Real Sociedad | Entrevista a Philippe Montanier, entrenador del Toulouse: "Este oficio se aprende poco a poco: mira a Imanol, mira a Xabi Alonso..."

14.07.2021 | 16:17
Montanier, durante el partido del martes contra el Sanse.

Desde que saliera de la Real Sociedad, en verano de 2013, Philippe Montanier (Vernon, 1964) ha vivido diversas experiencias en los banquillos. Rennes, Nottingham Forest, Lens y Standard de Lieja han tenido al francés como técnico, una lista a la que desde la temporada entrante se suma el Tolouse. Se trata de un histórico del campeonato galo que no atraviesa su mejor momento: descendido a segunda en 2020 sin que terminara la liga, al darse por definitiva la clasificación previa a la pandemia, el conjunto morado busca regresar a la élite tras la fallida promoción del pasado mayo. Sus dirigentes han confiado el equipo al expreparador txuri-urdin, quien este martes conversó con NOTICIAS DE GIPUZKOA en Tarbes, tras el amistoso frente al Sanse (victoria 2-1 de los potrillos).

Ocho años ya desde que dejara de ser el entrenador de la Real. ¿Cómo le va?
–¿Ocho años? Pues sí, tienes razón. ¡Cómo pasa el tiempo! Demasiado rápido...

Salió del club tras clasificar al equipo para la Champions. Y durante este tiempo le ha faltado siempre muy poco para protagonizar nuevos éxitos...
–Así ha sido. En 2014, solo un año después de aquella cuarta plaza en Riazor, jugamos con el Rennes una final de copa frente al Guingamp, perdiéndola 2-0. Y en 2019, con el Lens, se nos escapó el ascenso a primera en la final de la promoción, contra el Dijon. En situaciones como estas, lo que marca a menudo la diferencia es contar con un gran futbolista. Pero ni en Rennes ni en Lens tenía, tomando el ejemplo de aquella Real, a un Carlitos Vela o a un Antoine Griezmann.

Siguiendo con los 'casis' de su carrera, casi dirige a un equipo de Liga de Campeones en la temporada 2013-14.
–Es cierto que son muchos casis. Pero hablamos también de bonitas aventuras. Todas lo han sido.

¿Se arrepiente de algo en lo que concierne a su adiós en la Real?
–No. Para nada. Las cosas se dieron como se dieron y ya está. C'est la vie, que decimos en Francia.

¿Y cómo se dieron? Le escuché una vez lamentar, en la televisión gala, que la oferta de renovación de la Real fue "a la baja".
–Sí. Pero me refería sobre todo a la duración del contrato que me ponían sobre la mesa. Implicaba renovar por una sola temporada, cuando yo quería un acuerdo más extenso. El presidente tenía otra visión de la situación y yo la respeto. De hecho, seguimos manteniendo una muy buena relación.

Le relevó en el cargo Jagoba Arrasate, miembro de su staff técnico durante la temporada previa. ¿Conoce su éxito en Osasuna?
–Sí, sé qué le va bien y no me sorprende en absoluto. Se veía que Jagoba tenía las capacidades necesarias para ser un gran entrenador. A partir de ahí, siempre hay que dejar un tiempo para que dichas capacidades se desarrollen. Y a él la oportunidad en la Real quizás le llegó demasiado rápido. Mira a Alonso, que por el momento dirige y aprende en el Sanse...

¿Qué tal la experiencia de tenerle en el banquillo de enfrente?
–Xabi era un futbolista que me encantaba y es, sobre todo, una buena persona. Creo que el modo en que está construyendo su carrera como entrenador resulta muy inteligente. Por muy buen jugador que hayas sido, el oficio de técnico se aprende poco a poco. Mira a Zidane, que empezó como adjunto y luego dirigió al Castilla, antes de pasar al primer equipo del Madrid. Xabi está haciendo algo similar, con lo que demuestra mucha personalidad.

El actual técnico, Imanol Alguacil, también fue subiendo escalones desde la cantera.
–Claro. Recuerdo que, cuando yo entrenaba a la Real, Imanol era el técnico de los juveniles. Y me satisface enormemente que un preparador que está triunfando en el club proceda de la base. Es bueno para el propio club y para Gipuzkoa, porque genera una identidad muy fuerte en el equipo y en la misma institución.

