalista China. Es decir, de la crisis profunda e irreversible del sistema capitalista USA y occidental.

Esta crisis se manifiesta, de manera concreta, en la pérdida de poder económico y simbólico de los supremacistas blancos USA. La combinación de estos dos factores, crisis/necesidad de un Salvador, fue lo que le llevó, contra todo pronóstico, a la presidencia de los Estados Unidos.

¿Quien le votó? La américa reaccionaria y supremacista blanca (con la inestimable ayuda, como creadores de angustia, de los movimientos QAnon y otros), a la cual se ha venido a añadir una nueva clientela: el proletariado de los estados desindustrializados por la deslocalización.

¿Cuál ha sido el mensaje de Trump para que esta gente le vote? Este ha sido su eje central: debemos restablecer la grandeza y supremacía económica y cultural de los EEUU (América First, lema histórico de los nazis en USA), que ha sido abandonada por las propias élites americanas a favor de los lejanos chinos. Estos exigen el traspaso de tecnología a las empresas de la deslocalización americana que han acudido al país asiático.

Trump, como buen paranoico, ve conspiradores enemigos por todas partes; de ahí sus ataques constantes a China (coronavirus chino, imposición de aranceles, acusarla de espionaje, etc.); salida de la OMS, críticas a la OTAN, tasas a la UE, control de la emigración para proteger el empleo en USA, etc.

No quiere a su lado a nadie que cuestione sus actuaciones (múltiples destituciones sin la menor contemplación). Asimismo, su obsesión por controlarlo todo, le lleva a acaparar la producción y difusión de la información, vía redes sociales (Twiter...).

Aunque nadie se ha atrevido a señalar su paranoia, fue la no aceptación de los resultados electorales manipulados, según él, por sus enemigos y el negacionismo ante el coronavirus, lo que llevó al Congreso y a la opinión pública a cuestionar su salud mental.

En fin, Trump buscaba curarse de su enfermedad, propagando la salvación de su país en crisis, y así conseguir la aceptación social de los USA.

La crisis que hizo aflorar a todos los paranoicos americanos persiste y, prueba de ello son las políticas continuistas contra China de Biden. No obstante, frente a una pretendida línea de salvación centrada en el aislacionismo USA, Biden pretende reflotar a EEUU, contando con el apoyo de sus aliados históricos, con los que había roto Trump. Bien es cierto que este proceder podría retrasar el proceso de decadencia, pero no podrá detenerlo. Es una ley histórica.

noticias de noticiasdegipuzkoa