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La Real vuelve a las andadas en el derbi (1-1)

El equipo txuri-urdin deja escapar dos puntos de manera increíble ante un Athletic menor que apenas le generó peligro pero que al final empató de tanto insistir y que encontró premio tras una roja vergonzosa a Brais

La Real vuelve a las andadas en el derbi (1-1)AFP7 vía Europa Press

No es cuestión de hablar del árbitro. Porque la Real no perdió dos puntos, o mejor dicho regaló, que tiene delito en un derbi, ante el peor Athletic que hemos visto en años. Un equipo menor, incapaz de generarle ocasiones de peligro. Pocos encuentros más tranquilos ha vivido Remiro esta temporada. Sin hacer nada del otro mundo, los blanquiazules dispusieron de cinco ocasiones clarísimas para decantar el duelo, marcar diferencias y ajusticiar a su eterno rival. Pero las falló. Luego llegó la roja a Brais, que es simplemente una vergüenza más de la situación de los colegiados y su manera de aplicar el reglamento, auténticos saboteadores de encuentros. Poco le importa a la Federación este clásico vasco si el que decide mandar para hacer justicia es un incompetente de campeonato, cobarde por naturaleza y casero hasta lograr que el equipo local se agarre a cualquier clavo ardiendo.

Hoy en día, con la tecnología del videorbitraje es sencillamente lamentable que se expulse a un futbolista por lo que hizo Brais. Y con esto nadie está defendiendo al gallego, que no tiene perdón. Primero, estaba enfadado porque quería irse. Ahora parece que lo está porque juega Sucic. Y su reacción inmadura en un estadio en el que estamos acostumbrados a que le piten cosas extraordinarias y sonrojantes a la Real, no tiene ninguna justificación posible.

Con diez, la Real se replegó aún más y en la única acción de mérito individual del Athletic, en el minuto 87, Galarreta hizo el empate privando a los realistas de dos puntos clave.

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Matarazzo parece recuperar la misma sensación que se tenía con Imanol. En sus encuentros te das cuenta pronto de que la Real parece mejor y que lo normal es que acabe llevándose los tres puntos. Saltaba a la vista y la comparación de oportunidades era evidente. Uno atacaba con veneno y el otro con balas de fogueo. Valverde, que es más zorro que nadie, disparó con bala la víspera al intentar hacer daño cuando manifestó que no veía apenas diferencias entre la actual Real y la de Sergio. Y quizá no le falte mucha razón.

Pero vamos a ser realistas, se esperaba mucho más de este equipo, que perdió innumerables balones en transiciones que hubiesen acabado en la cazuela ante cualquier Athletic de otros años. Un equipo con pocas ideas, sin apenas control del juego y del partido, que creaba peligro casi por inercia las pocas veces que encadenaba tres o cuatro pases. La oportunidad que dejaron escapar no tiene perdón. Las cosas como son. Mucho tiempo saliendo todo de cara y simplemente podía suceder. Era cuestión de tiempo. 

La sorpresa de Marín

Matarazzo estaba preparando algo especial para el derbi. El americano lo coció el miércoles en su primera visita a San Mamés, donde pudo estudiar de primera mano al eterno rival. Un anfitrión que, esté como esté, siempre te hace los partidos muy incómodos. Incluso resulta complicado ser uno mismo, mantener tu estilo, intentar mandar y dominar… Ser uno mismo. Y el técnico lo tenía claro y apostó por un once con un 4-4-2, que por momentos era un 4-3-3 con Pablo Marín adelantado.

El riojano fue la sorpresa del once, además de Sucic, que sentó a un Brais que muy contento no estará con su situación. Sorprendente su entrada cuando es un futbolista de mucha calidad pero frío, que muchas veces parece no tener la habitual pasión balcánica para sentir un derbi. El resto, los esperados, con Sergio Gómez en lugar de Aihen Muñoz. Enfrente un Athletic con dudas y con la reaparición inesperada de Nico Williams.

¿Quién ha sido el mejor contra el Athletic?

El primer tiempo fue el esperado. La Real intentaba dominar, con un Athletic que no le dejaba, que mordía en los duelos y que incluso robaba en posiciones adelantas con el consiguiente peligro, a pesar de que apenas hubo que lamentar sustos importantes. En cambio, la Real atacó poco, pero cuando lo hizo generó mucho peligro. A los cuatro minutos, Guedes dejó solo a Pablo Marín, aunque su disparo telegrafiado lo rechazó Unai Simón y, en el balón suelto, Areso salvó a la heroica el gol cantado de Oyarzabal. 

A los 20 minutos, Jon Martín cabeceó un córner de Carlos Soler y el meta se adornó en la estirada, aunque, pasada la media hora, Sergio puso otro centro de falta y Guedes, solo de cabeza, se topó con otra estirada milagrosa del internacional. En el saque de esquina, Soler tocó para el luso y el remate de este se coló pegado al palo como el que privó al Athletic de una final de Copa con el Valencia. El primer tiempo acabó con dominio y control de la Real y sin ninguna intervención de Remiro. Con un Nico Williams en un estado inquietante. Aunque todos sabemos lo que pasa en este campo. Nunca hay que confiarse y menos en este escenario y frente a este rival. Que nos conocemos.

 El Athletic intentó sin mucho éxito salir con fuerza en la reanudación. Querían, pero no podía. Los realistas, que no son precisamente la defensa más convincente de esta Liga, no tenían ningún problema en resistir sin que Remiro interviniera. Tras un disparo lejano fuera de Paredes, Oyarzabal estuvo a punto de silenciar San Mamés con una jugada espléndida en la que dejó sentado en el suelo al central, pero, con todo a su favor, lanzó el balón fuera. 

El Athletic insistía e insistía, pero no se acercaba al gol. La Real le cedió demasiados metros y, los que conocemos lo que suele suceder en este campo, éramos plenamente conscientes de que iba a llegar su momento. El empujón definitivo se lo dio Cuadra Fernández, un colegiado de ínfimo nivel, malo, tendente a ser protagonista en un derbi en el que no estaba pasando casi nada. Izeta rozó el empate con un chut cruzado, Galarreta empató en una buena internada, al aprovechar el bloque bajo de los realistas, y Remiro evitó el triunfo con una gran parada a disparo de Paredes.

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Y se acabó. Insistimos, todo le estaba saliendo demasiado de cara a la Real de Matarazzo. Y que quede claro, lo peor no fue la lamentable roja a Brais ante un supuesto león que hizo un teatro patético, lo más grave es que, con todo a su favor, la Real perdonó muchas ocasiones, perdió infinidad de balones, regaló muchos metros y acabó quemada por jugar con fuego. La rabia es enorme. No siempre hay tanta diferencia de nivel individual entre los dos equipos y la Real de Matarazzo, como hizo la de Sergio Francisco en varios encuentros hasta que fue despedido, regaló dos puntos que no son cualquier cosa. Son los que más duelen del curso. La frustración y el malestar están a la altura del reto que parecía suponer volver a ganar en Bilbao. Pero ya sabemos todos lo que sucede en este escenario… En ocasiones ves muertos y los resucita cualquiera en un momento determinado. Esta vez fue una roja inexplicable. La rabia es enorme. Un punto de amargura.