Muere Ángela Murillo, jueza de 'Bateragune' que espetó a Arnaldo Otegi "a mí, como si bebe vino"
La magistrada participó en el macrosumario 18/98, en el de Bankia o en procesos contra Al Qaeda
La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad, han confirmado a la agencia Efe fuentes de este tribunal.
Ángela Murillo, jubilada desde septiembre de 2024, dedicó 31 años a la Audiencia Nacional y más de 40 a la judicatura, durante los que participó en procesos contra miembros de ETA y protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de la historia de España.
Desde el caso Nécora contra el narcotráfico, al poco de llegar a la Audiencia, a los de las tarjetas black o la salida a bolsa de Bankia (antes Caja Madrid), pasando por los celebrados contra la célula de Al Qaeda en España, el líder de EH Bildu Arnaldo Otegi o el excomisario José Villarejo.
"A mí, como si bebe vino" y la condena de Europa
Juicios que le dieron gran visibilidad a su trabajo, pero también problemas, en algunas ocasiones fruto de su espontaneidad, como cuando la abogada de Otegi, Jone Goirizelaia, solicitó si su cliente podía beber agua en un momento de la vista oral por el caso Bateragune: "A mí, como si bebe vino".
Esa respuesta le costó a España una condena del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) por no haberle garantizado un juicio imparcial.
A raíz de estos rifirrafes con Otegi le surgieron detractores por no haber sabido contenerse, pero también muchos seguidores, y hasta le llegaron a dedicar un club de fans.
El libro que le regaló Arnaldo Otegi
Con todo presumió de haber mantenido una buena relación con el líder abertzale. De hecho conservaba sobre la mesa de su despacho el libro del periodista británico John Carlin sobre Nelson Mandela, El factor humano, que Otegi le regaló con una bonita dedicatoria y que guardaba con cariño porque, como comentó, "lo cortés no quita lo valiente".
Cuando se jubiló, aseguró que no le da pena irse y que sentía la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho siempre lo que le dio "la gana", y se jactó de no haber recibido nunca presiones de ningún tipo: "y que se les hubiera ocurrido...", bromeaba.
Su larga carrera en la judicatura —que comenzó en 1980 en un juzgado de Lora del Río (Sevilla) cuando tenía 25 años—, coincidió en su mayoría con los momentos más sanguinarios de ETA, de la que también ella fue objetivo en 1997 y a la que colaboró a darle la puntilla con el juicio EKIN contra su aparato político, financiero, mediático e internacional.
Sumario 18/98
El proceso, conocido como 18/98, comenzó el 21 de noviembre de 2005 y finalizó el 19 de diciembre de 2007 con la condena de 47 de los 56 procesados por integración o colaboración en banda terrorista. Fue un desgaste mayúsculo para ella, sobre todo en lo personal. Su pareja sufrió una grave operación quirúrgica y murió meses después. No quiso interrumpir el juicio. Presidía la vista y luego por la noche acudía al hospital.
Una vez desparecida ETA, la Audiencia Nacional se centró en mayor medida en las causas de corrupción.
Pionera en la carrera judicial, fue la primera en presidir, en 2008, una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cuarta, que abandonó en septiembre de 2024 al jubilarse tras emitir sus últimas resoluciones.
Una de ellas dirigida a enmendar la primera sentencia del caso Tándem, referido a los negocios de espionaje de Villarejo.