Por un momento pareció que el Bidasoa iba a tropezar en la misma piedra, porque de llevar unas ventajas cómodas a empatar (22-22), a falta de un cuarto de hora para el final, suponía la aparición de los fantasmas de viajes precedentes. Esta vez los últimos minutos le permitieron consolidar una victoria (25-30) que refuerza su moral para el encuentro europeo del martes en Lisboa y supone recortar un poco la desventaja con los rivales de la zona alta de la liga. Dos puntos de valor en un contexto decisivo.

La entrada al partido del Bidasoa fue buena. Defendió con orden y atacó sin prisas. Apenas cometió errores. Se le escapaban los pases al pivote Romanillos, que era el jugador que les mantenía vivos en los primeros compases. Los tres primeros tantos alcarreños llevaron su firma, al igual que más tarde el protagonismo correspondía al tolosarra Gorostidi. En ataque, los de Cuétara buscaron la segunda línea y encontraron a Julen Aginagalde, que metía todo lo que le llegaba (cinco de cinco). Los dos técnicos intentaron modificar sus sistemas defensivos, adelantando la posición de Lombardi o Silva (Guadalajara) y Mikel Zabala. El marcador reflejaba con claridad lo que sucedía en la cancha. Paulatinamente, las ventajas irundarras eran notables (4-7, 5-9, 8-13, 10-15) y nada hacía presuponer lo que iba a llegar de inmediato.

Cuando todo llevaba un marchamo de comodidad, los locales reaccionaron y volvieron al partido en un momento de dificultad para ellos. Los de Requena perdían (10-15), pero en un santiamén todo fue diferente (15-16) y los aficionados, que no esperaban ese cambio de decorado, empujaron a los suyos a intentar la machada. Un gol espléndido de cadera en lanzamiento de Rodrigo Salinas y otro posterior de Cavero dejaron en dos la ventaja bidasotarra en tiempo de descanso (16-18). Poca renta para todo lo que había acumulado en la mayor parte del primer asalto, en donde los de Artaleku debieron sentenciar.

Los alcarreños no se adelantaron en ningún momento, pero nivelaron (19-19) antes de que Cuétara usara un tiempo muerto para reconducir sus naves. Tres goles seguidos (19-22) dieron aire a los de Artaleku, gracias al acierto en las terminaciones de Ander Ugarte y Mikel Zabala. Era un buen momento para tratar de sentenciar, pero el asunto se convirtió en quimera porque los de Juan Carlos Requena devolvieron el parcial. Otra vez empate con quince minutos de juego por delante (22-22).

Fue entonces cuando las tablas del Bidasoa aparecieron. Primero, la modificación táctica al situar un doble pivote. Luego, un paso al frente en defensa, con Skrzyniarz bajo palos, y un mayor acierto en las terminaciones, a pesar de alguna fruslería de Dariel. Cuatro goles seguidos (22-26) abrieron la brecha determinante y, pese a los dos tiempos muertos consecutivos del conjunto castellano-manchego, no hubo marcha atrás en el signo del encuentro. La defensa continuó rayando a buen nivel (encajó sólo nueve goles en el segundo tiempo) y el ataque no desentonó con un par de tantos seguidos de Gorka Nieto, y los personales de Víctor Rodríguez, Dariel, Azkue desde los siete metros y un último de Pedro Pacheco, al que no llegó el meta Krimer, porque el lanzamiento del brasileño fue espectacular. Al final, la victoria se fue para Irun