Los medallistas vascos en los juegos olímpicos.

Los cañonazos de bronce de Iker Romero

19.07.2021 | 00:06
Iker Romero ante los croatas en el partido por el bronce en los Juegos de Pekín. Foto: Efe

El lateral gasteiztarra fue, junto al donostiarra Ion Belaustegi, uno de los pilares del tercer puesto que consiguió la selección estatal de balonmano en Pekín.

dice Iker Romero que no conoce su palmarés particular. Que no sabe cuántos títulos individuales ha ganado. El exjugador gasteiztarra es, aún en la actualidad, el segundo máximo goleador de la selección estatal –con 753 goles en 200 encuentros– y se llevó el premio al mejor lateral izquierdo del Mundial junior de 2001, del Europeo de 2006 y de la Liga Asobal de 2005 y 2006. Es decir, Romero está considerado como uno de los mejores en su puesto, pero él dice ignorarlo. O, al menos, no darle tanta importancia como a los éxitos colectivos. Como a ese oro mundial de 2005, esa plata continental de 2006 o ese bronce de Pekín'08 que, a la postre, supondrían el último éxito olímpico de la selección masculina de balonmano. Y es que el exjugador lo ha ganado todo, pero subirse al podio de los Juegos siempre es un momento muy especial. Sobre todo si eres uno de los pilares sobre los que se sostuvo esa medalla de bronce. De hecho, Romero fue junto al donostiarra Ion Belaustegi la única representación vasca de la selección compuesta por Juan Carlos Pastor. Una selección donde brillaron nombres como Juanín García, Alberto Entrerríos, José Javier Hombrados o un David Barrufet que ya se aproximaba a la salida. Fue, además, un combinado que en apenas un ciclo olímpico fue capaz de ilusionar, puesto que se proclamó campeón del mundo; y de decepcionar, ya que llegó a Pekín tras varios descalabros mundiales y europeos.

Así que España aterrizó en los Juegos de 2008 llena de incertidumbre. Sin saber qué imagen daría. Si la dorada o la embarrada. La lesión del pivote Rolando Ríos y las tardías nacionalizaciones de Rutenka y Sterbik, que no llegaron a tiempo, hacían presagiar lo peor. Y el grupo en el que quedó encuadrada, con Polonia, Francia y Croacia como gallitos, tampoco ayudaba mucho. La selección estatal debutó ante esta última, con un Romero que tuvo que infiltrarse para que el hombro respondiera a sus impulsos. El gasteiztarra, a pesar de los dolores, fue capaz de anotar tres tantos; pero aún así España cayó 31-29. Después llegó Polonia a medir la necesidad estatal. Pero los de Pastor se levantaron con una victoria in extremis (30-29). El duelo ante China fue un mero trámite (22-36) antes de que Francia les volviera a poner en su sitio (28-21). Así que Romero, Belaustegi y compañía se jugaron su presencia en cuartos en el último encuentro del grupo. Ese que les enfrentó a Brasil. Los sudamericanos formaban una potencia emergente que no iba a ponerles las cosas fáciles. De hecho, aprovecharon la debilidad defensiva de los de Pastor para endosarles 35 tantos. Sin embargo, España fue mejor en la fiesta goleadora y terminó con 36.

Pasó a cuartos por los pelos, por lo que les tocó el peor rival de todos. El líder del otro grupo: una Corea del Sur que se había deshecho de Dinamarca e Islandia. Sin embargo, en ese partido resurgió la mejor versión de España. Esa que les llevó al oro mundial de 2005. Y en los últimos dos parciales juntó filas, cerró puertas y erigió a Barrufet como una muralla infranqueable. En los últimos diez minutos, los coreanos solo consiguieron marcar un gol, así que con un 29-24, los estatales se encontraron a dos victorias del oro. Con todo, de nuevo, les volvieron a poner en su sitio. Islandia se marchó de Pekín como la revelación del torneo y como el rival que dejó a los de Pastor sin final. Los nórdicos sonrojaron a la defensa estatal con un 36-30. Así que, por tercera vez, España encontraría su techo olímpico en las semifinales. Por tercera vez, volvería a jugárselo todo por el bronce.

Al podio El azar quiso que el último rival de España fuera el mismo que el primero: Croacia. Es decir, los antecedentes no podían ser peores. Con todo, los estatales parecieron levantarse mejor que el rival del sopapo de semifinales y brillaron con su mejor partido del torneo. Justo en el momento oportuno, la portería fue de nuevo inexpugnable y Romero, con cinco tantos; y Belaustegi, con cuatro, ayudaron a convertir al equipo en una máquina de marcar. El resultado final 29-35, por lo que el encuentro terminó con la selección española subida, de nuevo, al último escalón del podio del balonmano olímpico.

Aún hoy en día, Romero es el segundo máximo goleador de la selección estatal con 753 goles en 200 encuentros

El gasteiztarra, con cinco tantos, y Belaustegi, con cuatro, fueron claves para el triunfo por el bronce ante Croacia

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