A medida que envejecemos, las arrugas y los signos del paso del tiempo se hacen cada vez más evidentes en nuestra piel. Sin embargo, hay un proceso más silencioso que ocurre en el interior de nuestro cuerpo, el inflammaging. Esta palabra, que combina los términos del inglés inflammation (inflamación) y aging (envejecimiento), se refiere a una inflamación crónica de bajo grado que se desarrolla lentamente y que tiene implicaciones mucho más profundas de lo que imaginamos. Es asintomática, no presenta señales visibles y se acumula con los años.
El sistema inmunitario
Aunque en condiciones normales la inflamación es una respuesta natural y protectora del cuerpo, cuando se vuelve crónica empieza a ser perjudicial. A lo largo de la vida, el sistema inmunitario se mantiene en una especie de alerta roja, debido al estrés, la mala alimentación, el sedentarismo y la falta de sueño.
Todo esto acaba pasando factura, y es que el cuerpo es más rencoroso de lo que pensamos. Durante décadas va registrando en las células cada exceso, generando pequeñas cantidades de moléculas inflamatorias en todo el organismo. Esta inflamación constante está detrás de enfermedades como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, alzhéimer y algunos tipos de cáncer.
El cuerpo, en alerta permanente
El investigador Juan Pablo de Rivero Vacefcari, de la Universidad de Miami, lo explica de forma sencilla: el cuerpo humano en la actualidad, debido a los excesos de las dietas calóricas, el estrés y la falta de descanso, mantiene al sistema inmunológico en un estado de alerta constante.
Este estado, aunque necesario para defendernos de infecciones o lesiones, puede volverse un fuego lento que deteriora las células y los tejidos con el tiempo. Las células inmunitarias, que deberían actuar solo ante amenazas, comienzan a liberar sustancias inflamatorias de forma continua, mientras que las defensas adaptativas, como las que aprendemos de las infecciones, se debilitan.
Inmunidad y el envejecimiento
La inmunosenescencia, como se conoce al envejecimiento del sistema inmunológico, también juega un papel crucial en el inflammaging. A medida que envejecemos, este sistema inmunológico pierde eficacia a la hora de eliminar células dañadas o patógenos, lo que hace que la inflamación se mantenga constante, aunque en niveles bajos. Esta inflamación crónica está relacionada con una menor capacidad de regeneración celular y con un deterioro de tejidos y órganos.
Sin embargo, no todo son malas noticias. Actualmente se desarrollan tratamientos farmacológicos que podrían ayudar a reducir la inflamación y mejorar la función celular.
Cómo reducir el 'inflammaging'
A pesar de los avances científicos, los expertos insisten en que el estilo de vida sigue siendo la herramienta más poderosa para frenar este proceso y lanzan algunos consejos:
1- Dieta anti-inflamatoria
Comer alimentos ricos en antioxidantes y grasas saludables, como aceite de oliva, pescado azul, frutos rojos y verduras de hoja verde, puede ayudar a reducir la inflamación. Hay que evitar los alimentos que la favorecen como los azúcares refinados, los alimentos ultraprocesados y las grasas trans.
2- Ejercicio regular
Practicar ejercicio aeróbico y de fuerza reduce la inflamación crónica y mejora la salud inmunológica. No se trata de entrenar demasiado duro, sino de mantener una rutina regular y moderada.
3- Dormir bien
Durante el sueño, el cuerpo se regenera y combate infecciones. El descanso adecuado es esencial para reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y controlar la inflamación.
4- Reducir el estrés
Técnicas como la meditación, el yoga y la respiración profunda pueden ser efectivas para reducir el estrés, lo que también ayuda a disminuir la inflamación en el cuerpo.
5- Suplementos
Algunas sustancias como el omega-3, la astaxantina, el zinc y la vitamina C tienen propiedades antiinflamatorias que pueden ser útiles, pero siempre deben tomarse bajo la supervisión de un profesional de la salud.
Un envejecimiento saludable
Visto lo anterior, la clave para un envejecimiento saludable radica en equilibrar la inflamación. Así, como señala el científico Alan Cohen, "la inflamación es como una alarma de incendios. No siempre es agradable, pero indica que algo no va bien. Lo importante no es apagarla, sino evitar que suene todo el tiempo".