La Real Sociedad está un poco más cerca de las semifinales de la Copa del Rey, después de ganar este miércoles al Athletic en San Mamés (0-1). El cuadro txuri-urdin se mostró superior a su rival en la ida de las semifinales, al funcionar casi a la perfección el plan táctico trazado por Pellegrino Matarazzo. El técnico estadounidense acertó a la hora de atacar al 4-4-2 rojiblanco, encontrándole las cosquillas tanto a la espalda de los pivotes como en la banda contraria al balón, con balones filtrados a Oyarzabal y envíos cruzados hacia Guedes respectivamente. Además, la agresiva presión blanquiazul, a pares, permitió robar un esférico que supuso el único gol del encuentro.
Tras un breve e impetuoso arranque local, apenas unos minutos de partido bastaron para que la Real se hiciera con el control del choque y comenzara a enlazar posesiones más largas. Estas primeras secuencias de pase permitieron detectar lo que había preparado Matarazzo para este derbi, con una alineación relativamente similar a la del duelo liguero (sólo dos cambios) pero con un plan muy distinto. El técnico otorgó nuevos roles a los hombres más adelantados del equipo, insistió en aplicar una salida de balón con tres centrales (incluido Gorrotxategi) y cambió de banda a Guedes (de derecha a izquierda) para que el luso atacara el costado desatendido por un Athletic muy tendente a bascular hacia el lado del balón.
Se matiza el Athletic
Ernesto Valverde trató de ajustar a los suyos ante el nuevo funcionamiento txuri-urdin. Ordenó al lateral Adama Boiro perseguir a Oyarzabal para encargarse de esas recepciones interiores. Pero la Real nunca dejó de buscar a su capitán, quien fue siempre consciente de lo que se cocía en el resto de zonas del terreno de juego. ¿En qué sentido?
El mencionado retoque defensivo de Valverde le implicó al Athletic cerrar con zaga de cinco en determinadas situaciones del juego, cuando Robert Navarro se hundía con Aramburu. Pero la Real nunca dejó de hallar posibles soluciones, manteniendo el plan trazado por Matarazzo y simplemente agregándole matices.
La Real tuvo siempre muy claro cuál podía ser el camino más corto hacia la meta rival. Se trataba, primero, de conectar con Oyarzabal a la espalda de la medular rival, sacando el balón jugado por el costado derecho. Y tocaba, a continuación, buscar una diagonal para que Guedes atacara desde la banda desocupada por el Athletic. La primera jugada de la segunda parte, una ocasión muy clara txuri-urdin, mostró cómo, desde distintas fórmulas, el objetivo era el mismo prácticamente siempre.
Durante los primeros 50 minutos, la Real mereció con creces el gol que le adelantara, merced a una superioridad con balón que no se reflejó en el marcador. Consciente de cuál era el panorama, Ernesto Valverde trató de cambiar el encuentro desde un cuádruple cambio que permitió mejorar al Athletic, y que quizás explique indirectamente por qué el 0-1 txuri-urdin llegó a través de una acción de distinta naturaleza: un robo de los de Matarazzo en agresiva presión alta, hombre a hombre.
La Real de Matarazzo ya no gana por una mera cuestión de dinámica y de energía positiva. La influencia del entrenador txuri-urdin en el juego del equipo resulta cada vez más notoria, y se viene reflejando en acertados e inteligentes planteamientos, adaptados a las características de los rivales y del propio conjunto blanquiazul. Dentro de planes de partido muy distintos entre sí, las últimas victorias ante Elche y Athletic, por ejemplo, significan buenos botones de muestra respecto a las ilusionantes perspectivas que genera a futuro el técnico estadounidense. Estas, eso sí, no garantizan nada de cara a un encuentro de vuelta, dentro de tres semanas, en el que cambiarán muchas circunstancias de pizarra y en el que los de Ernesto Valverde venderán muy cara su piel.