SEGÚN la publicidad y el cine de EEUU, el desenfreno sexual se produce en aquel país entre los guapos y los ricos porque la clase media trabajadora no tiene tiempo ni dinero para ello, pero el libro America Swings, de la fotógrafa Naomi Harris, tumba esa tesis. Gente anodina, que desempeña oficios anodinos y vive en ciudades de la América profunda que parecen estar ancladas en el tiempo, protagoniza escenas de citas concertadas con una finalidad: practicar sexo tantas veces, cómo y con quien se quiera.
Naomi Harris ha fotografiado escenas de camas redondas y de asistentes a 38 fiestas de libertinaje que se convocaron en ciudades o campings emplazados en lugares desde la Costa Este a la Costa Oeste de EEUU y que ahora se publican en America Swings. El intercambio de parejas heterosexuales, homosexuales y bisexuales, así como la presentación en sociedad de nuevos juguetes sexuales son monedas de cambio habituales en esas citas, que acontecen en casas de particulares y autocaravanas.
Esos libertinos de la clase trabajadora son parte de "la subcultura de Estados Unidos", comentó en charla concedida a la agencia Efe por la fotógrafa canadiense. Para ella han posado desnudos y desinhibidos viejos y jóvenes, altos y bajos, gordos y flacos, pero ninguno dotado con un cuerpo diez.
Asimismo, los participantes han permitido que Harris acudiera a esas reuniones y les fotografiara con una cámara de medio formato mientras conseguían orgasmos con una o más personas y recibían o practicaban sexo oral.
Así America Swings agrupa algunas instantáneas eróticas y otras, por contra, parecen sacadas de una película, como la que muestra a tres hombres sentados en un sofá desde el que observan concentrados la retransmisión de un partido de fútbol americano de la Super Bowl mientras tres mujeres se afanan en practicarles felaciones. O una comida celebrada por un grupo en el Día de Acción de Gracias cuya tarta de merengue termina siendo aplastada por el pie de una mujer que disfruta sobre el mantel de una orgía.
vestida para la ocasión
Tacones y vestidos de fiesta para pasar desapercibida
Harris (Toronto, Canadá, 1973), que declaró tener "una vida sexual sencilla" con su pareja, acudió a las fiestas vestida de acuerdo con las circunstancias durante los 48 meses -de julio de 2003 a febrero de 2008- que destinó a ese proyecto. Si a diario viste con un estilo informal o como recibió al periodista para la entrevista, con un vestido blanco con rayas verticales de color rosa palo, calcetines y zapatillas blancas, la fotógrafa confesó que para esas reuniones se ha puesto tacones y vestidos de fiesta para pasar desapercibida, porque las instantáneas están tomadas de cerca.
Tanto, que las fotos muestran los rostros de los participantes en estado de éxtasis e incluso el aburrimiento o la indiferencia en pleno acto sexual, así como el estado de evolución de los juegos eróticos.
Ese tabú, el sexo salvaje en estados norteamericanos como Minnesota, Wisconsin, Iowa, Illinois, Nueva Jersey, Florida, Georgia, Luisiana, Texas, Colorado, Nevada y California, y también en Montreal (Canadá), es, sin embargo, recogido en America Swings con tiento y con respecto a las historias particulares de los retratados.
comparación con arbus
"Aspectos biográficos comunes"
Anecdóticamente, el libro America Swings, que presentó ayer Harris en Madrid, no tiene textos en castellano sino en inglés, francés y alemán, pero en este caso las imágenes hablan por sí solas.
Al reconocido artista estadounidense Richard Prince, las impactantes y reveladoras imágenes recogidas en America Swings le recuerdan "el comienzo" de la trayectoria de la célebre fotógrafa estadounidense Diane Arbus, algo a lo que Harris responde que, aunque busca su estilo propio, curiosamente tiene "aspectos biográficos comunes" con ella.