La Real afronta ante el Alavés en Vitoria el partido de la temporada hasta ahora. Y eso que ha pasado por todo tipo de curvas de tensión y riesgo en el camino sinuoso que le ha tocado vivir a lo largo de este curso. Los blanquiazules han sobrevivido al funambulismo que les tocó hacer al límite de las llamas del infierno de los puestos de descenso e incluso ya ha afrontado un par de batallas para intentar meterse en el vagón de los que aspiran a Europa. La última, el domingo, en todo un clásico vasco en el que un arbitraje tendencioso le privó de dos puntos clave para acercarse a su objetivo.
Ahora se detiene el tiempo. El pan o la mantequilla o lo que les “da la vida”, como incidió el propio Ernesto Valverde, al que ya no se le vio tan nervioso y exaltado como en Anoeta después de que su equipo empatara gracias a una ayuda arbitral escandalosa. Aunque muchos no piensen así, la Copa es la competición más accesible y el camino más corto para que la Real consiga un nuevo título. Es cierto que los realistas vienen de eliminar a Osasuna en Anoeta de milagro, aunque con total merecimiento a pesar de que logró empatar el encuentro en el descuento y que en casa todo parece más al alcance de la mano, pero ahora les toca dar el do de pecho. Son menos batallas que en el campeonato de la regularidad, aunque también debes rendir en todos los campos, a pesar de que solo sea una vez, para soñar con hacer algo de nuevo grande. Ahí está la gesta de Chamartín, 3-4, que luego dio paso a unas semifinales ante el Mirandés y a un título en la final Para Siempre. O el triunfo en San Mamés en la vuelta de otras semifinales inolvidables cuando se festejó el anterior título en 1987.
Viendo el nivel y la situación clasificatoria de los equipos que había en el sorteo, el conjunto babazorro no es, a priori, de los más complicados. Pero la realidad engaña. Se trata de un adversario de máxima exigencia, en plena racha y crecimiento, que iguala a ilusión sus esperanzas en una Copa en la que ya han eliminado a dos Primeras en Mendizorrotza (Rayo y Sevilla). Y ahí están los sueños muertos que tiene enterrados en el estadio gasteiztarra, donde los que llevan muchos años visitándolo con la txuri-urdin puesta coinciden en que, por una cosa o por otra, la mayoría de las veces por la competitividad local, la Real no ha sido capaz de mostrar su mejor versión. No se le recuerda un partido brillante, rayando su mejor versión, esa que tantas veces nos enamoró en la mejor época de Imanol. Es más, tras la derrota del año pasado, el oriotarra decidió que no continuaba y después de la de este curso Sergio comenzó a enfilar el tortuoso camino de salida, despido mediante.
Matarazzo se ha tomado muy en serio esta competición. El club quiere gloria y sabe que se encuentra a tres partidos de un desplazamiento masivo con la ilusión y el sentimiento por bandera. El técnico reservó a Guedes y a Oyarzabal al ser consciente de que Barrenetxea es seria duda, que Kubo y Zakharyan son bajas seguras y que Wesley todavía necesita tiempo. Pese a que resulte absolutamente inconcebible que haya disfrutado de dos jornadas menos de descanso y con el añadido de haber disputado un partido de máxima tensión como siempre en Bilbao, se espera al mejor equipo de la Real. Con Remiro debutando en esta Copa, Aramburu, Jon Martín y Sergio Gómez. Caleta-Car y Aihen discuten las plazas de los dos últimos. Esta vez podría ser Turrientes el que formara pareja con Soler, con Brais, que al ser otro torneo puede jugar, Sucic o Marín y Guedes por delante y Oyarzabal en punta.
El rival
En Vitoria el equipo ha prendido la llama de la esperanza en la Copa gracias a sus dos victorias seguidas en Liga ante el Betis y en el campo del Espanyol, dos rivales directos para Europa de los realistas. Es más, solo se encuentran a tres puntos en la tabla de su rival. Así que están abiertos a todo aún. Aunque dicen que el equipo se presenta a la cita un poco justo, lo normal es que jueguen la mayoría de los titulares, con Raúl en la portería y su dupla ofensiva habitual, Toni Martínez y Luchas Boyé, en punta como máximos peligro y ya sin su gran extremo Carlos Vicente, que ha sido traspasado al Birmingham.