La Real Sociedad encajó este sábado en el Santiago Bernabéu una contundente derrota, la primera con Pellegrino Matarazzo en el banquillo. El cuadro txuri-urdin sufrió en defensa ante un Real Madrid que aceptó la invitación visitante de atacar por las bandas. Y los guipuzcoanos carecieron además de profundidad en ataque hasta que ingresó en el campo su baza más adecuada para amenazar al espacio, un Gonçalo Guedes a quien también benefició la posterior entrada de Beñat Turrientes como lanzador. Este es el análisis táctico de un partido en el que los blanquiazules ofrecieron una versión más bien discreta, sobre todo durante la primera mitad.
La actuación realista en Chamartín se empieza a entender a partir de los cambios que Matarazzo introdujo en el once inicial, tras el desgaste acumulado el miércoles en el derbi copero. Dos jugadores clave en San Mamés como Sergio Gómez y Gonçalo Guedes descansaron de inicio en Madrid. Y el equipo les echó en falta a la hora de dar continuidad a sus acciones ofensivas, en las que buscó hacer daño al 4-4-2 defensivo del rival a partir de una idea idéntica a la del partido de Bilbao.
En defensa
El conjunto guipuzcoano sólo generó en la primera mitad la acción del penalti convertido por Mikel Oyarzabal, y además sufrió en defensa para contener el dinamismo de los jugadores del Real Madrid, que desajustaron a menudo el sistema de contención txuri-urdin. Este atendió, principalmente, a dos fases distintas del juego, la presión alta y el repliegue, existiendo en ambas un denominador común: la Real concedió las banda a su rival y priorizó taparse por dentro. Lo vemos...
Lo cierto es que el Real Madrid supo aprovechar el modo en que defendió la Real: lo consiguió a menudo, además, mediante distracciones interiores que dificultaron a los txuri-urdin protegerse como habrían deseado. Lo analizamos a continuación repasando los tres goles locales antes del descanso.
Mejoría tras el descanso
Cambiaron cosas durante el intermedio. La más evidente residió en la entrada de Guedes por Wesley, dotándole el portugués al equipo de una mordiente mayor. Varió igualmente la presión alta de la Real, más ajustada a lo que estaba haciendo el equipo desde la llegada de Matarazzo, ya con emparejamientos al hombre y no zonales como los vistos en la primera mitad. Y agradecería también la escuadra blanquiazul el posterior ingreso de Beñat Turrientes, cuyas conducciones sirvieron para lanzar varios ataques prometedores.
En el cómputo general del encuentro, más allá de polémicas y de mejorías con los cambios, la Real completó en el Santiago Bernabéu una actuación más que discreta y que no puede disociarse del contexto de calendario en el que visitó al Real Madrid. Lo hizo para medirse a un rival descansado, habiendo jugado los txuri-urdin tres días antes un exigente encuentro copero que condicionó alineación y planteamiento. El partido del próximo sábado ante el Real Oviedo en Anoeta (14.00 horas) debería ayudar a superar el mal trago de la derrota en Chamartín.