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[A por ellos] Más derbis y menos Superligas, por Mikel Recalde

La participación permanente de tres clubes españoles en una competición cerrada y económicamente blindada habría alterado el ecosistema competitivo de la Liga

[A por ellos] Más derbis y menos Superligas, por Mikel RecaldeRuben Plaza

La verdad es que los nervios estaban a flor de piel. Pensaba intentar echar una cabezadita después de comer y antes de emprender el viaje a Bilbao, pero pronto noté algo extraño en mi estómago que me lo descartó por completo. Era la presión. Y eso que yo tampoco me suelo alterar demasiado. Sí recuerdo tensas las horas previas a la final para siempre, pero lo suelo llevar bastante bien. Nada que ver a cuando era niño, ya que antes de la derrota ante el Barcelona en la final de 1988 podía estar haciendo piruetas en el tejado de la casa familiar en Torrelodones de lo cardiaco que estaba. 

Había quedado con mi jefe y amigo Yon Cuezva, que me tuvo esperando casi un cuarto de hora debajo de mi casa. Se me había olvidado que soy el tío más puntual y que tengo TOC con los que llegan tarde, lo que se agrava en situaciones límite. Encima mi chófer, que no escucha, se pasó del sitio en el que le estaba esperando y tuvo que dar una buena vuelta para recogerme, lo que sin duda acrecentó el constante movimiento de mi pierna derecha. La mágica. Parecía imposible que el viaje que había planeado saliera bien, porque en Zumaia nos cambiábamos de coche y nos subíamos al de la gran Maitane Urbieta, que me tranquilizó y me dejó la frase del día: “Yo ya no es que tenga nervios, es que siento ansiedad en el pecho”. La pobre llegó tarde también porque se encontró con un atasco por el típico semáforo de obra de esos en los que te puedes pasar más tiempo esperando que un árbitro aguardando la resolución de una jugada polémica y sin que llame para ir a verlo a la pantalla el habitual incompetente de turno en la sala VOR (nótese el diferente tono para tratar al periodista y a la periodista). No es fácil viajar con Yon, tiene que entrar 35 veces en su radio, lo que provoca que no podamos casi ni hablar entre nosotros ni, por supuesto, contestar llamadas en un día de partido.

Florentino Pérez

Pero en su primera intervención, cuando aún estábamos los dos solos en su coche, le hicieron dos preguntitas sobre los equipos y los lesionados para, en cuanto pudieron, meter el supuesto tema de la jornada, la noticia interplanetaria de que el Madrid había abandonado la Superliga esa de las narices y que, por ende, había hecho las paces con la UEFA. Después de un rollo infumable de su compañero, Cuezva salió al quite de forma cortante y atinada: “La noticia del día es que hoy se juega un derbi vasco en una semifinal de Copa. Y para mí el Madrid lo que ha hecho ha sido bajarse de sí mismo, al no quedar ya nada del proyecto”.

Y es verdad. No son conscientes de lo aburridos que son con esos temas que solo les importa a ellos, a los que dan mil vueltas mientras nos torturan con una tabarra insufrible como si fuesen apasionantes. Y no lo son. 

Yo conocí a Florentino Pérez cuando cubría la información del Real Madrid justo antes de que NOTICIAS DE GIPUZKOA abonara por sorpresa mi cláusula en el mercado de invierno. Todavía era su primera época en la presidencia y su influencia no era tan grande. Una tarde, uno de mis compañeros y un fotógrafo cazaron una reunión entre Florentino y Valdano, que era su director deportivo, en el hotel Eurobuilding. El mismo en el que se alojaron la mayor parte de los jugadores de la plantilla realista que no quisieron subirse al autobús de vuelta tras la famosa noche de la discoteca Gabana, después de volver a hacer el ridículo en el Bernabéu, que se encuentra a unos 200 metros. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, se lo aseguro… 

Era un encuentro normal y corriente entre los dos dirigentes del Madrid, que podían haberlo hecho de forma privada en sus despachos en el estadio, pero que esta vez optaron por juntarse en un sitio público. El caso es que, cuando vio que les habían cazado y que les habían fotografiado, Florentino salió del hotel encolerizado y acompañado de uno de sus gorilas, se encaró con los que eran mis compañeros, les reprochó que estuvieran ahí a pesar de que lo único que hacían era cumplir con su trabajo y, lo que es peor, les obligó a que les dieran la tarjeta de la cámara, que no acabó en el suelo en el forcejeo de milagro. Conozco muchas más historias para no dormir del emperador blanco, bastante más graves aún que ésta, pero si hace 22 años hacía esto, imagínense el control absoluto que mantendrá ahora con la caverna blanca.

