La Real Sociedad no pudo pasar del empate contra el Oviedo en Anoeta, tras un partido loco que se les atragantó de inicio a los txuri-urdin y que se adentró posteriormente en una espiral de locura que debió significarles la victoria. Sin embargo, el agujero negro de la defensa del balón parado dejó al equipo de Pellegrino Matarazzo sin dos importantísimos puntos en la pelea por Europa. Este es el análisis táctico del encuentro.

El repaso al choque debe comenzar precisando, a nivel general, que la Real del técnico estadounidense es una escuadra más cómoda en contextos reactivos que en los propositivos. Esto significa que agradece los partidos en los que puede ejercer de ratón, presionando, forzando los errores del rival y saliendo al contragolpe. Y significa también que se atasca en mayor medida cuando debe jugar el rol de gato, llevando la iniciativa con balón y encontrando soluciones más sofisticadas. Nada nuevo bajo el sol... Hoy día, casi todos los equipos del mundo se encuentran en esta situación, dentro de un fútbol híper analizado cuyos partidos parten de un empate táctico: cualquier movimiento se analiza, los rivales se contrarrestan los unos a los otros, y el acierto puntual y el detalle cobran una relevancia absoluta.

No debe extrañar a nadie, así, que el Oviedo, pese a su condición de colista, minimizara de inicio a la Real. Su entrenador, Guillermo Almada, lo consiguió, para empezar, evitando cualquier tipo de riesgo a la hora de iniciar los ataques. Sí, los asturianos trataron de juntar siempre un par de pases fáciles atrás, para atraer la presión txuri-urdin que se podía esperar: en 4-4-2 y con emparejamientos hombre a hombre. Pero el equipo carbayón apostó siempre por terminar lanzando en largo, hecho con el que mataba dos pájaros de un tiro: evitaba recuperaciones txuri-urdin en posiciones adelantadas que generaran rápidos contragolpes, y propiciaba problemas a los de Matarazzo para gestionar los duelos aéreos que se daban en su línea defensiva. Sufrió especialmente Aramburu con Ilyas Chaira. Y también Marín cuando se hundía con Javi López.

La Real presiona al Oviedo en posiciones adelantadas mediante su 4-4-2 defensivo. Los asturianos han hecho llegar el balón a su lateral derecho Nacho Vidal, quien va a lanzar en largo.

La Real con balón

Con ese juego directo, el entrenador visitante desactivó ya una fuente importante de peligro realista, las mencionadas transiciones tras robo. Y, a partir de ahí, el propio Almada demostró haber estudiado muy bien el posible comportamiento de los txuri-urdin con el balón. Ante situaciones así, el conjunto guipuzcoano venía haciendo del pase dentro, buscando la espalda del centro del campo rival, su gran razón de ser en clave ofensiva. Lo vimos en Mendizorrotza contra el Alavés, por ejemplo. Y lo vimos también en el derbi copero de Bilbao. Refresquemos la memoria con imágenes de aquellos dos análisis, viendo ataques blanquiazules iniciados siempre desde patrones similares.

Alavés-Real: salida de tres txuri-urdin con la idea de conectar con la espalda de los centrocampistas vitorianos (pase de Jon Martín a Brais para que este descargue de espaldas hacia Oyarzabal).

Athletic-Real: nueva salida de tres txuri-urdin, con Oyarzabal ubicado entre líneas para recibir el balón y terminar lanzando hacia la zona azul, en la que esperan Guedes y Sergio.

Almada tuvo muy en cuenta esa intención casi permanente de la Real de encontrar este tipo de situaciones en los pasillos interiores. Y preparó así para Anoeta un entramado defensivo valiente en cuanto a la altura de sus futbolistas y que dio siempre prioridad absoluta a tapar a su equipo por dentro. No tuvo problema en conceder a los txuri-urdin los pases fuera, con el objetivo de evitar que el equipo de Matarazzo encontrara en la espalda del doble pivote (Sibo-Fonseca) a futbolistas blanquiazules capaces de poner al Oviedo a correr hacia atrás.

Vemos aquí la idea defensiva del Oviedo y de su 4-4-2 defensivo, presionante. La línea de medios espera muy estrecha y ubica en posiciones altas a los extremos Ilyas y Hassan, preparados ambos para saltar (flechas) hacia posibles recepciones de los centrales Jon Martín y Caleta-Car. En las bandas, mientras, los laterales Aramburu y Sergio Gómez, libres, significan las puertas de salida txuri-urdin.

Captura de pantalla real que muestra lo ilustrado por la anterior imagen de pizarra.

Parecía claro que, en cuanto la Real lograra estabilizar mínimamente sus posesiones, ejecutaría su habitual salida de tres, para disfrutar de superioridad numérica atrás contra los dos puntas rivales y poder lanzar los mencionados pases entre líneas. No significó ninguna sorpresa, así, que los de Matarazzo comenzaran a aplicar enseguida esta posible solución.

Salida de tres de la Real en la que se aprecia la intención txuri-urdin en ataque: conectar con la zona del recuadro blanco, a la espalda del centro del campo rival. Los laterales Aramburu y Sergio Gómez están libres y significan posibles soluciones para terminar encontrando la profundidad, pero el conjunto de Matarazzo apenas les busca.

