La Real Sociedad está un poco más cerca de las semifinales de la Copa del Rey, después de ganar este miércoles al Athletic en San Mamés (0-1). El cuadro txuri-urdin se mostró superior a su rival en la ida de las semifinales, al funcionar casi a la perfección el plan táctico trazado por Pellegrino Matarazzo. El técnico estadounidense acertó a la hora de atacar al 4-4-2 rojiblanco, encontrándole las cosquillas tanto a la espalda de los pivotes como en la banda contraria al balón, con balones filtrados a Oyarzabal y envíos cruzados hacia Guedes respectivamente. Además, la agresiva presión blanquiazul, a pares, permitió robar un esférico que supuso el único gol del encuentro.

Tras un breve e impetuoso arranque local, apenas unos minutos de partido bastaron para que la Real se hiciera con el control del choque y comenzara a enlazar posesiones más largas. Estas primeras secuencias de pase permitieron detectar lo que había preparado Matarazzo para este derbi, con una alineación relativamente similar a la del duelo liguero (sólo dos cambios) pero con un plan muy distinto. El técnico otorgó nuevos roles a los hombres más adelantados del equipo, insistió en aplicar una salida de balón con tres centrales (incluido Gorrotxategi) y cambió de banda a Guedes (de derecha a izquierda) para que el luso atacara el costado desatendido por un Athletic muy tendente a bascular hacia el lado del balón.

Imagen de pizarra con el plan trazado por Matarazzo: salida de tres centrales (con Gorrotxategi), laterales (Aramburu-Sergio) muy altos, ataques orientados al costado diestro, Oyarzabal cayendo a la mediapunta derecha para recibir entre líneas, Marín (papel clave) como referencia arriba, y Guedes en el lado opuesto al balón para atacar con Sergio la zona azul, ante un Athletic cuyo 4-4-2 bascula mucho hacia el ala en la que circula el esférico.

Captura de pantalla que ilustra el panorama descrito: Jon Martín va a conectar con Oyarzabal entre líneas. Obsérvese cómo Soler (a pivote) y Marín (a central y lateral del Athletic) fijan a rivales en la zona para facilitar la citada recepción del capitán.

Continúa la acción y la idea de Matarazzo cobra todo su sentido: Oyarzabal ha recibido entre líneas, se ha orientado hacia dentro para jugar con su pierna buena y va a lanzar un cambio de orientación a la zona azul, donde esperan Guedes y Sergio.

Se matiza el Athletic

Ernesto Valverde trató de ajustar a los suyos ante el nuevo funcionamiento txuri-urdin. Ordenó al lateral Adama Boiro perseguir a Oyarzabal para encargarse de esas recepciones interiores. Pero la Real nunca dejó de buscar a su capitán, quien fue siempre consciente de lo que se cocía en el resto de zonas del terreno de juego. ¿En qué sentido?

Oyarzabal no recibe solo como en la anterior acción analizada. Ahora es perseguido por Adama. Pero el movimiento de este depara en última línea de ataque un uno contra uno de Marín con Laporte. El capitán realista va a tratar de lanzar al espacio al riojano, más rápido que su par.

Salir por la derecha, además, nunca va a eliminar la opción de aplicar la idea original, cambiar de banda hasta Guedes y/o Sergio. La jugada anterior (pase de Oyarzabal a Marín) ha sido frenada por el Athletic, pero el capitán txuri-urdin tiene aquí una nueva oportunidad de cruzar el balón para que Guedes ataque el costado desocupado por el adversario. Obsérvese lo estrecho y orientadísimo al costado del esférico que resulta el 4-4-2 de los locales.

Incluso en situaciones que implican ya un repliegue del rival, la Real saca provecho de las posiciones trabajadas por Matarazzo. Aquí ha continuado la jugada anterior, con Guedes recibiendo en izquierda y corriendo en diagonal hacia dentro conduciendo el balón: el portugués va a encontrar entre líneas a Oyarzabal, con Marín de ariete condicionando a los defensas rivales, que no pueden saltar a por el capitán txuri-urdin.

El mencionado retoque defensivo de Valverde le implicó al Athletic cerrar con zaga de cinco en determinadas situaciones del juego, cuando Robert Navarro se hundía con Aramburu. Pero la Real nunca dejó de hallar posibles soluciones, manteniendo el plan trazado por Matarazzo y simplemente agregándole matices.

El Athletic defiende formando una especie de 5-3-1-1, al hundirse Robert Navarro con Aramburu hasta formar parte de la zaga. Al contar los locales con un defensa adicional, la amenaza en el lado opuesto al balón pasa a estar constituida por un solo jugador (Sergio), mientras Guedes centra su ubicación para fijar la atención de los centrales, permitir la recepción de Oyarzabal a la espalda de la medular rojiblanca y duplicar así la amenaza para cuando el capitán tenga el balón controlado: una en el cambio de orientación (al propio Sergio) y otra en el pase profundo (al portugués).

La Real tuvo siempre muy claro cuál podía ser el camino más corto hacia la meta rival. Se trataba, primero, de conectar con Oyarzabal a la espalda de la medular rival, sacando el balón jugado por el costado derecho. Y tocaba, a continuación, buscar una diagonal para que Guedes atacara desde la banda desocupada por el Athletic. La primera jugada de la segunda parte, una ocasión muy clara txuri-urdin, mostró cómo, desde distintas fórmulas, el objetivo era el mismo prácticamente siempre.

La Real busca a Oyarzabal entre líneas, esta vez (a diferencia de lo visto en la primera mitad) con una salida de sólo dos centrales. Sergio y Guedes esperan lejos del balón para atacar la zona azul.

El pase a Oyarzabal acaba con el esférico en pies de Turrientes, quien va a lanzar una diagonal hacia Sergio Gómez. El centro del catalán lo remata Oyarzabal y Padilla responde con una gran parada, antes de que Marín (en posible fuera de juego) estrelle un segundo disparo en el palo.

Durante los primeros 50 minutos, la Real mereció con creces el gol que le adelantara, merced a una superioridad con balón que no se reflejó en el marcador. Consciente de cuál era el panorama, Ernesto Valverde trató de cambiar el encuentro desde un cuádruple cambio que permitió mejorar al Athletic, y que quizás explique indirectamente por qué el 0-1 txuri-urdin llegó a través de una acción de distinta naturaleza: un robo de los de Matarazzo en agresiva presión alta, hombre a hombre.

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Faltan nueve segundos para que Turrientes haga el 0-1. La Real presiona a pares a todos los jugadores del Athletic, corriendo unos riesgos que ilustra la persecución fuera de zona de Jon Martín a Selton. Los txuri-urdin fuerzan un ma pase de Galarreta a Jauregizar, origen de la única diana del encuentro.

La Real de Matarazzo ya no gana por una mera cuestión de dinámica y de energía positiva. La influencia del entrenador txuri-urdin en el juego del equipo resulta cada vez más notoria, y se viene reflejando en acertados e inteligentes planteamientos, adaptados a las características de los rivales y del propio conjunto blanquiazul. Dentro de planes de partido muy distintos entre sí, las últimas victorias ante Elche y Athletic, por ejemplo, significan buenos botones de muestra respecto a las ilusionantes perspectivas que genera a futuro el técnico estadounidense. Estas, eso sí, no garantizan nada de cara a un encuentro de vuelta, dentro de tres semanas, en el que cambiarán muchas circunstancias de pizarra y en el que los de Ernesto Valverde venderán muy cara su piel.