A por ellos

[A por ellos] Poderoso Ø

10.07.2020 | 00:51
Martin Odegaard, en el entrenamiento de ayer en Zubieta.

¿saben que si ponen en el buscador de Google la vocal Ø utilizada en las lenguas danesa, feroesa y noruega, y también en el antiguo euskera, lo primero que aparece es el nombre de Odegaard? Bueno, para ser justos con los puristas que llevan defendiendo todo el año que hay que escribir su nombre con pulcritud, Ødegaard. Si hay algo que me corroe por dentro desde esta maldita y torticera vuelta a la competición es el evidente bajón que ha experimentado el noruego. Me duele. Estaba claro que algo pasaba, porque no era ni medio normal su merma (un primo me llegó a preguntar en broma a ver si no se había enganchado a alguna droga en el confinamiento). Algunos ya empezábamos a sospechar que se trataba de una cuestión casi bíblica al más puro estilo Sansón, que perdió su extraordinaria fuerza después de que se dejara engatusar para que le cortara el pelo Dalila.

Como recordarán, Odegaard se rapó la cabeza durante la pandemia. Yo prefiero relacionarlo con Natalie Portman en lugar de con el derrotado y luego recuperado juez israelita antiguo. Cuenta la también actriz Beatriz Rico que le conoció cuando vino a rodar Los fantasmas de Goya. Cenaron por Madrid, incluido el director Milos Forman, y luego se fueron, en un plan especialmente recomendable, de copas por La Latina y Bailén. La asturiana relató así la anécdota que le sucedió con Portman: "Es tan diminuta y perfecta como parece. Muyyyy dulce y discreta, tímida. Tanto, que nadie parecía reconocerla. Recuerdo que llevaba el pelo rapado casi al 0, y yo... le pregunté: ¿Por qué vas rapada, tan rapada? Y ella me contestó sonriendo: Porque así me siento poderosa".

El Odegaard de antes de la pandemia sí que se sentía poderoso. Un futbolista de talla y clase mundial, de nivel Champions, que marcaba las diferencias con el aroma de un 10 de toda la vida. El clásico mediapunta fino y talentoso, el necesario violinista que endulza y da brillo a la música de una orquesta. Dicen sus compañeros que desde el primer día estaba tirando caños en Zubieta. Muchos admiten que no le conocían realmente, pero que con un entrenamiento fue suficiente para entender que era un auténtico fichajazo (no digo el mejor, porque ese tengo muy claro que es el de Isak, por el que la Real va a ingresar 70 millones el día que se canse de hacer salvajadas como la que firmó ante el Levante).

Pero si hay algo de Martin que nos ha acabado conquistando es el compromiso que ha demostrado desde su aterrizaje en la Real. Es más, varias de sus personas de confianza más cercanas le aconsejaron que aceptara ir al Bayer Leverkusen para jugar la Champions e ir aclimatándose a una competición que será su pan y mantequilla cuando recale en el Madrid. Él lo tuvo claro. No dudó en venir a Donostia, donde estaba convencido de que iba a encontrar la estabilidad necesaria y buscada, y el hábitat perfecto para completar su última etapa de formación siendo una de las estrellas de un candidato a Europa de la Liga española. No de la holandesa, que evidentemente no es lo mismo. Después, a pesar de la presión de la caverna blanca para que regresara al cumplir su primer año de los dos con los que se comprometió con la Real, se mostró tajante. Primero, dejó claro hace mucho ya a los dirigentes y técnicos realistas que no tenía ninguna intención de modificar su hoja de ruta y menos aún de incumplir su palabra. Y segundo, fiel a su personalidad, comunicó al Madrid que quería continuar una campaña más de txuri-urdin. Por mucho que a veces nos sintamos tan grandes como cualquiera, lo que ha hecho tiene un mérito brutal. Que un escandinavo haya aprendido a querer tanto a un club como la Real en tan pocos meses hasta el punto de desafiar al Madrid y a la prensa que cubre la información del equipo simplemente nos tiene que emocionar. Insisto, no estamos hablando de una perla de Tolosa de 21 años, del que se habla en la Liga y en el extranjero. Es un chaval de Drammen que lo único que sabría antes de aterrizar por primera vez en nuestro fútbol serían cosas del Real Madrid y del Barcelona.

Lo de Odegaard no es normal. Su caso perdurará para siempre como el ejemplo de lo que significa una buena cesión. Aparte del matrimonio de conveniencia firmado del que todos sacan beneficio, luego se encuentra la actitud de cada futbolista. Se puede ser como Theo y casi seguir actuando como si fuera jugador del Madrid mientras viste la camiseta de nuestros amores o se puede ser Odegaard, al que adoran todos en Zubieta. En el partido ante el Espanyol, cuando todos sabían que lo está pasando fatal y acababa de pasar una revisión en la rodilla al sufrir una lesión muy incómoda y dolorosa, se pasó el descanso calentando para sustituir a Januzaj para luego recorrer el camino al campo de forma inversa chocando y animando uno a uno a todos sus compañeros. Dejando muy claro que estén tranquilos, que él va a dar hasta la última gota de sudor y de sangre para lograr un objetivo que ya corre serio peligro. Insisto, no es normal.

Por este motivo me da un poco de rabia que note como si parte de la afición no parezca tener la suficiente paciencia con él y no recuerde el excepcional nivel que ha demostrado anteriormente dirigiendo la más sublime sinfonía coral que se ha escuchado en la Liga. Les resumo su partido en La Nucía. No paró de pedir la pelota, no se escondió en ningún momento, no le salían las cosas hasta el punto de patinarse con la pista de atletismo al ir a recoger un balón y siguió insistiendo. Probablemente, con dolor en una rodilla y sintiéndose físicamente de la misma manera que nos encontraríamos cualquiera de nosotros jugando un partido en la Laponia noruega en enero. Porque las condiciones en las que se está jugando ahora rayan lo inhumano.

El otro día leí un reportaje del Papu Gómez, futbolista argentino del Atalanta. Cuando estaba en las categorías de Independiente, su tío le aconsejó que fichara por su modesto vecino Arsenal de Sarandí porque "iba a destacar más". Acertó de pleno. Incluso le hizo campeón de la Copa Suramericana en 2007. Después, ya en Europa, recaló en Ucrania, donde le pegaban tres veces más que en el Catania y a los pocos días de firmar expulsaron de la Champions a su club, el Metalist Jarkov, por amaño de partidos. Incluso luego le pilló allí la guerra con Rusia. Ejemplos de elegir bien o mal. Creo que Martin está muy bien asesorado y sabe que donde va a destacar más todavía va a ser en la Real. Incluso también puede hacerle campeona. Por eso se queda. Y viéndole jugar y sufrir, con esa personalidad arrolladora, recuerdo un vídeo de Maradona cuando era el Diego del pueblo, delgado y triunfal, en el que declaraba con esa cara de revirado ante una cámara: "Me gusta ser Diego, el pelusa, un hijo de puta, normal, ignorante€ Me gusta ser como soy". A nosotros nos encanta cómo eres, Ødegaard. Poderoso. Eskerrik asko por tanto. Sobre todo por amar a la Real. ¡A por ellos!