¿Qué recuerdos le quedan de aquellos dos años en Donostia?
–Buenísimos. Conservo lazos muy fuertes con el propio club y con personas al lado de las que trabajé, jugadores incluidos. Hablo a menudo con varios. Y sé que ellos mismos se reúnen en cuanto pueden. En la Real viví una muy buena experiencia deportiva. Y también una muy buena experiencia en lo humano.


¿Con qué futbolistas mantiene el contacto?
–Pues por ejemplo me llamó en su día Alberto De la Bella para pedirme información sobre un club. Cuando voy a Donostia suelo hablar con Xabi Prieto o con Markel Bergara. Y también con Mikel Aranburu. Pero mis gratos recuerdos se extienden a todos los jugadores con los que coincidí. Eran grandes futbolistas y grandes personas.

¿Nos ha visitado muy a menudo durante este tiempo?
–Ahora hace dos años que no voy, por las circunstancias generales. Pero siempre que puedo me escapo, una o dos veces por temporada, aprovechando los parones internacionales para partidos de selecciones.

¿Siente cuando viene que parte del éxito actual de la Real se debe también a su obra aquí? Cuando usted llegó en 2011, cambiaron muchas cosas en el club a nivel futbolístico.
–No lo sé, no me atrevo a decir tanto. Pero es un hecho que, con mi aterrizaje en la Real, cambiaron muchas cosas en el club. Abrí la puerta a futbolistas jóvenes como Iñigo Martínez o Asier Illarramendi, que tenían muchísima calidad pero no disfrutaban de oportunidades. Recuerdo un partido contra el Espanyol para el que estaba lesionado Claudio Bravo y en el que la titularidad de Zubikarai nos llevó a formar con diez canteranos en el once más Alberto De la Bella. Pienso que fue algo que los técnicos del club apreciaron y que por eso se ha seguido el mismo camino desde entonces.

Yo me refería principalmente a la idea de juego del equipo.
–Sigo a la Real y sus resultados, pero no puedo ver todos sus partidos ni los de la Liga española, así que tampoco podría opinar mucho en este sentido.

Se lo decía porque su incorporación pareció suponer un primer giro hacia ese fútbol moderno que ahora practica la Real.
–Pues insisto en que no te puedo analizar esto con exactitud. Pero parece obvio que el juego cambia y evoluciona, y que ante esto no queda otra que adaptarse. Sucede en todos los ámbitos de este deporte. Por ejemplo, en el cultural. Yo en esta plantilla del Toulouse tengo a futbolistas de doce nacionalidades distintas. Casi hablo más inglés que francés. Pero esto no creo que suceda en un club con el arraigo que tiene la Real, con esa tradición de cantera de la que hablábamos ahora.

¿En qué otros ámbitos piensa que ha evolucionado el juego?
–Bueno, luego está el asunto de la tecnología, ¿no? Los datos, las estadísticas, los GPS... Ahora los entrenadores manejamos dosis de información muy abundantes, y nos toca adaptarnos a los nuevos tiempos para gestionar esas estadísticas de la mejor forma posible.

Durante su etapa en Donostia siempre ensalzó la importancia de la técnica en este deporte. ¿Ahora pesa más la táctica?
–La técnica y la táctica son muy importantes. Pero la técnica puede resolver muchos problemas tácticos.

Supongo que todo esto tratará de aplicarlo en su nuevo equipo, el Toulouse. ¿Cómo se presenta la temporada?
–De momento la preparación marcha bien. Hemos perdido en el mercado a algunos futbolistas importantes, y de momento contamos con un equipo muy joven. Estamos a la espera de cerrar varios refuerzos para lograr un grupo más sólido, pero la base con la que cuento ya es muy buena.

¿Ascender es el único objetivo?
–Por supuesto. El Toulouse estuvo muy cerca de lograrlo la temporada pasada. Yo creo que mereció subir, pero terminó cayendo en la promoción ante el Nantes. El problema reside en que la segunda división francesa es muy dura. De inicio hay diez clubes que se plantean ascender, y solo dos lo consiguen de forma directa.

Me hablaba ahora de un "grupo joven". ¿Quizás es pronto para plantearse subir este año y toca en cambio construir mirando al largo plazo?
–No, no, el Toulouse tiene que subir a primera división a toda costa. Y ese es el único objetivo que nos planteamos para esta misma campaña.

¿Desde qué idea de juego?
–Como verías en el partido (el amistoso contra el Sanse), empujar hacia delante y presionar muy arriba va en el ADN del Toulouse. A partir de ahí, hay que conseguir también un buen dominio técnico del balón. Ese mismo dominio técnico que demostraron los futbolistas de la Real B.

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