El abandono de la economía autárquica desarrollada por el franquismo en el período comprendido entre 1939 a 1957 y la formulación del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959 propiciaron el desarrollo económico de la década de los sesenta, con tasas de crecimiento del 7 % interanuales, las cuales generaron unas condiciones propiciadas para la creación de empresas.
Bajo estas condiciones se produjo un fenómeno de socialización del emprendimiento que propició la creación de empresas en un contexto de “economía de la oferta” que daba respuesta a las ingentes necesidades sociales provocadas por la autarquía, a pesar de unas condiciones precarias de financiación, carencia de tecnología e infraestructuras productivas. Ello sentó las bases del mito de Euskadi como “territorio emprendedor”.
El 6 de octubre de 1973, fiesta del Yom Kipur, los ejércitos de Egipto y Siria lanzaron un ataque sorpresa sobre las posiciones israelíes, dando lugar a la conocida como ‘la guerra del Yom Kipur’. La ‘crisis del petróleo’ comenzó el 16 de octubre, a raíz de la decisión de la OPEP de no exportar más crudo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra. El impacto de la crisis del petróleo supuso el fin del prolongado período de expansión económica del que gozó el régimen franquista en la década de los años sesenta y el comienzo de una dolorosa adaptación de las empresas vascas a un contexto económico menos boyante.
El proceso de convergencia con Europa, que se inicia con la integración de España en la CEE en 1986, la creación del Mercado Único Europeo en 1993 y la posterior Unión Monetaria Europea en 1999, provoca una segunda ola de transformación económica que obliga a las empresas vascas a un esfuerzo adicional de adaptación, con la consiguiente desaparición de empresas no competitivas.
Posteriormente, las empresas vascas han transitado por un período marcado por la globalización de los intercambios económicos, la crisis financiera de 2008 y las políticas de austeridad a ultranza promovidas por el Banco Central Europeo y el FMI, que prolongaron la crisis hasta el 2014.
A la hora actual, la economía mundial está cruzando el umbral de un nuevo período competitivo caracterizado por la alteración de las dinámicas de globalización y la readaptación de las cadenas de valor como consecuencia de las tensiones geopolíticas, los procesos de relocalización de la producción en nuevos países emergentes, así como el incremento del proteccionismo y del nacionalismo económico e industrial.
Si bien la industria sigue manteniendo un peso relevante en la economía vasca, aportando el 24,2% del valor añadido bruto, con predominio de empresas que operan en sectores de niveles tecnológicos medio y bajo (siderurgia, fabricación de componentes de automoción, maquinaria y bienes de equipo), las actividades industriales han destruido 44.519 puestos de trabajo desde los inicios del siglo XXI.
En las últimas décadas se constata la ralentización de las dinámicas de emprendimiento y diversificación de la economía vasca como consecuencia de la pérdida de la actividad emprendedora general de las personas y la fuerte caída de la actividad intraemprendedora en las empresas establecidas. Ello se traduce en una progresiva pérdida de tejido empresarial en Euskadi. Así, el número de empresas vascas inscritas en la Seguridad Social se situó en noviembre de 2025 en 57.640 empresas. Teniendo presente que en mayo de 2008, a las puertas de la crisis económica, había en Euskadi 64.635 empresas censadas, resulta que en este período se han perdido 6.995 empresas.
Como consecuencia, la exigencia de transformación competitiva obliga a la economía vasca a definir una agenda para la regeneración empresarial. En efecto, será preciso impulsar la transformación de nuestra economía mediante la generación de una dinámica de continua migración hacia actividades y sectores dotados de mayor valor añadido y contenido tecnológico, propiciando la diversificación empresarial a través de la generación de nuevas actividades relacionadas con oportunidades propiciadas por las transiciones tecnológico-digital, energético-climática (economía circular, bioeconomía…) y sociodemográfica (economía plateada).
Sin embargo, los sucesivos Informes GEM del Observatorio Vasco de Emprendimiento evidencian que la tasa de actividad emprendedora en Euskadi se sitúa en el 6% de la población adulta, dato que nos sitúa en la antepenúltima posición entre las comunidades del estado, frente a la media española del 11,2% y muy lejos de los datos de países de referencia como Alemania (15,6%) o USA (23,0%). Bien es verdad que Euskadi destaca en la supervivencia de las empresas, situándose entre las comunidades con mayor porcentaje de negocios consolidados (aquellos que alcanzan más de 3,5 años de vida). Es significativo que la edición 2025 del informe GEM Euskadi refiere que el 47,5% de la población adulta percibe contar con el conocimiento y las habilidades necesarias para emprender.
