Alejandro Amenábar: "Con 'La fortuna' quería dejar a la gente con una sonrisa en la cara"

Alejandro Amenábar ha disfrutado con su primera experiencia en televisión, 'La fortuna', una historia que llega desde el mundo del cómic y que el director de 'Tesis' y 'Los otros' ha transformado en serie para Movistar+.

22.10.2021 | 09:54
'La fortuna' es la primera serie de Alejandro Amenábar.

Se cumplen 25 años de Tesis, la historia que situó a Alejandro Amenábar en el mapa de los directores de cine más interesantes del país y que él ha aprovechado muy bien, con una larga carrera trufada de premios Goya (nueve) y con un Oscar por Mar adentro (2004). Cineasta, guionista y compositor, se introduce ahora, como tantos otros grandes directores, en el proceloso mundo de las series para una plataforma.

¿Que ha significado La fortuna para usted?
La manera perfecta de emprender otro camino, de romper con un proyecto tan sesudo como había sido Mientras dure la guerra e intentar ofrecer a los espectadores algo mucho más lúdico.

Y es su primera incursión en el mundo de la televisión.
Ese también fue un aliciente importante para que me enamorase de este proyecto. La fortuna era un cúmulo de retos profesionales que quería afrontar. Estoy muy satisfecho de lo que hemos conseguido, es un trabajo en equipo y creo que todos hemos puesto a favor de esta serie nuestros conocimientos y mucho esfuerzo.

¿Por qué hasta ahora nunca había trabajado en este medio? ¿No había recibido propuestas?
En realidad, la cuestión de los formatos me es absolutamente indiferente. Es cierto que hasta ahora lo que he hecho han sido películas, y lo que me gusta disfrutar como espectador son experiencias de dos horas, pero cuando cayó en mis manos el cómic de Paco Roca y Guillermo Corral, el coguionista Alejandro Hernández y yo decidimos ver a dónde nos llevaba. Primero pensamos que nos saldría una miniserie de dos episodios, después de tres, y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos embarcados en un proyecto de seis capítulos.

Así que no tuvo más remedio que meterse en una serie.
Realmente, en este caso no atendía al formato de serie o película. Lo que siempre ha primado en mi trabajo es que la historia me interese, y entonces buscas la mejor manera de contarla. Eso es lo que ha ocurrido con La fortuna.

Dicen que ya hay pocas diferencias entre hacer una película y una serie.
En mi caso las diferencias han tenido que ver con la fase de escritura, con lo que es la concepción de un episodio, con los ganchos que tiene que tener para mantener al público pendiente del siguiente. En cuanto a la planificación, puesta en escena y el día a día de un rodaje, para mí ha sido exactamente igual que una película, exactamente igual que mi proyecto anterior. He tenido el mismo grado de libertad y el mismo de dedicación.

Pero ha sido un rodaje mucho más largo, ¿no?
Eso sí. Ha sido un paso cuantitativo, pero no cualitativo con respecto al cine. Me he sentido igual de cómodo que haciendo una película.

Vista solo desde el punto argumental, da la sensación de ser una serie de aventuras.
Y es de aventuras, de aventuras de despacho, aventuras de burocracia, de los misterios, un juego entre dos países, un salto permanente entre Estados Unidos y Madrid. El cómic tenía elementos épicos que hemos intentado mantener en la serie.

¿Hay que enfocar la mirada de una forma diferente?
Si volvemos a mis anteriores proyectos, sobre todo a Mientras dure la guerra, se impone más lo lúdico. Mi vocación con esta serie es la de hacer pasar un buen rato. Con La fortuna quería dejar a la gente con una sonrisa en la cara tras el año y pico, casi dos, que llevamos de pandemia.

Aunque Unamuno no dejó a los espectadores con una sonrisa...
A mí no me gustan los finales complacientes, pero sí dejar una sensación de esperanza, incluso en los momentos más oscuros. En Mientras dure la guerra Unamuno termina al comienzo de la Guerra Civil. Su acto de valentía cuando decide tomar la palabra en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca le elevó y elevó a los espectadores.

