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Animales de Compañía II: cuidar, convivir, acompañar y compartir

“No entrenamos perros; acompañamos a las familias para lograr una convivencia equilibrada”

La educación canina respetuosa y amable propone un cambio de mirada en la convivencia con los perros: entender sus necesidades emocionales, comunicarse con ellos y trabajar el origen de los conflictos, más allá de la obediencia

“No entrenamos perros; acompañamos a las familias para lograr una convivencia equilibrada”N.G

A menudo, cuando un perro muestra una conducta “problemática”, la respuesta habitual pasa por corregirla: sentarse, obedecer, dejar de ladrar o caminar sin tirar de la correa. Sin embargo, en los últimos tiempos ha ido ganando peso un enfoque distinto, conocido como educación canina respetuosa o amable, que propone mirar más allá de la conducta y centrarse en lo que hay detrás. Desde Akan, centro de educación canina, enfatizan que “la conducta del perro no es el problema, es la forma en la que nos está diciendo que algo no va bien”.

La educación canina amable se apoya en pilares como el respeto, la confianza y la comunicación bidireccional entre perro y tutor, así como en la satisfacción de las necesidades biológicas y emocionales del animal. “Partimos de entender que el perro es una especie diferente a la nuestra, que se comunica de otra manera y que tiene necesidades físicas y emocionales distintas”, explican los profesionales de Akan. El objetivo no es entrenar al perro para que obedezca, sino ayudar a las familias a construir una convivencia equilibrada y satisfactoria para ambas partes.

Perro en un jardín.

No se trata de adiestrar

Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, adiestramiento y educación canina no son lo mismo. El adiestramiento se centra en enseñar al perro a ejecutar determinados comandos —sentarse, tumbarse o acudir a la llamada— y puede resultar útil para perros de trabajo, de asistencia o de competición. “En cualquier caso, el objetivo es que el perro obedezca al tutor realizando las conductas que este le pide”, señalan.

"La conducta del perro no es el problema, es la forma en la que nos está diciendo que algo no va bien”

La educación canina amable, en cambio, no busca la obediencia como fin, sino la comprensión. Frente a un enfoque conductista que se limita a modificar o sustituir conductas consideradas no deseadas, este modelo entiende que esas conductas son síntomas. “Nos centramos en buscar y trabajar el origen del problema que motiva al perro a comportarse así, porque resolviendo el origen, el síntoma tiende a desaparecer”, revelan.

Cuando una familia acude a centros como Akan por un problema de conducta, el primer paso no es intervenir directamente sobre el perro, sino analizar qué está ocurriendo. El proceso comienza con un cuestionario que permite recoger información sobre el animal, la familia y su contexto. Después, se realiza una primera valoración, generalmente a domicilio. “Nos ofrece una imagen más completa de las circunstancias reales y nos permite adaptar mejor el plan de trabajo”, explican.

Con esa información, se diseña un plan completamente personalizado. En la mayoría de los casos, el trabajo comienza con sesiones individuales, aunque también se ofrecen sesiones grupales cuando el perro necesita adquirir herramientas sociales o cuando las familias quieren seguir aprendiendo en grupo. Todo el proceso es ágil y, desde el primer contacto hasta el inicio de las sesiones, no suelen pasar más que unos días.

Por otra parte, el asesoramiento preventivo es uno de los servicios más demandados y está dirigido tanto a familias que acaban de adoptar un perro adulto como a aquellas que van a convivir con un cachorro por primera vez. “No hay límites de edad. La educación canina amable se adapta a cada etapa”, subrayan. Entre los beneficios más destacados están el fortalecimiento del vínculo, la detección temprana de problemas y una mayor calidad de convivencia. “También fomentamos la independencia de los tutores, para que no dependan siempre del profesional y tengan herramientas propias”, explican.

Una perra con mucho miedo

Como ejemplo de lo eficaz que es este tipo de educación, en Akan explican el caso de una perra pastor de nueve meses que llegó a una familia tras ser descartada por un criador debido a un problema de salud. Al llegar a su nuevo hogar, la perra mostraba miedo intenso a casi todo, bloqueos frecuentes y comportamientos agresivos hacia las personas, aunque no hacia otros perros. Ese detalle fue clave para el trabajo posterior.

El objetivo principal fue reducir sus niveles de estrés y su impulsividad. Para ello, se diseñó un proceso individualizado, con exposición controlada a estímulos como ruidos, coches o personas, y con el apoyo de otros perros previamente seleccionados por ella. “Eran perros con buena relación con los humanos y eso fue lo que le enseñaron. Hay cosas que los humanos no podemos enseñar a los perros”, constatan.

“Nos centramos en trabajar el origen del problema que motiva al perro a comportarse así, porque resolviendo esto, el síntoma tiende a desaparecer”

Tras completar esta fase, la perra pasó a sesiones grupales cuidadosamente planificadas. “Todo está muy calculado. No la mezclamos con estímulos que le generen más miedo”, señalan. Hoy, esta perra mantiene una relación sana y respetuosa con su familia humana y ha pasado de tener graves problemas conductuales a ayudar en la educación de otros casos complejos.