Borja Ortiz de Gondra

"Las historias familiares sirven para contar una época"

El autor Borja Ortiz de Gondra bucea en las historias de su propia familia en su nuevo libro.

10.07.2021 | 16:53
El autor Borja Ortiz de Gondra ha presentado el libro 'Nunca serás un verdadero Gondra'.

Lleva escribiendo la mayor parte de su vida y tiene un destacado currículo como autor teatral, Pero han sido dos obras relacionadas con su apellido: Los Gondra y Los otros Gondra, las que le han colocado en la cima de la popularidad. Ahora presenta el libro Nunca serás un verdadero Gondra.

No es fácil hacer una sinopsis de Nunca serás un verdadero Gondra, una historia que contiene otras en su interior y que bucea en los orígenes y el devenir de su familia desde el siglo XIX. Habla en primera persona y el protagonista no solo lleva su apellido, también su nombre, y se centra en la casa de los abuelos, situada en Algorta (Bizkaia). Todo empieza a pergeñarse en la mente del autor siguiendo una pieza del mobiliario familiar, un armario cubano. Borja Ortiz de Gondra escribió primero dos obras de teatro, Los Gondra y Los otros Gondra. Después se lanzó a la novela y a través de sus páginas se puede viajar del presente al pasado y vivir los avatares de una familia que hizo fortuna en Cuba, el mismo lugar donde luego la perdió, y que más tarde regresó a su tierra, Bizkaia.

Una historia demasiado familiar, ¿no le parece?

Sí, es el relato de lo que han sido cien años en esta familia, que se parece mucho a la mía. Es una autoficción y claro, no se puede creer que todo lo que cuento en el libro nos ocurrió realmente a los Gondra.

Nunca serás un verdadero Gondra. Este es el título de su novela, pero parece que hay un libro metido en otro, a modo de matrioska literaria.

Siempre tuve la duda de qué es lo que tenía que hacer, si escribir un testimonio o meterme en la ficción, por eso me inventé una doble familia. Comienza con los Gondra, la historia de mi familia y lo que nos ocurre a día de hoy, y desde los Gondra cuento cómo son los Arsuaga, la parte de ficción de esta novela.

Explicar la estructura de su libro puede ser algo complejo.

Porque ese juego entre las dos familias, la mía y la de ficción, es una forma de contar cómo todos los vascos hemos tenido esos relatos familiares, unos más lejanos y otros más cercanos. Desde el siglo XIX vamos contando historias con los mismos patrones. Yo la he querido contar desde mi familia más real y con una inventada.

¿Cuántos Gondras cree que hay por el mundo?

Cada vez salen más. Siempre he escuchado en casa que era un apellido muy reducido. El caserío Gondra original estaba en Mungia, pero cuando empecé a hacer las obras de los Gondra aparecieron muchos en Argentina y Uruguay. Me escribió gente con este apellido muy relacionada con la diáspora. Al final, creo que no somos tan exclusivos como pensaban en casa.

¿Por qué le dio por meterse en las entrañas de su familia, primero en teatro y ahora en el mundo de la novela?

Cuando uno escribe no eres tú el que elige las historias que contar, son ellas la que te eligen a ti. Hay algo que te ronda por la cabeza y algo que te exige contarlo. Todo parte de una historia familiar muy curiosa. En la casa de mis abuelos había un armario al que llamábamos el armario de Cuba. Había estado en la casa de los Gondra originales en La Habana, en el siglo XIX. Sabía que esos parientes, al terminar las guerras carlistas, se habían ido a Cuba, habían hecho una fortuna allí y volvieron con el desastre del 98, la guerra de la independencia cubana.

Así que lo que hizo usted fue abrir el armario de Cuba para que salieran los fantasmas de los Gondra.

Más o menos. A mí me fascinaban las historias que contaban en casa. Me quedaba con la boca abierta oyendo cómo esos parientes tuvieron que emigrar a Cuba, hicieron una fortuna, la perdieron y regresaron a su tierra, volvieron a Algorta y rehicieron la fortuna. Es una historia que se repite mucho en las familias vascas.

¿Una búsqueda difícil de investigar?

Ha habido de todo. Cuando empecé a investigar y a buscar en el árbol genealógico conocí los motivos por los que se habían ido y me enteré también de lo que ocurrió cuando regresaron y se asentaron de nuevo en su lugar de origen. Toda la familia me ha contado historias que me pudieran servir para mis textos teatrales. Eran muy familiares, pero también muy contradictorias. En función de la persona a la que preguntara, tenía una versión u otra.

