Monopolios
Bainet, propietaria de Baiko, compra Aspe
A uno le tocó vivir bastante de cerca la creación de Asegarce en 1992. Aunque Iñaki Aseguinolaza y Pedro García fueron sus fundadores, a nadie se le oculta la autoría intelectual de Kiko Caballero. Y es que el de Zubiri, tras haber triunfado en la Pala, no había llegado a la Federación Vasca de Pelota para hacer faenas de aliño. Su singular inconformismo y su conocido activismo se notaron en el nacimiento de aquella empresa, que vino a agitar un panorama que se encontraba anquilosado. También se notó su espíritu combativo, añadimos, en el inmenso trabajo a favor de la selección oficial vasca de pelota, que ahora celebramos. El logro se lo debemos en gran medida a este catedrático de filosofía del derecho al que leemos de vez en cuando en este diario. Y al que dediqué una columna aquí en 2019.
Pasaron seis años antes de que aquello se rompiera y naciera Aspe, fundamentalmente agitando una bandera: romper el monopolio. Aquella escisión fue muy riojana en sus inicios, pero la entrada posterior de la familia Vidarte amplió el mapa, hasta que los de Eibar se hicieron con todo. A partir de ahí, las relaciones entre las dos empresas reinantes no siempre fueron estables, recuerdo a botepronto los dos campeonatos manomanistas paralelos de 1999. Hubo en su matrimonio aciertos y errores. Cambios de reglamentos, de marcas de ropa, de retransmisiones televisivas, de condiciones a los corredores de apuestas, y un largo etcétera. Para mí lo más vergonzoso, el desprecio con el que se les ha tratado a los verdaderos jueces de la pelota a mano.
Pero poco a poco se fue recorriendo un camino que se barruntaba iba a terminar donde ha terminado. Se vuelve al monopolio y al abuso de poder. Si la noticia era ya preocupante, las extrañas explicaciones ofrecidas por los protagonistas han ampliado nuestra desazón. Por su parte, Pelota Pro Liga anuncia novedades, tal vez para tranquilizarnos. Ya veremos lo que sucede, pero, de momento, resulta difícil que el panorama nos ilusione.
