“Sonreímos y seguimos”. Con esta sencillez y naturalidad despachó Matarazzo hace unos días la pregunta sobre su designación como mejor entrenador del mes de enero en la Liga. Sin darle más importancia que la que se debe dar a un galardón individual en un deporte de grupo. Así nos tomamos el nuevo escándalo sucedido en un derbi en Bilbao. Sí, nos han vuelto a robar, sonreímos y seguimos. No sin antes haber apretado los dientes, haber digerido el monumental enfado que vivimos en el mismo escenario (la buena compañía en el viaje de regreso a casa siempre ayuda) y haber intentado que lo sucedido permita al equipo salir más motivado si cabe y hasta enrabietado para beneficiarse de ello en la Copa. Lo más grave del asunto, en mi opinión, es que la frase más repetida en Gipuzkoa durante la semana pasada fue “menudo atraco nos espera en Bilbao”. Llegó el domingo y se confirmó la encerrona con todas las letras. Aquí pasa algo raro, raro, raro...

Sé cómo es el fútbol y que se trata de un juego de contacto que está sufriendo una plaga llamada VAR y el uso del mismo que están haciendo los árbitros que amenaza con su destrucción. Que un derbi es un partido de máxima tensión y presión que lleva al límite a los jugadores y que la situación deportiva del vecino es más que preocupante, como pudimos constatar el mismo domingo en el verde. Aquí siempre nos hemos jactado de no ser como en otros lugares, de conocer y reconocer unos límites que no se deberían cruzar. Incluyo acciones de mi propio equipo, como la famosa patada de Merino a Sancet en Anoeta o las continuas exageraciones de Le Normand cuando su propia afición sabíamos de sobra que no tenía nada o el posible exceso en una caída en un momento concreto para poder rascar un penalti. Pero lo vivido y sufrido el domingo traspasa cualquier línea. No entro a valorar las macarradas de Jauregizar, un futbolista que particularmente me encanta, que debieron ser castigadas, pero lo de Paredes es inadmisible. Provocar, empujar, notar que le roza una mano, darse cuenta segundos después y dejarse caer como si le han cruzado la cara me parece de lo más patético que he visto en toda mi vida en los clásicos. Allá cada cual con su estilo (Gure estiloa, y tal), pero que quede claro que nosotros repudiamos y nos hubiésemos sentido avergonzados en caso de que uno de los nuestros hubiese actuado de esa manera tan desleal y fraudulenta. Menudo ejemplo para los muchos niños que estaban en el campo. Jamás en Anoeta, mesedez. ¿Pero dónde se han quedado aquellos fieros leones? Como decía Mourinho cuando precisamente uno de los suyos, Del Horno, trató en varias ocasiones de acabar con la carrera de Messi a sus 18 años y siendo ya un genio del fútbol mundial: “¿Vamos a suspender a Messi por hacer teatro? Barcelona es una ciudad cultural con muchos teatros y este chico ha aprendido muy bien. Es teatro del bueno”. No sabíamos que Bilbao tenía tanta riqueza cultural, la verdad. Como decíamos ayer, tan cerca y tan distintos... 

Reitero, sonreímos y seguimos. Pellegrino Matarazzo comentó el viernes que había vivido derbis regionales de alto voltaje y puso como ejemplo la rivalidad entre en el Nuremberg, en el que trabajó varios años, y el SpVgg Greuther Fürth. Frankenderby, el derbi de la Franconia, enfrenta a equipos de ciudades separadas por siete kilómetros. Está considerado como uno de los duelos más antiguos y calientes de Alemania, ya que se juega desde principios del siglo XX. Dicen los que lo han jugado alguna vez que “el ambiente siempre es tenso, ruidoso y venenoso” y muchos futbolistas han llegado a reconocer que ha sido el partido donde “más presión sienten”. La rivalidad es tal que en los años 20, la Die Mannschaft (selección alemana) de aquella época estaba compuesta solo por futbolistas de ambos equipos y tenían que dormir en ubicaciones diferentes por lo mucho que se odiaban. Incluso cuenta la leyenda que, por aquellos años, el capitán y estrella del Furth fue obligado a abandonar el club después de casarse con una chica de Nuremberg. Las derrotas escuecen durante meses y sus encuentros siempre están catalogados de “alto riesgo”, con separación extrema de sus aficiones en la grada, despliegues policiales enormes y en varias ocasiones se han producido invasiones de campo, con lanzamientos de bengalas y habituales enfrentamientos en los alrededores de los estadios. Permítanme la licencia, como para que aparezca un aprendiz de sinvergüenza para tratar alterar su derbi con una ridícula sobreactuación como nos sucedió en Bilbao. 

