La desobediencia civil como una “herramienta contemporánea” para progresar. Ese es el planteamiento inicial que ha utilizado Tanttaka Teatroa para desarrollar Desobedienteak 18/98, una obra que parte del macroproceso judicial que inició el juez Baltasar Garzón y que llega a partir de este jueves al Teatro Principal de Donostia con dos versiones, en euskera y castellano.
“La desobediencia civil ha sido utilizada a lo largo de la historia como herramienta contemporánea para avanzar en derechos y nos parecía muy importante hablar de ello”, cuenta Fernando Bernués, director de la pieza junto a Mireia Gabilondo, quienes encargaron el texto a la dramaturga María Goiricelaya al tener “la sensación de que la capacidad colectiva de respuesta social estaba adormecida”. “Vivimos en una sociedad del individualismo, por lo que las acciones colectivas están desapareciendo. Solo los mayores salen a las calles a protestar por su pensiones”, afirma.
“Vivimos en una sociedad del individualismo, por lo que las acciones colectivas están desapareciendo”
En la obra, Ainhoa, una joven recién doctorada en Ciencias Políticas, debe defender ante un tribunal académico la desobediencia civil como práctica necesaria en las democracias, su tesis doctoral. De este modo, el texto se pivota sobre tres ejes: las aportaciones de teóricos contemporáneas, un recorrido sobre ejemplos a lo largo de la humanidad, y el sumario 18/98 por el que fueron encausadas varias personas pertenecientes a la Fundación Joxemi Zumalabe.
“Está todo ficcionado y los nombres han sido modificados, pero se retrata del calvario judicial por el que pasaron y por el que acabaron absueltos. Por primera vez un tribunal avaló la desobediencia civil como herramienta para el cambio”, relata Bernués, para quien este tema debería estar ahora más vigente que nunca vistos “los tiempos en los que vivimos”. “Lo que pasa también es que la protesta está criminalizada. Solo hay que ver lo que está pasando en EEUU. Aquí tenemos la ley mordaza, que legitima las acciones policiales, así que no es tan fácil articular reacciones colectivas”, argumenta.
La obra busca también reivindicar a aquellas personas que gracias a su desobediencia se convirtieron en símbolos políticos, como Mahtma Gandhi, Martin Luther King o las mujeres iraníes que protestaron contra la prohibición de poder andar en bicicleta. “Aquí tenemos el caso de todos aquellos insumisos gracias a los que se derogó el servicio militar. Mi generación, quizás, no sea consciente de los beneficios que tuvo gracias a otros”, agrega.
El color político
Desobedienteak 18/98 cuenta con Miren Arrieta, Aiora Enparantza, Iñigo Azpitarte, Klara Badiola, Kepa Errati y Omar Somai como intérpretes, quienes se turnan entre la versión en euskera –jueves y viernes– y la de castellano –sábado y domingo–, en un solo escenario, una aula magna en la que la protagonista debe defender su tesis.
“Si te dedicad al oficio del arte y pones por delante el no molestar creo que es muy difícil ejercerlo bien
“Todos los datos que aporta son ciertos y todo se basa en la realidad. Son manifestaciones reales que se han adaptado a la ficción”, cuenta Bernués sobre una pieza con un claro mensaje político, lo que puede condicionar su distribución. “Afortunadamente, tenemos mucho trabajo en Euskadi y no sabemos si saldremos fuera. Es una obra muy difícil se sacar, pero no por el público, sino por el color político de cada Ayuntamiento”, explica.
No obstante, para Tanttaka Teatroa esto nunca ha sido una preocupación, como lo demuestran anteriores trabajos como Los papeles de Sísifo, sobre el cierre de Egunkaria. “Nos interesa hablar políticamente de nuestra historia reciente y a veces tienes algo de miedo por vivir situaciones que no son agradables para nadie, pero creo que nuestra responsabilidad es trabajar en los temas que nos interesan y no en otros más inocuos”, indica el director, al tiempo que pone como ejemplo esta obra de cara a abordar la complejidad: “La desobediencia civil es un tema que no les parece bien a todos mientras otros creen que es necesario”. “Si te dedicas al oficio del arte y pones por delante el no molestar creo que es muy difícil ejercerlo bien”, concluye.