El vértigo es un factor inherente al emprendimiento. Más aún si tienes 24 años y te adentras por primera vez en el proceso de abrir tu propio negocio, con todo el riesgo y la ilusión que ello conlleva. Este es el caso de Ibane Zinkunegi. La tolosarra, graduada en Podología, inauguró su centro, Ibane Podología y Posturología, en mayo de 2025. Su valoración de estos diez primeros meses de vida del proyecto es muy positiva. “La clave está en la paciencia, en ir progresando poco a poco”, indica.

Tras finalizar sus estudios en Barcelona, trabajó en varios centros como autónoma. Montar su negocio era una idea que tenía en la cabeza, pero no para llevarla a cabo de forma inminente. Hasta que encontró en Tolosa un local que le convenció y decidió dar el paso en busca de una mayor estabilidad laboral y personal. “Ha sido una apuesta importante. Por supuesto, siempre surgen dudas, pero lo peor que puede pasar es que vuelva a trabajar para otros”, cuenta entre risas.

Cercanía con el paciente

En su establecimiento de podología, Zinkunegi aborda, en su mayor parte, tratamientos quiropodológicos: corte de uñas, eliminación de callosidades, durezas y helomas. También realiza estudios para la corrección de la pisada y diseña plantillas personalizadas con el fin de solventar los problemas de apoyo.

Según la tolosarra, lo que define su forma de trabajar es la cercanía con el paciente. Escuchar sus necesidades y proporcionarles la solución que mejor se amolda a ellos es la base de su labor como podóloga. Además, un aspecto que diferencia a su negocio es que es el único de la comarca que ofrece un servicio de posturología, una ciencia de la salud que estudia el tono muscular del cuerpo, sus alteraciones y equilibrio. Trata las causas de los desajustes posturales originados por los oídos, la boca, los ojos o los pies.

“Cuanto mayor es tu conocimiento, mejor es el servicio que ofreces a los clientes”

Apoyo familiar

En palabras de Zinkunegi, no habría podido iniciar este proyecto sin el incondicional apoyo de su familia y amigos: “Fueron quienes me impulsaron a hacerlo. Si no hubiese sido por ellos, no me habría atrevido a dar el paso”.

Que la primera fase de esta aventura no iba a ser un camino de rosas lo tenía claro desde el comienzo: “En un inicio todo son pagos, y es lógico que eso te eche para atrás. Es un proceso agobiante, pero hay que pensar que esto es como una maratón. Hay que ir paso a paso con la mirada puesta en el futuro. Al final, todo esfuerzo tiene su recompensa”, apunta Zinkunegi.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta cuando emprendes es que la conciliación entre la vida profesional y la personal se vuelve difusa: “Es prácticamente imposible desconectar. Estás todo el día pendiente y muchas veces te llevas a casa los problemas de los clientes. Te preocupas por su bienestar, de modo que sus inquietudes también son tuyas. Sientes una gran responsabilidad hacia ellos”.

Continuar con la formación

Zinkunegi tiene muy claros sus planes de futuro: “Me gustaría seguir formándome y estudiar osteopatía. Cuanto mayor es tu conocimiento, mejor es el servicio que ofreces. Siempre busco que mi atención sea lo más completa posible”.

En lo que respecta al establecimiento, su meta es que la clientela vaya creciendo poco a poco, aunque está satisfecha por los resultados obtenidos hasta el momento. “El boca a boca es esencial”, reconoce, al tiempo que señala que tiene previsto aumentar sus horas de servicio: “Ahora mismo abro los lunes, miércoles y viernes por la mañana y por la tarde, y los martes solo por la mañana. A partir de mayo quiero estar operativa también los jueves. Es una buena señal ver que la demanda aumenta y que necesito cubrirla”.