Se han cumplido 25 años de Tesis, su primera película. ¿Cómo la ve ahora, con la perspectiva del tiempo?
El tiempo pasa muy rápido y la sensación que tienes es buena cuando miras hacia atrás y ves que tu primera película sigue teniendo vigencia, que mucha gente la recuerda. ¿Con perspectiva? Uno no puede dejar de pensar que no lo hizo tan mal cuando tanta gente ha hablado y habla de ella.

¿Qué le pasaba por la cabeza cuando abrazó el proyecto de Tesis?
Lo que me pasa casi siempre cuando me meto en un proyecto: que quería divertirme. La escribí mientras preparaba los exámenes de cuarto de carrera en la Universidad Complutense, donde estudiaba Imagen y Sonido. Lo que hacía para desestresarme por las tardes era escribir. Hice esa historia más con vocación de entretenerme que de rodar una película. Es que pensar en un rodaje se me antojaba entonces, más que difícil, casi imposible.

Pero fue una sorpresa que dejó a muchos con la boca abierta.
Sí, porque la película era una mezcla de géneros y se acercaba al cine de Hollywood. Llevaba al espectador a una realidad muy concreta, que era la de la universidad Complutense de Madrid. Esa combinación de géneros consiguió convertirla en una película muy especial.

Y fue muy premiada. ¿Necesitó aprender a gestionar la avalancha de halagos y el baño de éxito?
No especialmente. Siempre he vivido todo de una forma muy orgánica. Generalmente, cuando se hacen películas, y más a esa edad, que es cuando te quieres comer el mundo, deseas que guste lo que has hecho, deseas todos los reconocimientos que puedan llegar, y hay que decirlo, también deseas premios. Aunque lógicamente, lo que más deseaba entonces y más deseo ahora también es la conexión con el público. Recuerdo la sorpresa porque no esperábamos ganar la noche de los Goya.

¿Se suben a la cabeza esos primeros premios?
No, no tiene por qué. Los premios dependen de tantos factores que no son algo que puedas controlar tú. Lo que sí puedes hacer es ponerlos en perspectiva y valorar lo conseguido, pero subírsete a la cabeza, en absoluto.

Si seguimos hablando de aniversarios redondos hay uno más: veinte años de Los otros.
Ese fue un salto importante. Los otros fue la película que me puso en contacto con el cine americano, más concretamente con el de Hollywood. Fue una aventura tremenda, la más compleja por todos los saltos cualitativos que suponía para mí. Hay que tener en cuenta lo que era rodar con una estrella mundial, Nicole Kidman, y hacerlo con niños también fue una novedad importante. Veinte años después puedo decir que fue una aventura compleja que salió bien.

Más que bien, muy bien.
Sí, para qué quedarnos cortos, salió muy bien, ja, ja, ja... No me gusta ser, cómo diría...

¿Arrogante? ¿Pretencioso?
Eso. No quiero parecer ninguna de esas dos cosas, pero todas mis películas han resultado ser aventuras muy interesantes.

Ha dicho que no se le sube el éxito a la cabeza, pero en su haber tiene un Oscar y Goyas de todo tipo, luego estará muy bien alimentado su ego.
Ja, ja, ja... A alguien le oí una vez, creo que fue a un actor, que tienes que estar luchando permanentemente con tu ego. Es bueno creer en lo que uno hace y tener confianza en uno mismo. Es bueno para crecer y asumir los retos. Fuera de eso, todo lo que tiene que ver con el desdén y la arrogancia a mí no me interesa. De hecho, me produce bastante rechazo.