Se lo leí un día a Iñako Díaz Guerra. Contaba que un hombre de fútbol le había comentado que el único empresario de gran nivel, de los más importantes, reputados y conocidos, que se había metido en este mundo era Florentino Pérez. El resto de presidentes no tienen su nivel de influencia. Y puede ser así, aunque con esto no quiero hacer de menos a Jokin Aperribay, que por algo mantiene tan buena relación con el madrileño. Y como enésima demostración, recordar que este verano la Real tuvo casi cerrados a tres jugadores blancos, dos delanteros cedidos (solo hubiese llegado uno) y un extremo traspasado que se cansó de esperar a la salida de Becker y ahora se está saliendo en Pamplona. 

La idea de la Superliga

La Superliga no era solo una disputa internacional. Para el fútbol español, suponía un cambio estructural de consecuencias imprevisibles. La participación permanente de tres clubes españoles (Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid) en una competición cerrada y económicamente blindada habría alterado el ecosistema competitivo de la Liga. Nada hubiese sido lo mismo y, aunque nos encanta decir que queremos que se marchen, que cierren la puerta al salir y que sin ellos o con ellos centrados en otras prioridades, viviríamos mucho mejor, lo cierto es que se correría el peligro de sufrir una decadencia angustiosa como la ACB o la Asobal de balonmano. 

El modelo de ingresos propuesto prometía cantidades muy superiores a las que reparte la actual Liga de Campeones de la UEFA. Eso habría ensanchado todavía más la brecha económica con el resto de clubes españoles, comprometiendo la competitividad interna y debilitando el atractivo del campeonato nacional, convirtiendo al resto de clubes necesitados de ingresos en auténticos viveros de futbolistas para los tres abusones.

En Anoeta hace mucho tiempo que no estaban preocupados por la Superliga. El peligro que amenaza a equipos como la Real se llama la multipropiedad y los inversores millonarios: “La entrada masiva de fondos de inversión en La Liga puede alterar la competición. La Liga española está barata. Van a por clubes de nuestro tamaño”, alertóAperribay tras la junta de diciembre.

El conjunto txuri-urdin siempre ha sido un matagigantes. Un equipo que se ha adaptado a todo. Antes se presentaba en Bilbao y en Madrid como en el matadero. Ahora no le da miedo ni la salida al coliseo blanco cuando subes las escaleras y te encuentras con un escenario monumental. Si la Real ha ganado 3-4 dos veces en menos de cinco años en duelos a vida o muerte. Otro nivel.

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Aviso a navegantes: ya nos han robado todo. No queremos que nos pase lo mismo que a los pobres aficionados blancos a los que dejaron abandonados a su suerte en Saint Denis antes de la final contra el Liverpool y hubo gente a la que atracaron hasta tres veces. Viajamos sin cartera.

En el viaje de ida, comentaba con Maitane hablando en bajo (no por lo bajini) para no molestar a Cuezva: “Bilbao y Madrid en una semana, lo normal sería que perdiésemos, ¿no?”. Al terminar la victoria y la gesta de San Mamés, cuando nos encontramos en zona mixta, Maitane se acercó muy sonriente y me dijo al oído: “¿Y si tampoco perdemos en Madrid?”. Como para dejar de creer en el ejército de Matarazzo cuando ha demostrado que con esos soldados y su estado de forma puede ganar a cualquiera donde sea. Sería la guinda a un inicio estratosférico, con todos los rivales de enjundia de la Liga. La nuestra. La de siempre. La que ha ganado dos veces nuestra Real. ¡A por ellos!