El Bidasoa remonta un partido que tenía perdido

liga asobal los irundarras lograron un parcial de 4-10 en los últimos quince minutos que le permitió llevarse la victoria frente al anaitasuna en la capital navarra

13.09.2020 | 02:40
El Bidasoa-Irun continúa invicto esta temporada.

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ANAITASUNA Patrick Bols; Martín Ganuza (1), Etxeberria, Ander Torriko (6, 2p), Aitor García (3), Ander Izquierdo (1), Juan del Arco (3) –equipo inicial- Cancio (ps), A. Gastón (1), Antonio Bazán (5), Edu Fernández (4), Ibai Meoki, Héctor González, Chocarro (2), Dashko, y Fischer

BIDASOA-IRUN Xoan Ledo; Racotea (1), Zabala, Kauldi Odriozola (5), Iker Serrano, Tesoriere, Bonanno –equipo inicial– Sierra (ps), Crowley (1), Tao Gey (1), Furundarena, J. Aginagalde (4), Rodrigo Salinas (3), De la Salud (5,3p), Azkue (7) y Matheus da Silva.

Parciales 1-0, 4-3, 6-6, 8-9, 12-11, 15-12 (descanso), 17-13, 20-16, 22-18, 25-21, 26-24 y 26-27.

Árbitros Peñaranda y Yagüe (Comité aragonés). Exclusiones de Juan del Arco, Guillermo Fischer (2) y Gastón, por los navarros; Bonanno, Racotea, por los guipuzcoanos.

Incidencias Partido jugado en Iruñea.

donostia – El Bidasoa sacó adelante un encuentro que perdía con claridad. Durante tres cuartas partes del partido, Anaitasuna jugó mejor y cobró ventaja. Luego trató de gestionarla. Bien porque se le hizo largo y le faltaron las fuerzas para terminar, o bien porque los irundarras ofrecieron su mejor nivel, lo cierto es que el compromiso cayó del lado visitante (26-27), cuando pocos minutos antes sucumbía con holgura (22-17). Un parcial de 4-10 en el último cuarto de hora sentenció.

El técnico local Quique Domínguez sorprendió de salida con el sistema defensivo elegido. Un planteamiento muy profundo (3-3, 3-2-1), tratando de evitar que la primera línea del Bidasoa circulara el balón a su antojo. Los irundarras no se sintieron cómodos, cometieron errores con varias pérdidas de pelota y no encontraron espacios para que los lanzamientos llegaran a la meta de Bols o de Cancio cuando este se incorporó al portal navarro.

La defensa del Bidasoa, siempre en 6-0, fue consiguiendo el objetivo una vez superado el trance inicial (3-1). Cuando De la Salud transformó una falta máxima (3-3), el encuentro entró en una fase esperada de máxima igualdad. Se sucedían los empates. Entonces, Rodrigo Salinas y el debutante Tao Gey lograron dos goles consecutivos (7-9) el Bidasoa cobró su primera ventaja.

Antes de que fuera tarde, Anaitasuna solicitó el tiempo muerto correspondiente y recuperó la equidad con sendos tantos de Edu Fernández y Bazán (9-9). Un parcial favorable a los navarros volvió a sembrar dudas en el conjunto de Cuétara (13-11) que a falta de dos minutos para el descanso trató de que su equipo reaccionara. No lo hizo y eso que Azkue, protagonista en el ataque guipuzcoano, recortó la diferencia. Una pérdida y la aparición de Chocarro tras recuperación del esférico llevaron el 15-12 al descanso.

Los irundarras iban a remar contra corriente pese a iniciar el segundo tiempo con un jugador más por la exclusión de Fischer. O cambiaba mucho la fisonomía del equipo, o se dejaba los puntos en La Catedral. La brecha se hizo un poco más grande. A la exclusión de Racotea le siguieron unas dobles de Rodrigo Salinas, mientras en la portería se volvía a cambiar de inquilino. Los porcentajes no eran los habituales en el cuadro amarillo, al que posiblemente le pesaban en exceso los dos partidos anteriores que le exigieron mucho esfuerzo y de los que no se pudo recuperar en condiciones.

La brecha se hacía cada vez mayor (19-14) por lo que Cuétara se vio obligado a solicitar un tiempo muerto a los siete minutos de la reanudación. Su equipo no carburaba y distaba bastante del nivel ofrecido en los encuentros anteriores. Anaitasuna, en cambio, seguía muy convencido de lo que hacía porque notaba atolondrado a su rival. Con casi un cuarto de hora para el final, el conjunto navarro entró con tres goles de ventaja (22-19) y un poco en barrena.

Bidasoa creyó que la remontada era posible y esa confianza en sus fuerzas conllevó un paso al frente en defensa y una mayor fluidez en ataque. A medida que la diferencia menguaba, a los locales les quemaba el balón y a los visitantes lo contrario. Crecían todos a la vez, repartiendo la terminación de las jugadas en cualquier posición y con distinto brazo. Si la fe mueve montañas, los irundarras anoche creyeron hasta el infinito.