“El documental Aitatxo expone el duelo por la pérdida de un hijo/a desde la mirada paterna. A través del testimonio de cuatro padres que han sufrido la pérdida de un hijo/a, este documental muestra el sufrimiento y el derecho de duelo de los padres”.
“El documental relata cómo ha afrontado cada uno esta pérdida. Rompe la mirada de género de la sociedad. Sin menospreciar el dolor de la madre, da voz a los padres ante dramas como este y lanza un mensaje de esperanza”.
Así se presenta Aitatxo, que dejó pequeño el auditorio del Aquarium donostiarras el viernes 30 (se busca otra fecha para volver a proyectarlo), documental que recoge, entre otros testimonios, el del vecino de Errenteria Mikel Pérez, que acude a su cita con NOTICIASDEGIPUZKOA acompañado de su hijo mayor, Markel, que llegó antes que Danel. Después llegarían Ian y Luken.
Tenían un hijo y esperaban la llegada del segundo
Así es. Al término del embarazo de nuestro segundo hijo mi mujer notaba que no se movía tanto. Subimos a urgencias y decidieron ingresarla. Al rato, en la habitación nos dijeron que lo mejor era provocar el parto con una cesárea de urgencia. Me quedé en los pasillos del hospital esperando varias horas, hasta que me llamaron para que pasara a la zona de neonatos. Me sentaron en una sala y me dijeron que nuestro hijo quizá no pasara de las dos horas de vida. Mi mujer estaba sin despertar de la anestesia y yo allí, con el chaparrón que te sueltan. Estás solo y te dicen que tu hijo no va a salir adelante.
Un mazazo que es inasumible.
Cuando mi mujer despertó de la anestesia la bajamos en una silla de ruedas, porque ella quería ver a su hijo. Danel aguantó mucho más de dos horas. Los médicos intentaron hacer lo que fuera para que sobreviviera. Pasó un día, dos y, al tercero, el daño que tenía en su organismo había repercutido de tal modo que nos dijeron que había que desconectarle de la asistencia que tenía, porque no iba a poder conectarse con el mundo exterior.
¿Y en ese momento?
En ese momento pudimos por fin cogerle en brazos y despedirnos de él poco a poco. Pudimos besarlo y acariciarlo, algo que antes no habíamos podido hacer. Y así nos fuimos despidiendo.
¿Llega después el momento de la incomprensión, del duelo no comprendido?
Es que la sociedad solo ha conocido una mujer embarazada, no ha conocido a tu hijo. Es un duelo que no está normalizado en la sociedad. Es bastante tabú y no es común. Porque en la vida nos vamos despidiendo de las generaciones anteriores. No es normal despedirte de un hijo, no responde al ciclo de la vida habitual. Para la sociedad es raro, y no sé si está preparada, aunque cada vez se conciencia más a través de documentales como Aitatxo, por escuchar nuestras historias... Pero no sé si está todavía al 100% concienciada de lo que es perder un hijo que acaba de nacer o que todavía no ha nacido. En los padres, desde el momento en que reciben la noticia de que van a ser padres, desde que el Predictor es positivo, nace una ilusión y un amor hacia su hijo. Tanto en la madre como en el padre.
Aitatxo se centra en el dolor, en la vivencia de ese padre.
Este documental se centra en la figura del padre. El padre no siente durante el embarazo a un hijo, no lo gesta, no lo nota moverse... El padre está deseando que nazca su hijo para poder tocarle, verle la cara, acariciarle, notarle. Desde que sabes que vas a ser padre le quieres, aunque aún no lo hayas visto.
¿La percepción desde fuera es distinta?
La gente que lo vive desde fuera quizá no llega a comprender el sentimiento que tiene el padre hacia el hijo antes de nacer. Y duele mucho. Los hemos compartido en las terapias que hemos hecho con padres y madres.
Han podido compartir experiencias muy diferentes.
Sí, las de padres de niños que han nacido y han fallecido y de niños que no han llegado a nacer vivos. Porque nacer, nacen, hay un parto, con la diferencia de que ese niño nunca llega a llorar. También de padres que han visto crecer a sus hijos y después han fallecido.
¿Ese duelo desautorizado lo es más en la figura del padre?
Yo creo que sí, que se hace más raro. Porque al final el padre no lleva a su hijo en su interior durante nueve meses y la sociedad no llega a ver esa pérdida tan dolorosa como en el caso de la madre. La realidad es otra. Al padre le duele tanto como a la madre perder un hijo, porque lo quiere desde el momento que sabe que va a ser padre.
¿Cómo se gestiona esa pérdida? ¿Es importante recibir una ayuda?
En nuestro caso, fue mi mujer la que buscó la ayuda a través del servicio de apoyo al duelo Bidegin. Izaskun Andonegi es su psicoterapeuta y fue fundamental su ayuda para mí. Yo estaba en una situación en la que permanecía encerrado en mi casa sin querer salir a la calle. Fue mi mujer la que me dijo que había encontrado esta asociación , cuando me lo planteó, le dije enseguida que sí. Era evidente que necesitábamos ayuda.
"Cada persona vive el duelo de forma diferente. No porque se sea padre o madre. Es porque todos somos diferentes"
Además, porque cada persona es diferente.