Ejemplo de lo intentado por la Real, en una de las pocas ocasiones en las que lo encontró con claridad: pase claro de Caleta-Car hacia la ubicación entre líneas de Guedes. Obsérvese que el extremo Hassan ha sido aquí agresivo a la hora de lanzarse a presionar al croata, pero sin taparle a este las líneas de pase hacia el propio Guedes (utilizada) y hacia Sergio (no utilizada). De cualquier modo, a los jugadores txuri-urdin les faltaron elevadas dosis de finura para transformar en ataques prometedores las escasas situaciones provechosas que lograron de este modo.

Y es que, en líneas generales, el Oviedo supo defender muy bien los ataques posicionales de la Real. En esta nueva imagen, correspondiente a la segunda parte, vemos cómo el extremo Ilyas no salta a por 'su' central (Jon Martín) como hacía Hassan en la anterior captura, sino que se muestra más conservador y tapa el posible pase del defensa a Mikel Oyarzabal. En la derecha, Jon Mikel Aramburu permanece sin marca, pero no recibe el esférico. Cabe destacar que Matarazzo terminó apostando enseguida por reforzar y utilizar la amenaza exterior con un carrilero más profundo como Odriozola que podría haber contribuido a hacer más daño al rival, pero el donostiarra se lesionaría a las primeras de cambio.

La opción exterior

Durante esos 60 minutos iniciales durante los que el Oviedo contrarrestó a la Real, se echó de menos que la Real buscara con mayor ahínco situaciones generadas desde el aprovechamiento de esa puerta exterior (pase a los laterales) que le concedió el rival y cuyo umbral apenas quisieron cruzar los txuri-urdin. La profundidad no sólo podía hallarse desde conexiones en la espalda de la medular rival. También podía encontrarse desde los pases fuera ante un adversario que, en jornadas anteriores, siempre había mantenido innegociable su línea de cuatro defensas, incluso contra equipos que (como la Real) poblaban sus respectivos ataques con líneas de hasta cinco hombres.

Barcelona-Oviedo en el Camp Nou, a finales de enero: salida de tres culé, similar a la de la Real, que genera un claro cinco contra cuatro en la zona del recuadro azul. El cuadro asturiano no corrige la situación poblando su zaga con un quinto hombre, sino a partir de la basculación de los integrantes de su línea defensiva.

No dejó de resultar significativo durante el Real Sociedad-Oviedo que el gol txuri-urdin que cambió el partido y generó ya una especie de caos hacia la remontada llegara tras una acción en la que los de Matarazzo generaron una ventaja a partir de un pase fuera. Partiendo de la base de la dificultad que implica meter mano al entramado defensivo de cualquier equipo de Primera División, el equipo blanquiazul no mezcló lo suficiente sus intentos previos: se obcecó a la hora de generar ventajas por dentro, y se olvidó de la oportunidad que podían significar los pases exteriores, paso previo a desmarques profundos entre lateral y central.

Imagen de pizarra que ilustra la situación previa al 1-2 de Óskarsson: la Real por fin recurre al hombre libre en banda (Guedes aquí) para atraer la atención del lateral derecho rival y atacar en superioridad numérica (cinco contra cuatro en la zona blanca) a la zaga carbayona. Sergio Gómez lanza un desmarque profundo entre central y lateral y pone a continuación el centro para la primera diana de Óskarsson.

Captura de pantalla correspondiente a la anterior imagen de pizarra, en la acción que propició el primer gol realista.

Imagen cenital correspondiente a la repetición del 1-2. Se observa aquí cómo, computando a un Guedes que condiciona por completo la posición del lateral derecho rival, la Real ataca con cinco futbolistas a una línea defensiva compuesta por únicamente cuatro jugadores.

Todo hay que decirlo: dentro del ida y vuelta en el que entró el encuentro durante su tramo final, la Real sí encontró situaciones más que interesantes rascando a la espalda de los pivotes rivales. Es decir, buscando esas conexiones interiores que no había terminado de encontrar previamente. Ayudó también a lograrlo la presencia sobre el campo de un punta como Óskarsson, más amenazante al espacio que Pablo Marín (falso nueve en muchas acciones de inicio) y fijador más efectivo de centrales para que Oyarzabal y compañía recibieran tras él con mayor comodidad.

En cualquier caso, el conjunto de Matarazzo debe prepararse para afrontar en un futuro cercano partidos de características similares a las del choque con el Oviedo. Es cierto que la situación actual de la plantilla, con lesiones de jugadores exteriores, ha venido dificultando la opción de atacar por fuera más que por dentro: Kubo, Barrene, ahora Odriozola o incluso Rupérez te pueden permitir mezclar ambas amenazas en mayor medida. Pero el míster siempre va a contar con recursos para aprovechar esos pases que sí concede el adversario y hallar nuevas ventajas a partir de los mismos. Esperemos ver próximamente a una Real que combine más sus tipos de ofensiva, alternando posibles caminos hacia la portería rival.