Al grano. ¿Cómo es posible que a un entrenador que ha vivido derbis al rojo vivo como estos se le ocurriera que era buena idea hacer debutar al recién llegado Wesley cuando va ganando 0-1 y tiene el duelo controlado hasta el punto de que a falta de diez minutos no te habían disparado a puerta? Es decir que si Remiro en vez de estar recogiendo bolas de papel de plata, que no pararon de lanzarle desde el fondo, se hubiese quedado levantando birras en los bares de la explanada de enfrente el resultado hubiese sido el mismo. El americano contaba con muchas bajas importantes, pero aun así podía servirse a la carta en el banquillo con Odriozola, que ya le ha demostrado de lo que es capaz y a quien nadie le iba a ganar en motivación; Ochieng, si quería velocidad; Dani Díaz, si buscaba regate y desequilibrio; o, lo que es más grave, Yangel Herrera, el hombre que vino para equilibrarlo todo. Yo, como Erik Bretos el pasado martes, sí disculpo al brasileño, que no tiene responsabilidad y que se comió semejante marrón que hasta podía haber sido el sustituido por un compañero más defensivo cuando vio la roja Brais, de quien ya lo hemos dicho todo.

Para la información del gran Matarazzo, este miércoles la Real afronta otro derbi. En el que pesar de algún episodio lamentable en el pasado, del que no queremos acordarnos, las relaciones son cordiales. Entre otras cosas, porque no paramos de hacerles favores y porque casi siempre que los visitamos nos ganan. Sigo sin recordar una actuación brillante en Vitoria de la Real, insisto, y es un campo en el que, como ya dije en la víspera de la visita en Liga, hay que jugar de manera diferente.

No puedo criticar al de Jersey por los cambios de Guedes y Oyarzabal en Bilbao porque fue consecuente con la importancia que le da a la Copa. 

Me preguntaban la semana pasada si prefería los seis puntos ante Athletic y Elche o el pase en Vitoria. Yo no tuve ninguna duda, la Copa. Nos quedaríamos a solo dos partidos de una final por tercer año consecutivo. Lo dice uno que recuerda cada detalle del viaje a Madrid en la derrota ante el Barcelona de 1988, que no le ha perdonado jamás a su aita porque el año anterior no le llevó a Zaragoza. Que se acuerda de la final Para Siempre en La Cartuja vacía y sabe que no fue lo mismo, aunque la felicidad que sentimos sí. 

Que no olvida cómo hervía Anoeta en la semifinal contra el Barcelona en 2014 cuando nos robaron en la ida en plena época Negreira. Que sufrió el mazazo de las semifinales contra Mallorca y que ahí entendió la pasión que nos hace vivir ese tipo de encuentros y esta competición hasta el punto de que nos hundió durante meses frustrados por la impotencia. Que no olvida que El Momento de la pasada temporada fue el 1-3 de Oyarzabal en el Bernabéu. Aunque solo durara segundos, se me vuelve a poner la piel de gallina. 

Muchos no se dan cuenta de lo cerca que estamos de vibrar como nunca acompañados y de todo lo que supondría un viaje en masa txuri-urdin. No se me olvida la importancia que le daba Jagoba Arrasate por llegar a enfrentarse al Madrid a pesar de tener pocas opciones en la final: “Para nosotros significa mucho, por todo el sentimiento osasunista”.

Todavía nos cuesta darnos cuenta de que nos encontramos ante una nueva posibilidad de vivir un momento único, a lo que hay que añadir que el equipo de Matarazzo ha demostrado que puede competir contra cualquiera y que le puede ganar a cualquiera. En serio, que la Real está muy cerca y tiene tantas posibilidades como el que más de celebrar otro ansiado título. A ver si nos lo creemos todos de una vez y unidos salvamos este durísimo obstáculo en Vitoria. Después ya habrá licencia para soñar con la gloria. Este equipo puede hacerlo. Yo creo a muerte. Sonreímos y seguimos. ¡A por ellos!