Editorial

Editorial: Emoción sin paréntesis

02.04.2021 | 00:04
La afición y los jugadores realistas celebran en marzo de 2020 el pase a la final en Miranda de Ebro.

Casi toda Gipuzkoa vive pendiente de la final de mañana en Sevilla confiando en un triunfo blanquiazul, pero ni los prolegómenos ni la posible victoria pueden suponer una coartada para incumplir las restricciones anticovid

Un año después de la fecha original y sin aficionados en las gradas. Así se va a jugar este sábado en el estadio de La Cartuja de Sevilla la final de la Copa correspondiente al año 2020. La Real tiene la oportunidad de lograr un título 34 años después de la inolvidable noche de Zaragoza, con el ingrediente añadido de que el partido es ante el Athletic, algo que no ha ocurrido nunca en los más de 100 años de historia del campeonato. Pese a esta inédita circunstancia y al margen de lo que acontezca en el terreno de juego, esta final se recordará porque se va a jugar sin público en las gradas. La pandemia y sus medidas restrictivas se han prolongando mucho más allá de lo que presumían los clubes finalistas cuando acordaron su aplazamiento para garantizar la presencia de los aficionados. Una anomalía que está desnudando el afán puramente mercantilista que mueve a los poderes que organizan el fútbol, como si la conexión con el entorno social y el factor emocional que vincula a los clubes con sus aficionados fueran un mero decorado necesario para engordar el fabulos o negocio que la pandemia está poniendo en entredicho. Pero la pasión que alimenta el fútbol y más aún en citas como la de mañana no puede ser una coartada para, al calor de la final o si, como todo esperamos, se produce la victoria tantos años perseguida, abrir un paréntesis en la delicada situación sanitaria que todavía sufrimos. Cumplir con las normas anticontagio sigue siendo una responsabilidad de todos, también de los aficionados en este tiempo de final de Copa. Por lo demás, para la Real la cita de este sábado es el merecido premio a la trayectoria iniciada con el regreso a Primera División hace más de diez años y la consecuencia de un trabajo ambicioso en lo deportivo y en lo social que está sostenido en una economía que tiene que saber leer las incertidumbres que ha traído el covid. La final también es un éxito del fútbol guipuzcoano, de esa enorme estructura formada por un equipo humano de directivos, técnicos y voluntarios, con escasa recompensa y mucho sacrificio, que proporciona a la Real los mejores jugadores que se forman en las categorías inferiores y que sabiamente combinados con fichajes de valor han armado un equipo que este sábado tendrá la oportunidad, en un derbi que será histórico, de volver a emocionar a su gente.