Mar adentro, la película con la ganó un Oscar, tocaba un tema que hoy vuelve estar de actualidad: la gestión de la muerte.
Es un tema que no ha dejado de estar sobre la mesa, pero es algo que me ocurre con todas mis películas, incluso con las más lúdicas: que nacen de reflexiones morales. Mar adentro nació de un tema social que era candente en su momento y me resultó inevitable plantear una película. Luego me di cuenta de que cuando estás hablando de la vida y la muerte estás hablando de temas mayores. Recuerdo que en su día dijimos que queríamos hacer una película de grandes temas, pero escritos en minúsculas. De esta forma la gente los podía percibir a unos niveles muy íntimos. Es justo reflexionar sobre temas que giran sobre nuestras vidas de una forma u otra. Mar adentro es esa historia que habla sobre todo de la vida.

Lo que muchos no saben, o quizá no han reparado en ello, es que usted es el compositor de las bandas musicales de muchas de sus películas.
Mi relación con la música viene desde que era niño. Siempre me ha interesado la música que acompaña a las escenas de las películas. Empecé a tocar la guitarra y el piano desde pequeño, y lo hice de forma autodidacta. Con los teclados y los sintetizadores ponía música a los cortometrajes que hacía y he acabado componiendo la música de varias de mis películas. Pero en La fortuna, por ejemplo, la banda sonora no es mía.

Y también se ha atrevido con la interpretación.
Ja, ja, ja... ¡Qué osadía! Hacer de actor ha sido por necesidad y lo he hecho de forma muy amateur. Cuando faltaba algún actor en un corto acababa yo haciendo el personaje, pero ha sido algo muy ocasional. Siempre me he sentido mejor detrás de las cámaras que delante.

Hace treinta años rodó su primer corto, La cabeza...
Parece que este año es de aniversarios señalados, ¿no?

Eso parece. ¿Ha abandonado el mundo de los cortos?
Bueno, no del todo. Cuando haces publicidad o un videoclip es también una manera de plantearte un corto. No he hecho más porque no han surgido proyectos, pero no tengo ninguna reticencia a volver a ellos si hay una historia diferente en la que el formato ideal sea un corto. Todo depende de que encuentres la historia apropiada.

¿En qué está ahora que ha acabado con una serie que le ha llevado tantos meses?
En nada, en descansar. Han sido dos años de entrega absoluta a La fortuna y me voy a tomar uno sabático.

¿La televisión va a entrar dentro de sus futuros proyectos?
No tengo ni idea. Donde el viento me lleve...

Le ha quedado poético. ¿Se deja llevar mucho por el viento?
Bueno, más o menos. No me gusta agobiarme y en estos momentos necesito ese año sabático.

¿Las plataformas van a acabar con el cine en salas?
Esa discusión se remonta a los años 50, cuando apareció la televisión en Estados Unidos. Es cierto que la llegada de las plataformas lo han cambiado todo, pero yo defiendo la pervivencia del cine tal y como lo entendemos. Es interesante captar la atención del espectador durante dos o tres horas, y digo esto porque me gustan las películas largas. Ir al cine es un viaje maravilloso, y en esta sociedad de multipantallas, conseguir que te detengas y prestes a la historia que te van a contar me parece algo fundamental. Luego está el vivir esa experiencia de forma colectiva en una sala y con otra gente. 

PERSONAL

Edad: 49 años (31 de marzo de 1972).
Lugar de nacimiento: Santiago (Chile), pero reside en España desde que tenía un año.
Formación: Estudió Imagen y Sonido en la Universidad Complutense de Madrid.
Trayectoria: En 1996 sorprendió a espectadores y profesionales del cine con Tesis, su primera película. Tras el éxito de esta historia ha seguido cosechando reconocimientos. Los otros fue su gran salto al cine de Hollywood. Con Mar adentro ganó dos de los premios internacionales más valorados, un Oscar y un Globo de Oro. Tras una interesante película sobre Unamuno, Mientras dure la guerra, ha hecho su primera serie para Movistar+, La fortuna.
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