- El Gobierno Vasco ha prohibido todos los velatorios en Euskadi, sea cual sea la causa de la muerte, y condiciona la asistencia a funerales a que se garantice una distancia entre personas de al menos un metro y medio.

El Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) publicó ayer una orden de la consejera de Salud, Nekane Murga, que entró en vigor ayer mismo y que establece una serie de “medidas excepcionales en materia de sanidad mortuoria debido a la pandemia” de COVID-19.

Las medidas recogidas en esta orden se aplicarán a todos los cadáveres “con independencia de cuál sea la causa del fallecimiento”. Estos podrán ser inhumados o cremados y se les podrá dar su “destino final” sin esperar a que tran scurran 24 horas desde el deceso, tal y como debía hacerse hasta ahora. En caso de cremar el cuerpo, las cenizas pueden ser manipuladas, siempre que ello no suponga ningún riesgo.

La orden de la consejera prohíbe los velatorios y condiciona la asistencia a las ceremonias civiles y religiosas de despedida, incluidas las fúnebres, a que no haya aglomeraciones y se garantice una distancia mínima entre personas de metro y medio.

También estarán prohibidas “mientras se reconduzca la situación de emergencia sanitaria derivada de la pandemia” las actuaciones de limpieza e intervenciones de tanatopraxia o tanatoestética sobre el cadáver.

Hasta ayer, los funerales y cremaciones obedecían las órdenes emitidas por los distintos ayuntamientos vascos. En el caso del la capital guipuzcoana, por ejemplo, se había limitado a quince personas la asistencia a los enterramientos en los cementerios de la ciudad y con los asistentes convenientemente separados a metro y medio de distancia. Asimismo, se decretó que solo diez personas podían asistir a las cremaciones en el cementerio de Polloe y sin acceder a la sala de despedidas. Los diez asistentes tenían que quedarse fuera y también convenientemente separados.

La orden que dio a conocer el pasado martes el alcalde, Eneko Goia, también incluía la prohibición de asistentes a enterramientos y cremaciones de las personas fallecidas por coronavirus, una medida que el propio regidor calificó como de “muy dura”.

La orden de la consejera de Salud persigue atajar la extensión del COVID-19 en unas ceremonias en las que no resulta fácil impedir abrazos y conversaciones en torno al difunto.