¿Y cómo se aclaró para escribir con cierto punto de verdad?

Es que cada uno contamos nuestra verdad. Me di cuenta de que mi familia era como todas las demás. A lo largo del tiempo sus miembros habían habitado en diferentes ideologías, de todos los colores, y cada uno había sobrevivido a los avatares de la historia como había podido. Eso es lo que me fascinó y es lo que quería contar. No es que tuviera una vocación de hacer historia vasca, sino que surgen las fantasías que el escritor tiene en su cabeza y no las controla. La inspiración es algo que te viene en un momento dado, y mi inspiración siempre ha venido por esa fascinación del armario de Cuba de la casa de los abuelos.

Aunque queda un poco lejos en el tiempo, parece que los Gondra son algo así como los Botejara, pero a la vasca.

Ja, ja, ja€ Me lo ha dicho gente y también me han dicho que nos parecemos a los Alcántara de Cuéntame. Creo que todas las historias familiares sirven para contar una época y que es a través de lo pequeño, de lo familiar, como al final llegamos a la gran historia. Sucede algo muy curioso: cuando yo empecé a contar lo que ocurría a la familia Gondra en Algorta, un lugar muy pequeño, pensé que no iba a tener mucha repercusión, y sin embargo las obras de teatro se han traducido al francés, al inglés y al italiano. Y ahora hay una propuesta para traducirlas al húngaro. Ya me dirás tú lo que tengo que ver yo con Hungría.

Quizá es que ha tocado temas universales en esas que usted califica como historias muy locales y pequeñas.

Pienso que eso es lo que ocurre. En todas las partes del mundo se entienden los amores, los rencores, las pasiones, las ganas de buscar fortuna€ En todas las familias, estoy convencido, ha habido fortunas que se han perdido, recuperado y todo lo que quieras.

Usted parte de los Gondra de Bizkaia. ¿El apellido se extiende a otros territorios vascos?

Una parte muy grande de mi familia es donostiarra. No he conocido Gondras vasco-franceses, pero seguro que los habrá.

Ganó el premio Max de teatro con la primera obra: Los Gondra (una historia vasca).

Sí, y me sorprendió. Estas obras que consideraba que eran tan particulares y tan nuestras tuvieron tal repercusión y reconocimiento que llegó un premio Max. Cuando decidí que no había contado todo lo que tenía que contar y escribí una nueva obra, Los otros Gondra, gané otro premio, el Lope de Vega, otro galardón importantísimo, y pensé: Estas historias tan nuestras, tan locales, pueden ser también universales.

Usted es de los que le da a todo: autor teatral, novelista y también actor.

Yo digo que me subo a un escenario, lo de ser actor es otra historia. No pensaba en ser actor, pero escribí dos obras de teatro en las que había un escritor que se parecía mucho a mí.

Tanto que se llama como usted.

Jugaba con la ambigüedad de si era yo o no. Las escribí para que las representara un actor, pero el director de escena tenía una idea diferente y me dijo: Si estás hablando en primera persona, quien tiene que contar la historia en el escenario eres tú, tienes que subir tú. En la primera obra me subí al escenario y contaba una serie de cosas, pero no representaba nada. Luego el director se fue animando, yo también, y cada vez contaba más cosas. Cuando escribí la segunda obra ya me hice unas escenas para mí y me fui arriba. Cada vez creía más en mi presencia en el escenario y no sabes lo que significó para mí cuando me subí al del teatro Arriaga.

Supongo que significó la felicidad, ¿no?

Y la perplejidad. Aquella tarde en Bilbao pensaba: ¿Qué estás haciendo? Pero qué inconsciente eres... Fue una experiencia muy emotiva, muy entrañable, porque en el Arriaga sentí algo que no había sentido en ningún otro teatro. Es verdad que estaba en casa, pero no se juzgaba si actuaba bien o actuaba mal. Lo que se juzgaba era la sinceridad que yo aportaba en escena. Antes de salir me moría de miedo y quería irme de allí.

¿Y cuando la función terminó?

El aplauso fue el más cálido de todos los que había recibido y pensé: Aquí han entendido lo que quería hacer, y eso va más allá de si actúo bien o mal.

Tengo curiosidad sobre los parecidos entre El barbero de Sevilla con su obra El barbero de Picasso.

