Pequeños, baratos y aparentemente inofensivos, los bastoncillos de algodón fueron durante décadas una sencilla herramienta utilizada para mantener los oídos limpios. Sin embargo, este gesto, considerado por muchas personas una parte esencial de su rutina de higiene básica, es ya desde hace años una práctica desaconsejada por los médicos.

Orígenes de los bastoncillos

Los bastoncillos de algodón esconden un curioso secreto y es que nunca fueron diseñados para ser utilizados en los oídos. Por eso, estos palitos, rematados con dos pequeños algodones en sus extremos, pueden tener otros muchos usos que tal vez nunca te hayas planteado.

El bastoncillo moderno nació a principios del siglo XX y su inventor, Leo Gerstenzang, se inspiró en su mujer, quien colocaba algodón en palillos para limpiar con cuidado las zonas delicadas de su bebé.

Así, aunque en su origen los bastoncillos estaban pensados para una higiene externa y para realizar tareas de precisión, con los años se fue extendiendo su uso como herramienta para limpiar el conducto auditivo. Posteriormente, los médicos lo desaconsejaron y hoy las marcas que los venden indican claramente en sus envases que no deben introducirse en el oído.

Un cuenco con bastoncillos de algodón.

Por qué no deben utilizarse en el oído

Los especialistas recuerdan que el oído es un órgano autolimpiable de forma que, al hablar o al masticar, la cera se desplaza de forma natural hacia el exterior. Si introducimos un bastoncillo, podemos provocar justo el efecto contrario: empujar la cera hacia el fondo, eliminar la barrera protectora natural y, en el peor de los casos, causar pequeñas lesiones. Sin embargo, lejos del oído, el bastoncillo tiene un montón de usos.

Limpieza del hogar

Los bastoncillos se pueden utilizar como un buen instrumento de precisión para limpiar. Si hay un lugar al que no llega un trapo o si el espacio es demasiado delicado, el algodón puede ser una buena solución. Por ejemplo, ligeramente humedecido resultará muy útil para atrapar el polvo de ranuras y pequeños rincones del hogar como las esquinas de los marcos, los relieves de los muebles, las juntas del frigorífico o las grietas de electrodomésticos como la lavadora.

También es un gran aliado para la limpieza de objetos cotidianos. Teclados, mandos a distancia, enchufes, interruptores o rejillas de ventilación acumulan una suciedad invisible difícil de eliminar. Un bastoncillo con un poco de alcohol permite también limpiar llegar auriculares, puertos de carga, lentes de cámaras o incluso algunas joyas.

Un puñado de bastoncillos junto a discos de algodón de desmaquillar.

Un útil más de belleza

En el ámbito de la belleza, su versatilidad es casi infinita. Con un bastoncillo se puede corregir errores de maquillaje, como retirar un exceso de rímel, perfilar un labial o limpiar restos de sombra o de delineador, sin estropear el resto del rostro. También se pueden utilizar para aplicar tratamientos localizados, como cremas para el acné, evitando el contacto directo con los dedos. En manicura, son de gran ayuda para eliminar restos de esmalte en los bordes y para perfeccionar el acabado.

Otros usos

Los bastoncillos de algodón tienen también otros usos menos conocidos, pero igual de prácticos. Impregnado en champú, te puede salvar una cremallera atascada sin forzarla. Aflojando ligeramente el algodón, también puede funcionar como un aplicador de sombra de ojos improvisado para crear un efecto difuminado en los ojos. Incluso puede convertirse en un pequeño dispensador de perfume para llevar en el bolso sin cargar con todo el frasco.

Todo esto viene a ratificar la idea de que los bastoncillos de algodón no son un problema, sino que el problema es que los hemos estado utilizando mal durante muchos años. No subestimes este sencillo utensilio ya que, tanto por su pequeño tamaño como por la delicadeza que le brinda el algodón, puede convertirse en tu aliado en las más dispares situaciones.