Desconcertados
hay una izquierda que se siente muy cómoda enfrentándose a los críticos del régimen de Maduro que moran su exilio en Miami o en el barrio de Salamanca de Madrid
A raíz de las amenazas de Trump a Groenlandia y su actuación en Venezuela, anunciábamos la semana pasada que sobre Nicolás Maduro hablaríamos en otra ocasión.
Sendas entrevistas ofrecidas por Gabriel Boric y Gustavo Petro días atrás a un diario español me hacen adelantar los planes. El presidente chileno en funciones no tiene pelos en la lengua a la hora de calificar al régimen de Maduro como una dictadura. Amén de otros motivos teóricos e ideológicos, añade que para él lo más significativo es el éxodo de siete millones de personas. Siendo como es uno de los principales referentes de la izquierda de aquel continente, culmina Boric su reflexión con una frase redonda: “La izquierda que solo culpa al adversario está condenada a diluirse”.
Otro líder izquierdista que expresa reflexiones interesantes es el actual presidente colombiano, quien durante los últimos tiempos ha tratado de intermediar entre Caracas y Washington. Para muestra un botón: “La posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía”.
Más lejanas en el tiempo son las proclamas críticas del admirado Pepe Múgica. También a él le parecía Maduro un dictador que, además, está loco como una cabra. Insistía en que en Venezuela no hay respeto elemental a la oposición. Tanto el fallecido expresidente uruguayo como los otros dos dirigentes citados se revolvían –se revuelven– contra aquellos que afirman que Maduro representa(ba) la continuidad del chavismo. “Maduro revolcó al chavismo”, decía categórico Múgica.
Ciertamente, hay una izquierda que se siente muy cómoda enfrentándose a los críticos del régimen de Maduro que moran su exilio en Miami o en el barrio de Salamanca de Madrid, pero que enmudece desconcertada cuando muchos de sus referentes alzan la voz contra regímenes dictatoriales de su (en teoría) espacio ideológico, demostrando así que ello no es incompatible con criticar, protestar, luchar contra las ansias imperialistas de agresores externos. Es más, es lo coherente.
