Por qué la ropa de poliéster provoca mal olor aunque estés limpio
La dermatóloga Ana Molina explica cómo los tejidos sintéticos atrapan las bacterias y por qué las fibras naturales ayudan a mantenerse fresco durante más tiempo
Hay situaciones de la vida cotidiana que te incomodan y a las que en un primer momento no les encuentras una explicación lógica. Una de ellas tiene que ver con la ropa que vistes y es que, a veces, pasado un rato, descubres con desagrado que la camisa que te has puesto recién lavada no huele bien.
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No tiene que ver con tu higiene, porque te has duchado, ni con el sudor, porque te has puesto desodorante... Entonces, ¿cuál es el problema? Pues bien, la respuesta la tienes más cerca de lo que piensas, concretamente en la etiqueta de la prenda.
Poliéster, el 'rey del mal olor'
La dermatóloga Ana Molina, divulgadora en redes sociales, decidió recurrir a la ciencia para explicar esta sensación tan común. Durante una semana, hizo un experimento sencillo, pero muy revelador: cada día usó una prenda confeccionada con un tejido diferente -lana, lino, algodón, nailon y poliéster- y observó cómo evolucionaba el olor de la ropa con el paso de las horas. El resultado fue muy claro y coronó al poliéster como el rey del mal olor.
La lana obtuvo el primer puesto como mejor tejido, seguida del lino y el algodón, mientras que en el extremo opuesto, el nailon empezó a oler antes de lo esperado y el poliéster confirmó su mala fama. La propia Molina lo resume con humor: las bacterias "se instalan ahí, montan su fiesta y no hay quien las eche".
La experta asegura que el problema no está en el sudor en sí mismo, sino en cómo reacciona ante determinados tejidos. Cuando ciertas bacterias de la piel entran en contacto con un sudor más aceitoso, especialmente en zonas como las axilas, surge el mal olor.
Fibras sintéticas
Las fibras sintéticas, como el poliéster o el nailon, no absorben bien la humedad, pero sí retienen ese sudor graso en su superficie. Esto da como resultado el caldo de cultivo ideal para que las bacterias proliferen y generen olores intensos y persistentes, incluso después del lavado de la prenda.
Según explica la dermatóloga, la ropa confeccionada con estos materiales, muy habituales en la ropa deportiva por su ligereza y sacado rápido, deben lavarse después de cada uso, aunque aparentemente no huelan, porque las bacterias permanecen adheridas a las fibras. Además, algunos tejidos sintéticos incorporan aditivos antibacterianos que pueden irritar la piel y pierden eficacia con los lavados.
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Fibras naturales
Frente a las fibras sintéticas, las naturales funcionan de otra forma. La lana, por ejemplo, tiene propiedades antibacterianas que dificultan la proliferación microbiana. Además, es transpirable y regula la humedad, lo que permite usarla durante horas e incluso días sin que aparezca mal olor. El lino, por su parte, ideal para climas cálidos, absorbe rápidamente la humedad y facilita su evaporación, manteniendo la piel más seca. Y en cuanto al algodón, aunque muy cómodo, tarda más en secarse, por lo que puede no ser recomendable si se suda mucho.
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Anticiparse al mal olor
Ana Molina señala que si queremos seguir utilizando tejidos de fibras sintéticas la clave no es tapar el olor, sino evitar que este se genere. Recomienda priorizar siempre que se pueda el uso diario de fibras naturales como la lana, el lino o el algodón y reservar los tejidos sintéticos para momentos puntuales. También conviene lavar siempre la ropa, evitar el suavizante y, en el caso del poliéster, recurrir a desinfectantes textiles o a remedios como colocar la prenda a remojo.
Como confirma la dermatóloga, "no es tu imaginación ni el desodorante, es tu ropa", de forma que elegir bien el tejido puede marcar la diferencia entre sentirte cómodo y fresco todo el día o vivir con el miedo a desprender un desagradable olor a cada paso.