Increíble pero cierto. La Real se ha llevado los tres puntos más importantes de lo que llevamos de temporada en un campo maldito como el de Getafe gracias a un tanto en el minuto 96 que le permite equilibrar gran parte de las desgracias que ha sufrido en este campo. Es más, la vida parecía seguir igual después de que, tras perdonar lo indecible, una vez más, en una ocasión absolutamente residual, un balón largo de falta, botado por Milla diez metros más adelante de lo que se había producido la supuesta falta de Caleta-Car, acabó en el empate de Juanmi, que parecía sumir en una depresión complicada de superar a los blanquiazules. Encima un exrealista, que llevaba muchos meses sin ver puerta. Un rejón reincidente como el que se encajó en otro estadio cruzado como el del Levante, que destrozó las ilusiones de Jon Ansotegi en su estreno liguero en el primer equipo como interino.

En segundos se pasó del no es posible que se repita la misma historia a la gloria del triunfo gracias a un cabezazo de Aramburu al saque de esquina de Kubo. Aunque parezca mentira, el clásico tanto que cambia tendencias a lo largo de una campaña. A partir de mañana quizá se pueda comprobar mejor el cambio que es evidente que está experimentando el equipo y que debió plasmar con un triunfo mucho más solvente después de haberse puesto por delante en la única ocasión que dispuso en la primera parte. Un tanto por fin a balón parado que se celebró como si fuera un título. Y el que diga que se exagera que vea las imágenes de cómo se retiró Mikel Oyarzabal del campo, en la mejor demostración de lo mal que lo está pasando un bloque de mucho más nivel del que se está viendo y de la situación que están soportando.

Matarazzo declaró la víspera que no era cierto que había acabado satisfecho con el partido ante el Atlético porque básicamente no habían ganado. En su declaración pareció jugar al despiste (empieza pronto) porque tan disgustado no debía estar cuando decidió repetir el mismo once a pesar de recuperar a dos pilares imprescindibles para su antecesor como Zubeldia y Gorrotxategi. Especialmente inesperada y sorprendente fue la suplencia del azkoitiarra cuando más se necesitan futbolistas con capacidad de liderazgo y con pleno conocimiento de los peligros que les acechan en los distintos puertos que visitan. Aunque lo realmente imprevisto por casi nadie fue la nueva titularidad de un Caleta-Car que sigue sin hacer ni el más mínimo mérito para borrar la lamentable imagen que está ofreciendo desde que aterrizó en Zubieta el pasado verano. Esta vez el Getafe no era tan fiero, ya que, a pesar de “jugarse la vida en el encuentro”, como manifestó su entrenador, contaba con muchas bajas tanto en el eje de la zaga como en la delantera. 

49

Las mejores jugadas del Getafe-Real: ¡triunfo a la épica! EFE

La primera parte fue insoportable. Nos habíamos olvidado lo que es visitar al Getafe en su estadio. El nivel acabó siendo impropio de la Primera División, con un anfitrión jugando a la defensiva hasta el punto de poner un autobús delante de su portero y un visitante dominante incapaz de generar ocasiones para marcar. Nada nuevo bajo el sol. Simplemente lo esperado. Y con un tema clave para que los getafenses pudieran llevar a cabo su plan, la complicidad de un colegiado que no paró de castigar faltitas en las exageraciones de los jugadores azules. Algunas de vergüenza ajena.

La realidad es que el Getafe se replegó bien con un 4-5-1, sin dejar opciones para encontrar vías hacia su portería; y la Real, incómoda pese a su dominio y su supuesta superioridad, sin lograr generar oportunidades para marcar. Los minutos fueron pasando y la única opción local fue un cabezazo de Mestanza que se escapó fuera.

En el minuto 35, Brais, que llevaba un primer acto lamentable, sin parar de perder el equilibrio, cazó un balón suelto y anotó el 0-1. Un verdadero tesoro visto lo visto para una Real que estuvo a años luz de tener la claridad del partido del Atlético. En cierta manera, lo esperado. Cuando se encuentra frente a un contrincante muy conservador, que se dedica solo a defender, le cuesta horrores encontrar huecos para disfrutar de ocasiones para marcar. En el descuento, Iglesias probó desde lejos a Remiro.

¿Quién ha sido el mejor realista en Getafe?

  • 2
  • 29
  • 0
  • 8
  • 117
  • 59
  • 7
  • 178
  • 1
  • 43
  • 1
  • 0
  • 2
  • 8
  • 6
  • 49

Mejor, imposible

Al descanso, 0-1. Mejor, imposible, si se tiene en cuenta que la Real no tuvo ni ritmo, ni inspiración, ni continuidad, ni fiabilidad, ni la calidad que se le presupone en sus mejores jugadores, que iban pasando, una vez más, inadvertidos por el Coliseum. Desde luego, como para no estar tranquilos de cara a la segunda parte. 

En la reanudación, la Real dio un paso adelante y comenzó a robar balones en campo contrario, lo que le permitió no parar de provocar oportunidades más o menos claras para sentenciar la contienda. Se dice rápido y pronto, pero Guedes, Soler, Oyarzabal, en varias opciones, sobre todo tras un error de Rico, Sucic y Barrenetxea, en un par de ocasiones, estuvieron muy cerca de lograr la segunda diana que sentenciara el duelo de forma merecida, sobre todo por la indiscutible superioridad ante un adversario menor. El caso es que a esta Real le cuesta plasmar en el luminoso cuando se impone a su adversario y, en cambio, sufre demasiado cuando su rival reacciona.

Juanmi, nada más entrar, y Arambarri, en un cabezazo, provocaron que todos recordáramos episodios dramáticos padecidos en este mismo escenario. Oyarzabal, en otro par de acciones, e incluso Aramburu, que ensayó su gran momento desde que está en el primer equipo, volvieron a acercarse al segundo tanto, pero en la única jugada que dispusieron los locales para poner la pelota en el área, como ya sucedió en Vallecas en el último minuto, Arambarri, el hombre más vigilado, prolongó y Aramburu se comió el desmarque de Juanmi, que todos sabemos que no suele perdonar este tipo de ocasiones. Aramburu evitó otra gran tragedia en una de las mayores alegrías de la temporada gracias a su testarazo en el 96’.

Te puede interesar:

Una victoria sin contundencia, ante un contrincante inferior, con un susto de órdago, pero un subidón de los que suelen significar un punto de inflexión para lo que resta de curso. Esta Real no está para seguir jugándose la vida sin ninguna fiabilidad casi todos los fines de semana. Ha llegado la hora de dar un definitivo paso adelante y situarse en el vagón que merece el evidente talento de este plantel.