Kanpolibrean

Aplicados

01.11.2020 | 00:52
Xabier Iraola.

el ministerio invita al ganadero a que en lugar del estiércol y purin generado en su propia explotación, emplee fertilizantes inorgánicos

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Como el hámster en la rueda de su jaula ando yo con mis temáticas habituales. Vuelta va y vuelta viene, a toda mecha, pero sin avanzar. Al menos, no lo que yo quisiera. Así, tal y como les informaba hace un par de semanas, el Parlamento Europeo celebró recientemente una votación en Pleno donde, además de otras muchas cuestiones analizó, más allá de su importancia, que la tiene, la posibilidad de que determinados productos vegetales puedan ser etiquetados con términos cárnicos y lácteos.

Pues bien, el Parlamento Europeo decidió dar la espalda al sector ganadero y al mismo tiempo, impulsar los intereses de grandes empresas, incluso cárnicas, mirando más por su cotización que por el bien del consumidor, al permitir que productos vegetales puedan ser etiquetados como hamburguesas, salchichas, steak

Los europarlamentarios que han votado esta opción, en el caso del Estado español los de Podemos, EH Bildu, IU y ERC, deben ser conscientes de que con su voto, además de dar una patada al sector ganadero, han facilitado que empresas cuya estrategia consiste en emular la textura, apariencia, sabor y aroma de la carne real a través de altos niveles de procesamiento y con añadidos tan naturales y saludables como hasta una veintena de ingredientes, colorantes, extractos y conservantes vegetales, se salgan con la suya.

Es el mundo al revés, y como bien resume mi amigo Ignacio López García-Asenjo, auténtico ministro de asuntos exteriores en Asaja, "si las llaman hamburguesas, si parecen hamburguesas, si saben a hamburguesas, si se venden donde las hamburguesas, ¿no será que lo que les apetece es comerse una hamburguesa?".

Lo fastidioso del tema es que los promotores de semejante engaño lo venden como algo natural y saludable que elaboran en bien del consumidor final, pero lo realmente triste es que haya habido alguien en Bruselas que les ha comprado la mercancía engañosa.

Por otra parte y viniendo al escenario estatal, igualmente fastidioso y preocupante está resultando, al menos para el sector ganadero de la cornisa cantábrica, el proyecto de Real Decreto para la nutrición sostenible en los suelos agrarios impulsado por el Ministerio de Agricultura dirigido por el ministro, nuevamente valenciano, Luis Planas.

Este RD pretende, al menos en teoría, dar respuesta una directiva europea que fija los porcentajes de reducción de emisiones nacionales de ciertos contaminantes atmosféricos y, en lo que respecta al amoniaco, plantea una reducción del 30% para el año 2030. Asimismo, responde a la estrategia De la granja a la mesa que establece como meta reducir al menos a la mitad las pérdidas de nutrientes, sin deteriorar la fertilidad del suelo.

El dichoso proyecto de RD contempla todo un procedimiento que, a pesar de que la simplificación de la política agraria sigue siendo uno de los objetivos (inalcanzable al parecer) de toda reforma agraria que se precie, incrementa notablemente la burocracia puesto que parte de un análisis previo de las tierras (con el coste económico que ello conlleva) y plantea la necesidad de contar con un asesoramiento técnico profesionalizado.

Para más inri, en lo que se refiere a la aplicación de abonos orgánicos (estiércol y purín principalmente), introduce una serie de impedimentos que parece toda una invitación formal para que el ganadero, más que utilizar el estiércol y purín generado en su propia explotación, recurra a abonos inorgánicos con todo lo que ello supone.

Por todo ello, todas las organizaciones agropecuarias de la cornisa cantábrica se han posicionado claramente en contra del proyecto, con el propósito de adecuarlo a la realidad orográfica (zona montañosa de fuertes pendientes), climatológica (altas precipitaciones y fuerte humedad), estructural (minifundismo y diseminado), social, etc.

Los implicados buscan lograr que las instituciones, con el Ministerio al frente, asuman el valor fertilizante del estiércol y que es prioritario fomentarlo como fertilizante orgánico de proximidad y evitar, en la medida de lo posible, el uso de fertilizantes inorgánicos. ¿Sabía usted que para la fabricación de los fertilizantes inorgánicos se emite un 3% de gases de efecto invernadero?

El sector ganadero tiene en su propia cuadra la solución al objetivo de mejorar la fertilidad del suelo fijado por la Unión Europea. Déjense pues de poner trabas y, al contrario, incentiven, incluso con ayudas y/o incentivos fiscales, el uso de estos fertilizantes orgánicos de proximidad.

No obstante, más allá del uso de los fertilizantes en sí, creo que es conveniente apuntar, en línea con las organizaciones cantábricas de Asaja, que la prohibición general del uso del método de abanico, plato y cañón para aplicar el purín puede ser una estocada mortal para el sector ganadero de montaña, especialmente para su sector lácteo, conllevando todo ello la progresiva desaparición de explotaciones y con ello, impepinablemente, la deslocalización de la producción lechera desde la cornisa a zonas llanas de la meseta a la que, desgraciadamente, le seguirá el traslado de cooperativas e industrias transformadoras.

A lo dicho, señores del Ministerio, ¡aplíquense!