Cada persona vive el duelo de modo diferente. No porque sea madre o padre, sino porque cada persona tiene su duelo. Tienes que aprender a volver a encontrarte con tu pareja, y aprender que hay que respetar los duelos de ambas personas y conectar en un punto intermedio para que nos podamos entender y seguir adelante con la vida. En mi caso, yo quería encerrarme en casa y mi mujer, por el contrario, quería irse a la calle, lejos de su casa. Con la ayuda de Izaskun logramos respetarnos en el duelo. Para mí, Izaskun es la persona que más me ha ayudado en el peor momento de mi vida. Su labor no está pagada ni con todo el oro del mundo. Me emociono al hablar de ella porque, a día de hoy, todavía me doy cuenta de lo importante que fue su comprensión, que también encontré en las y los compañeros de terapia. Eso es muy importante para poder seguir trabajando el duelo y lograr salir adelante.
¿Fue un encuentro con personas que vivieron situaciones similares pero de forma diferente?
Cuando expones en terapia tu dolor, tus pensamientos, te das cuenta de que no es tan raro y que no eres la única persona que piensa así. Te das cuenta de que las personas que han pasado por tu misma situación entienden tu dolor más que nadie. Eso no quiere decir que las personas de fuera no entiendan tu dolor, pero te sientes más comprendido y arropado con la gente que lo ha vivido.
Muchas veces queriendo ayudar no se acierta.
La gente te quiere ayudar pero es difícil hacerlo cuando la situación no se ha vivido en primera persona. Cuando la vives es cuando intentas tener esa delicadeza. Aunque la gente no lo haga con mala intención, hay veces que se oyen comentarios que no ayudan.
¿Por ejemplo?
Comentarios del estilo ya tendrás más hijos, para la próxima a ver si es niña... ¡Yo qué sé! Cosas que se dicen desde la inocencia pero que no ayudan. Por ejemplo, si una persona se queda viuda a nadie se le ocurre decirle ya encontrarás otro marido u otra mujer. Este caso es el mismo. Ningún hijo puede sustituir a otro. Cada uno es especial, a cada uno se le quiere como es y se les quiere por igual.
¿La terapia os ha ayudado a gestionar el duelo con Markel, el hermano mayor de Danel?
Markel era muy pequeño, pero los niños notan la situación que atraviesan los padres, se dan cuenta de que sus aitas no están bien (lo dice mirando a su hijo mayor). Tener esas tablas nos ha ayudado mucho para hablar tranquilamente con nuestros hijos y que sepan que tienen un hermano al que tenemos colocado en el cielo. Tenéis un hermano en el cielo, les hemos dicho siempre. No es por creencias religiosas, sino por ubicarlo, porque ellos sientan que forma parte de nuestra familia, que a pesar de que la sociedad no lo conoció no quiere decir que no existió. Hay que hacer presentes a quienes no están.
¿Cómo llegaste a Aitatxo?
La propuesta me llegó a través de Izaskun Andonegi, que me puso en contacto con Anakotz Lasarte (aita que había sufrido la pérdida de dos hijos). Él tenía la idea de contar cómo se vive el duelo desde la experiencia del padre. Cuando Izaskun me comentó el proyecto, pensé que a ella, con lo que me ha ayudado, no podía decirle que no. Pero, además, el proyecto de Anakotz me parece súper valiente. Da visibilidad a los aitas que viven esta situación y que en muchas ocasiones se pueden sentir incomprendidos por la sociedad. De este modo, de alguna manera les está diciendo que no están solos, que hay más gente que les comprende.
¿Qué es Aitatxo?
Las historias de cuatro aitas (Anakotz, Fernando, Igor y Mikel) que han perdido un hijo o una hija en diferentes etapas de la vida. Fallecimiento perinatal, neonatal, en la infancia y en la edad adulta. Se recogen las vivencias de un padre que perdió a su hija de 32 años. Exponemos nuestra experiencia, cómo nos hemos sentido en nuestro duelo.
Y exponen esa incomprensión a la que se han enfrentado.
Hay un aita, sale en el tráiler del documental, que cuenta algo que me llegó mucho. En el funeral de su hija le decían Amaia zaindu, que cuidara a su mujer. Daba la sensación de que yo no sufría el mismo dolor por perder a mi hija, nos decía. Parte del documental es un Dead Café en el que nos juntamos los cuatro padres. Cuando Fernando contaba esto sentí un poco de rabia, pensando lo injusto que es. Porque parece que un padre no quiere igual a su hijo o su hija.
¿Cómo se rodó ‘?
Además de las entrevistas, a cada uno de nosotros se nos filmó en un lugar que tuviera especial significado. En mi caso me grabaron haciendo surf. Y es que yo empecé a surfear cuando falleció Danel. Era algo que tenía en mente, pero no había dado el paso. Cuando pasó esto pensé que no había que esperar más, que lo quería hacer.
¿Cómo podría la sociedad responder mejor ante estas situaciones?
Las personas que han perdido un hijo, como las que han perdido otro familiar, necesitan que se respete su duelo. Está claro que necesitas apoyos, pero a veces no hace falta decir nada. Una mirada, un gesto, un abrazo, es suficiente. Si se sienten obligados a decir algo y no saben qué, es mejor no decir nada.
Pero las cosas han cambiado con los años.
Sí. Participando en una propuesta de Bidegin, Una silla vacía en Navidad, aparecieron mi padre y mi abuela. Yo no lo sabía, pero mi abuela me contó que ella también había perdido una niña con un mes, que yo tenía una tía. Pero entonces estos temas eran muchísimo más tabúes, más silenciosos. Mirar para el otro lado no vale, porque más adelante, no sabes cuándo, puede salir. Es importante trabajarlo cuando pasa para, de alguna manera, curar esa herida y poder, el día de mañana, hablarlo sin que quede algo en el olvido que salga por algún lado.