A finales de 2024, la joven emprendedora Amaia Larrañaga decidió poner en marcha su peluquería canina en Eibar, Larra. Con apenas un año de recorrido, su negocio es todavía joven, pero refleja una tendencia cada vez más visible: la peluquería canina como una salida profesional que va mucho más allá de la estética y que conecta directamente con el bienestar y la salud de los animales.
“Aparte de que me gusten los animales, quería probar con algo diferente”, explica Amaia sobre su decisión de apostar por este sector. En un contexto laboral complejo, abrir un negocio propio no era el camino más sencillo, pero sí uno que le permitía desarrollar un trabajo con contacto directo con los animales. Antes de emprender, realizó un curso de seis meses en el centro Artero, una formación especializada que le permitió adquirir las bases técnicas necesarias para ejercer la profesión.
Más allá de la formación reglada, Amaia subraya que la peluquería canina exige habilidades personales que no siempre se enseñan en un aula. “La paciencia y la empatía son fundamentales. Al final estamos tratando con animales que tienen miedos y no pueden expresarse hablando”, señala. Muchos de los perros que llegan a su establecimiento lo hacen nerviosos, desconfiados o con experiencias previas negativas, lo que obliga a adaptar el ritmo y la forma de trabajar a cada caso concreto.
“No es solo estética; Un manto limpio y bien cuidado evita dolor, infecciones y problemas de piel”
La confianza del animal es, de hecho, uno de los pilares de su trabajo diario. “No es algo fácil de conseguir cuando un perro ya ha tenido malas experiencias. Hay que darles su espacio e intentar no agobiarles”, explica. Frente a prisas o procedimientos estandarizados, Amaia defiende la calma y el respeto como herramientas básicas. “No es solo que el perro se vea bonito, sino que se sienta bien, tranquilo y cómodo”, resume.
Evitar problemas de salud
Ese enfoque conecta directamente con su manera de entender la peluquería canina como un servicio de salud preventiva. “No es solo estética”, insiste. “Un manto limpio y bien cuidado evita dolor, infecciones y problemas de piel, especialmente en razas propensas a los nudos o con piel sensible”, añade.
El cuidado de uñas, oídos y patas también tiene un impacto directo en la calidad de vida del animal. Unas uñas demasiado largas pueden afectar a la pisada y a la movilidad, mientras que una higiene adecuada de oídos ayuda a prevenir infecciones recurrentes. Además, durante las sesiones de peluquería se detectan a menudo bultos, heridas o irritaciones que pasan desapercibidas en el día a día. “Muchas veces somos las primeras personas en ver que algo no va bien”, explica.
Valorar antes de emprender
Emprender siendo joven y en un sector poco visible no está exento de dificultades. “No te lo ponen nada fácil, las cosas como son. Para poder abrir un negocio te encuentras con muchos obstáculos por el camino, y empezar cuesta mucho”, reconoce. Aun así, la satisfacción personal compensa el esfuerzo. “Llegar a casa con la sensación de haber hecho bien tu trabajo y ver que los clientes salen contentos y con ganas de volver es lo que más me llena”, afirma.
Para quienes estén valorando este camino profesional, Amaia señala que “es un trabajo muy bonito”, aunque matiza que emprender no siempre es la primera opción más recomendable: “Tal y como está la situación, quizá es mejor empezar trabajando para otra persona, aunque sea difícil en este sector. Siempre hay tiempo para emprender y probar más adelante”.