Cerca de la plaza de Cataluña del barrio donostiarra de Gros, Merche Arregui, de 89 años, vive desde hace varios años prácticamente atrapada en su propio portal. Su movilidad se ha ido reduciendo en los últimos años hasta el punto de que los tres escalones que permiten la entrada a su portal se han convertido en una frontera que casi no puede cruzar. La comunidad de vecinos, volcada con la donostiarra, aprobó hace ya dos años eliminar el obstáculo que representan los peldaños y, cuenta con un proyecto preparado para construir una rampa exterior de acceso.

Sin embargo, los peldaños todavía siguen ahí, condicionando la ya única salida diaria de Merche. A pesar de las innumerables veces en las que la familia y la administración del portal han registrado peticiones y, al final, quejas, el Ayuntamiento de Donostia sigue sin dar luz verde a la obra que facilitaría el día a día de la vecina. La primera petición la realizaron hace más de tres años, el 9 de mayo de 2022. Meses después, a requerimiento del Departamento de Urbanismo Sostenible, también encargaron un proyecto detallado a un arquitecto y lo enviaron al Ayuntamiento.

Marta Igartua, sobrina de Merche, resume así la situación: “Mi tía ha ido perdiendo la movilidad gradualmente, y hace dos años que solo puede salir a la calle en silla de ruedas”. Hasta hace no tanto, con dos personas a su lado, Merche aún lograba subir y bajar las escaleras del portal. Ahora ya no. “Ha llegado el momento en que ya no está en condiciones de salvar las tres escaleras”, apunta.

Para que pueda salir a la calle, aunque sea un rato por la mañana, la familia ha tenido que duplicar el personal que le ayuda. “Por la mañana hemos tenido que duplicar las cuidadoras y, entre las dos, a veces suelen tener que pedir ayuda a vecinos o a gente que pasa por la calle para sacar a mi tía del portal”, explica Marta. Cada salida exige una mezcla de fuerza, equilibrio y buena voluntad. Una cuidadora delante, otra detrás y, cuando hace falta, un vecino o un desconocido que se ofrece para ayudar a bajar o subir a Merche en su silla.

Antiguo acceso al portal, sin escalones. Redaccion NdG

Marta insiste en que el apoyo vecinal ha sido ejemplar: “Los vecinos se están portando fenomenal y algunos se han ofrecido a ayudar cada vez que mi tía salga del portal”. En el grupo de WhatsApp del portal, además, hace tiempo se intercambiaron fotos antiguas del portal, en las que se ve que antiguamente no existía ningún escalón. “La gente está bastante desesperada, porque llevamos tiempo con esto, y creemos que no es por nuestra culpa”, reconoce.

No existían

Las fotos recopiladas por el vecindario muestran que los escalones no existían hace varias décadas. Según explican, "la puerta de entrada al portal estaba prácticamente a ras de suelo, había sólo medio escalón de diferencia de nivel, pero intervenciones municipales en la zona aumentaron el desnivel y obligaron a crear los tres escalones”, lo que añade al problema una sensación de injusticia. El obstáculo que ahora atrapa a Merche no es fruto del paso del tiempo, sino de “una modificación del entorno urbano”, subraya Marta.

Aun así, la sobrina de Merche recalca que no buscan confrontación sino una solución. “No estamos pidiendo que quiten ellos los escalones, simplemente queremos el permiso para hacer la rampa”. Ese permiso, por ahora, no llega y la situación de Merche, desgraciadamente, no mejora. “Mi tía está cada vez más enclaustrada y apagándose”.

Marta vive en Bruselas y sus hermanos en Zaragoza y Madrid, por lo que ninguno puede estar en Donostia todos los días junto a su tía. Las cuidadoras, el horario fijo de salida, las peticiones de ayuda improvisada y la espera a la aprobación municipal son la rutina de Merche desde hace años. “A veces pienso que mi tía no va a ver el portal sin los escalones”, admite Marta con cansancio.

Mientras tanto, los portales de los alrededores se van adaptando a sus necesidades sin mayores problemas. “Veo a nuestro alrededor que se van modificando todos los portales, y no sé por qué nosotros no recibimos el ok por parte del Ayuntamiento”. El interior del portal, no obstante, ya fue reformado años atrás para instalar una escalera elevadora que ayuda a Merche a llegar desde la puerta al ascensor, y viceversa.

El caso de Merche es la historia de una mujer mayor cuya vida diaria ha quedado reducida al interior de un portal que ya no está hecho para ella. Y la historia de unos vecinos que empujan, sostienen y ayudan porque no quieren resignarse a que tres escalones decidan el final de la vida pública de una mujer que aún quiere salir, respirar y ver la calle.