Ja, ja, ja€ Nada, por supuesto. La historia es real. Picasso terminó sus días en un pueblito del sur de Francia, en Vallauris, y se hizo amigo de un barbero español que era un exiliado comunista y republicano, como lo era él. Es curioso cómo se hicieron amigos dos polos tan extremos. Uno era un exiliado que tenía un pequeño negocio y el otro era un icono que estaba en la cima del arte europeo y mundial. Quería contar esa amistad tan bonita entre dos hombres que tenían todo para oponerse el uno al otro.

Aunque les unía una ideología similar.

Exacto. Todo tenía que ver con su compromiso político. Los dos se sentían exiliados republicanos y también creían que la política debía de servir para algo. Este barbero no le cobraba a Picasso, pero el pintor le pagaba con obras. Los dos habían prometido que no volverían a España hasta que Franco hubiera muerto. Picasso falleció antes de que eso sucediera, y el barbero donó a su pueblo, un pueblo muy pequeñito de la sierra de Madrid, todas las obras que le había dado Picasso con el fin de hacer un museo. Él seguía con sus ideas y pensaba que la cultura tenía que ser popular. Y ahora, en un pueblo perdido en la sierra de Madrid hay un museo estupendo con obras de Picasso gracias a que alguien pensó que la cultura debía de ser un patrimonio de todos.

Su currículo es puro teatro y no hay ni cine ni televisión. ¿No le interesan estos medios, solo el teatro?

Yo me considero un escritor. Quise empezar en la narrativa, escribí varios proyectos de novela que no fueron a ninguna parte, y se cruzó por el medio el teatro, pero siempre tuvo un paralelo con la novela y al final he publicado esta, Nunca serás un verdadero Gondra. Pienso que tanto el teatro como la narrativa son campos de la literatura. Nosotros escribimos, aunque no somos lo importante, lo importante es la palabra. El cine y la televisión son medios audiovisuales y los guionistas escriben el punto de partida sobre el que se construye la serie o la película. Es un trabajo que a mí no me llama la atención, aunque me lo han propuesto un par de veces.

¿Y dijo que no? Porque tal y como están las cosas...

Hice un primer intento y no me sentí muy cómodo. Es más, si alguna vez me propusieran que la novela o alguno de mis textos teatrales fueran a esos medios dejaría que las adaptaciones las hiciera un guionista. Yo, donde me siento cómodo es en la escritura.

¿Se puede vivir bien escribiendo teatro?

No, ni bien ni mal, no se puede vivir escribiendo teatro. Todos los que nos dedicamos a esto tenemos otros trabajos que son los que nos dan de comer. En mi caso no solo he escrito obras propias, sino que he hecho muchísimas adaptaciones y versiones de otros autores. He hecho mucha traducción literaria y también doy clases de escritura.

¿De dónde le viene esta pasión por el teatro?

Desde que tengo 15 años, cuando mi padre, por algo que nunca llegaremos a saber, me llevó a ver una obra de teatro en un viaje que hice con él a Madrid. Fue en el Teatro Marquina, y no se me olvidará nunca, hacían La señora tártara, de Francisco Nieva. Me quedé fascinado. Pensé: Yo quiero hacer esto. Quiero habitar en un lugar en el que durante hora y media, uno puede ser otro y los demás se creen que eres ese otro. Lo curioso de la historia es que a mi padre no le gustó nada esa obra que vimos juntos.

PERSONAL

Edad: 56 años (12 de mayo de 1965).

Lugar de nacimiento: Bilbao.

Formación: Se licenció en Derecho en la Universidad de Deusto y en Dirección Escénica en la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid.

Trayectoria: Durante cinco años trabajó en París como ayudante de director de teatro. Tras su regreso a España se ha dedicado a escribir obras propias y a hacer adaptaciones de textos de otros autores.

Obras propias: ¿Dos?, Metropolitano, Dedos, Mane-Thecel-Phares, Herida en la voz, Hacia el olvido (exiliadas), Mujeres: tomas, Perro del mejor amo, Del otro lado, Miguel de Molina, la copla quebrada, Memento mori, Duda razonable, El barbero de Picasso, Los Gondra (una historia vasca) y Los otros Gondra (relato vasco).

Adaptaciones: El burlador de Sevilla, La tristeza de los ogros, Cruel y tierno, Zoo nocturno y El fetichista, entre otras.

Novela: Nunca serás un verdadero Gondra.

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