Conforme a una encuesta realizada a personas emprendedoras con trayectoria exitosa, los factores que impiden a otras personas a lanzarse en una iniciativa de negocio serían, por este orden, la falta de capacidad para afrontar los riesgos, el tiempo y el esfuerzo requerido, las dificultades para captar la financiación necesaria, la carencia de habilidades para la gestión empresarial, la falta de conocimiento sobre cómo lanzar un negocio y, finalmente, las presiones financieras o del entorno familiar.
Frente a las exigencias propias del emprendimiento, afrontamos cambios derivados de la nueva sociología laboral, por la cual la visión acerca del trabajo esta experimentando una profunda transformación. Para las nuevas generaciones, el trabajo ya no es el eje central de la identidad personal, sino una forma de financiación de un estilo de vida por el cual el equilibrio entre la vida laboral y personal o el bienestar familiar son prioritarios frente al enfoque tradicional de priorizar la actividad laboral y profesional.
Esta visión se sintetiza en la conocida expresión de pasar del ‘Vivir para Trabajar’ a ‘Trabajar para Vivir’. El problema es que, en esta expresión, se considera que el trabajo es un factor constante, no sujeto a la desaparición. Pero para que haya trabajo deben de existir empresas competitivas, capaces de crear empleo.
En este contexto se inscribe igualmente el fenómeno del ‘invierno demográfico’, por el cual la reducción de la población en edad laboral se acentuará en los próximos años. Así , se prevé que en las próximas tres décadas, Euskadi perderá 240.000 personas en edad laboral. Ello resultará en una mayor oferta de empleo disponible, circunstancia que mitigará la necesidad de emprender.
Finalmente, hay que considerar la creciente oferta de empleo público. Así , según informaciones aportadas por Eustat, a inicios de 2025 había 163.196 personas empleadas en las Administraciones Públicas de Euskadi (Gobierno Vasco, Diputaciones, Ayuntamientos y entidades locales). Ello implica un empleado público por cada catorce habitantes.
El Observatorio Vasco de Emprendimiento afirma en la última edición del informe GEM que Euskadi consolida su posición como uno de los ecosistemas emprendedores más sólidos y mejor valorados del Estado. Se sitúa en la cima del ranking nacional junto a Madrid, y supera con creces la media de la UE-27 en la comparativa internacional. Según este informe, Euskadi contaría con un ecosistema de referencia, basado en una completa red de empresas industriales, clústeres y la Red Vasca de Ciencia Tecnología e Innovación, así como una oferta amplia y especializada de programas, servicios, infraestructuras y profesionales de apoyo equiparable a otras realidades del entorno estatal e internacional.
Brad Feld es un conocido emprendedor, inversor de capital de riesgo y escritor estadounidense. En su libro Comunidades de Startups, Brad Feld propuso un modelo para desarrollar “ecosistemas emprendedores” basándose en su experiencia en Boulder (Colorado). En su libro desarrolla la ‘Tesis de Boulder’, que sintetiza los principios básicos para la promoción de los ecosistemas de emprendimiento. El primer pilar o condición para el éxito refiere que son los emprendedores quienes deben liderar la comunidad. Así , Feld distingue entre “líderes” (emprendedores) y “facilitadores” (como puedan ser las administraciones públicas, las universidades o los inversores). Desde la perspectiva de Feld, son las personas emprendedoras quienes marcan el camino, ya que son ellas quienes asumen los riesgos reales y entienden las condiciones del proceso emprendedor.
En el caso vasco estaríamos ante la paradoja de contar con un ecosistema emprendedor de primer orden, pero carente del sujeto activo, es decir, la persona emprendedora. En otras palabras, contamos con un magnífico alambique carente de nutrientes e incapaz de destilar resultados relevantes.
Por ello, tal y como refiere el Plan Interinstitucional de Emprendimiento, Euskadi afronta el desafío de considerar el emprendimiento como uno de los ejes prioritarios de una estrategia renovada para protagonizar un salto competitivo imprescindible para conservar los actuales niveles de prosperidad y cohesión social.
Para ello será preciso fomentar la cultura y los valores emprendedores en todos los niveles de la sociedad, promoviendo los valores del inconformismo, la proactividad, y la creatividad, de tal forma que el conjunto de la población vasca adquiera una visión del emprendimiento como opción profesional atractiva y de futuro. En paralelo, habrá que desarrollar capital humano emprendedor, reforzar la formación en todas las etapas educativas, detectar y atender a las personas con predisposición emprendedora.